Citas sobre conocimiento + patología — 42 citas

Sobre conocimiento + patología

Se extraviaron en sus pensamientos, y su corazón sin inteligencia se sumió en las tinieblas. Jactándose de ser sabios se volvieron locos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representaban al hombre corruptible, a pájaros, cuadrúpedos y reptiles

Pablo Apóstol Rom 1, 21-23

Por haber cometido una falta contra el Logos, el hombre es considerado naturalmente como privado de logos [es decir, de razón] y similar a los animales

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, I, XIII, 101,3-102, 1

Hay dos clases de ojos: unos se abrieron por el pecado, los otros les servían a Adán y a Eva para ver antes de que aquellos se abrieran

Orígenes Orígenes, Homilías sobre los Números, XVII

[El alma humana] ha sido hecha para ver a Dios y para ser iluminada por Él

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 7

Si queréis creer lo que es más claro -añade, con la intención de reconducir a los pecadores a quienes se dirige al camino del conocimiento verdadero-, debéis creer más a las cosas invisibles que a aquellas que veis con vuestros ojos. Esto parece una paradoja y, sin embargo, es una verdad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

La ignorancia (de Dios) es la enfermedad del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

Igual que aquellos que están en las tinieblas ignoran la naturaleza de las cosas, del mismo modo aquellos que viven en el pecado no distinguen las cosas y corren hacia las sombras como si fueran la realidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los

(La ignorancia es) la causa de todos los vicios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13

[La enfermedad de Adán] consistió en ignorar a Aquel que es la causa del hombre

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

el conocimiento es la salud del alma

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2. Cf. Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

Igual que el sentido corporal, cuando está dañado por una u otra razón, está privado de la visión, así también, si la inteligencia que hay en la naturaleza no está sana, el co- Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al illuni. Cf. Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 8; Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Marcos el Monje, A Nicolás, 3; 10; cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 57. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Antonio, Cartas, V, 1; Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los efesios, XIII, 1; Marcos el Monje, A Nicolás, 10; 12. La afirmación de que, por el pecado, el hombre ha entrado en las tinieblas es constante en las Sagradas Escrituras: Is 9, l; Mt 4, 16; Le 1, 79; 1 1, 34-36; tu 1,5; 3, 19; 8, 12; 12, 35; Hch 26,18; Rom 1,21; 2, 19; 13, 12; Ef4, 18; 5, 8; 5, 11; Col 1, 13; 1 Tes 5,4; 1 Pe 2, 9. Cf. Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5; XI, 2, 2; Discurso catequético, 8; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 50; Orígenes, Comentario a san Juan, II, VII, 57; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56; Juan Casiano, Conferencias, IX, 5; 6. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, V, 4; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Calisto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 41. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20; IV, 65; Juan Ginnico, Escala, XV, 83; Doroteo de Gaza, Cartas, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Calendas, 3; Comentario al salmo 142, 3; Homilías sobre I Corintios, XI, 4; Homilías sobra la Epístola a los efesios, XIII, 1; Comentario a san Juan, V, 4; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 46. nocimiento no actúa en ella

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26;

(La ignorancia, el olvido y la desatención de Dios son) las tres potencias gigantescas del diablo

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10

En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo. Catequesis, XV, 14-15; Tratados éticos, XIII, 54-56

(El hombre caído) se ha comportado de modo antinatural y no razonablemente (ούλογικώς), vive de forma contraria a la razón, se somete a las sensaciones violentando así su dignidad... Ha perdido la actividad natural de la inteligencia, se ha asimilado a los seres sin razón por esta conducta, porque la razón ha muerto en él y la parte menos razonable del alma lo ha arrastrado por culpa de esta conducta

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 34

¿Cómo va a tener salud el alma racional, cuando está enferma en su facultad de conocer?

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, ll, 3, 17. Hablan también de «inteligencia enferma» Isaac de Ninive, Discursos ascéticos, 30

Los pecadores no ven con los ojos buenos, sino con aquellos que se denominan ‘inteligencia de la carne’ (Col 2, 8)

Orígenes Orígenes, Homilía sobre los Números, XVII

Se dieron cuenta [Adán y Eva] de que estaban desnudos porque habían sido despojados de la contemplación de Dios y habían vuelto su pensamiento en dirección opuesta

Atanasio de Alejandría Atanasio, Contra los paganos,3

A causa de la transgresión del mandamiento, el alma se ha vuelto un juguete de todas las potencias adversas. En efecto, estas le han hecho abandonar su sensatez, han embotado su inteligencia de las cosas celestiales hasta el punto... de que cree que esto ha sido así desde el principio

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

(La acción del diablo) perturba de un modo tan desgraciado nuestro Espíritu y hace que nuestro juicio yerre sobre la acertada apreciación de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

(La ignorancia de Dios es) la madre y nodriza de todos los males

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

Lo que la salud y la enfermedad son en relación al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son en relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

(Por haberse) dejado atar al conocimiento mundano, (el hombre no puede) escapar de las trampas del error, (y produce) pensamientos enfermos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

(El mal es una) invención del diablo, de su libertad

Juan Damasceno Cf. Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30;

Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24

La ignorancia (de Dios) es una calamidad, y más que una calamidad. Es verdaderamente las tinieblas palpables (cf. Ex 10, 21). Oscurece las almas en las que se encuentra. Divide profundamente el pensamiento e impide al alma unirse a Dios. Todo lo que se junta con ella es desorden y sinrazón. Pues ella vuelve al hombre entero irracional e insensible... Cuando se expande y se espesa, se convierte para el alma que se le somete en un abismo infernal en el que están todos los tormentos, todos los dolores, todas las tristezas, todos los gemidos

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 19

El mal no viene de Dios, no está en Dios, no existía al principio

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7

(Los hombres pecadores) Son realmente insensatos..., pues no han aprendido nunca a conocer la verdadera naturaleza de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

(La ignorancia y el olvido de Dios) entenebrecen al alma con una terrible e inestable curiosidad

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

El mal uso de la facultad racional es la ignorancia y la demencia (άφροσύνη)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. III, 3. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24. i

Los hombres, al negarse a pensar en el bien, se han puesto a concebir y a imaginar cosas que no existen

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

[Adán estaba destinado a] un conocimiento y una información semejantes a las de Dios, pues gracias a la deificación de su inteligencia y a la mutación de sus sentidos, el hombre ya no habría sido un mero hombre, sino un dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio. prólogo, en PG 90, 257D-260A

Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 68-70

Apartada del bien, y olvidando que ella es a imagen del Dios bueno, la potencia que está [en el alma] deja de ver al Dios Verbo, a semejanza del cual ha sido hecha; saliendo de ella misma, no piensa ni imagina más que la nada

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

[La creación] contemplada espiritualmente, es el árbol del conocimiento del bien; considerada bajo su aspecto material, el del conocimiento del mal. En efecto, se vuelve un maestro que enseña las pasiones y conduce al olvido de Dios a quienes no mantienen con ella más que relaciones corporales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

Cuando el sol brilla e ilumina toda la tierra con su luz, si un hombre se tapara los ojos y se imaginara que está en la Oscuridad, cuando la oscuridad no existe, y luego caminara al azar como si vagara en la oscuridad, cayendo sin cesar y rodando por precipicios, pensaría que no es de día, sino que él está en la oscuridad; creería mirar, pero no vería nada en absoluto. Lo mismo del alma humana, tapándose los ojos que le permitían ver a Dios, ha concebido el mal y, al moverse por él; cree que hace algo cuando no hace nada, pues es la nada lo que imagina. No ha permanecido tal como fue hecha, sino que se muestra como ella misma se ha moldeado. Pues ha sido hecha para ved a Dios y para ser iluminada por él; pero, en lugar de a Dios, lo que ha buscado son las cosas corruptibles y las tinieblas

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8. Hallaremos una comparación análoga en Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 2

El mal consiste en ignorar al benéfico Autor de las criaturas. Esta ignorancia, por una parte, encogió el espíritu; por otra, abrió ampliamente el camino a los sentidos, alejando al hombre por completo del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que del conocimiento apasionado de las cosas sensibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

Los hombres, en su locura, despreciaron el don que se les había hecho, se apartaron de Dios y ensuciaron de tal manera su alma que no solo olvidaron la idea de Dios, sino que se forjaron otros dioses en su lugar. Se hicieron ídolos en vez de la verdad, y prefirieron la nada al verdadero Dios, adorando a la criatura en lugar de al Creador

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11

Toda inteligencia humana extraviada y que se aparta de su movimiento natural, ya no se mueve más que hacia las pasiones, los sentidos y las cosas sensibles, puesto que tampoco tiene otro lugar adonde dirigirse, una vez que le falta el movimiento que le encamina por naturaleza hacia Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1112A

Los hombres, habiendo aprendido a imaginar el mal que no existe, se han formado asimismo unos dioses que no existen... En su locura..., al olvidar el pensamiento y el conocimiento de Dios y no tener sino una razón cegada o, más bien, una sinrazón, se han representado las cosas aparentes como si fueran dioses, glorificando a la criatura en vez de al Creador (cf. Rom 1, 25) y divinizando a las obras en lugar de a Aquel que es la causa y el demiurgo y el Amo, Dios

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11; 15; Discurso Contra los paganos, 8

El velo es la ilusión producida por los sentidos, que lija la atención del alma en las apariencias superficiales de los objetos sensibles y cierra el paso a los inteligibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, II12B

Mientras que nada subsiste fuera del Verbo, sino que el cielo y la tierra y todos los seres que contienen dependen de Él, los hombres, sin embargo, en su locura, han rechazado el conocimiento y la piedad para con Él, y han honrado a lo que no es en vez de a lo que es, y en lugar de a Dios, que es verdaderamente, han divinizado a la nada, adorando a la criatura en lugar de al Creador, lo cual es una locura

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11; 15; Discurso Contra los paganos, 8. Clemente de Alejandría escribe en el mismo sentido: «Me parece que es sólo la locura (pavía) la que llena una vida consagrada con tanto afán al culto de la materia», Protréptico, X, 99. Cf. Juan Crisostomo, Homilías sobre los demonios, I, 6: «Dejando de lado al Creador, han adorado al cielo mismo, a causa de su imbecilidad y su demencia». Los Padres consideran muy corrientemente las formas idolátricas del paganismo como formas de locura. Cf., entre otros. Constituciones apostólicas, V, 15, 3