Si alguno cree saber algo, todavía no ha conocido como hay que conocer
A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo ha manifestado
Sin el Señor Jesús y la actuación de la potencia divina, nadie puede conocer la sabiduría y los misterios de Dios
[Los logoi de los objetos,] aunque sean expresiones simples, sin embargo, en tanto que consideraciones de objetos, imprimen una forma al espíritu y lo alejan de Dios
La sabiduría y el conocimiento son dones de un único y mismo Espíritu
Él [san Benito] vio una luz... En esta visión... el mundo entero, como si se hubiera juntado bajo un solo rayo de sol, se presentó ante sus ojos
El camino del conocimiento es la impasibilidad... Sin ella, nunca veremos al Señor
La sabiduría divina es la única que concede la gracia de la teología mística
[El conocimiento/contemplación de Dios es una gracia, una] revelación de los misterios
[La atención permite al hombre ver] claramente en espíritu a Cristo... con su Padre consustancial y el Espíritu Santo adorable
[El techo del edificio espiritual es] el conocimiento divino de Dios
[Ese conocimiento no se produce más que] cuando cesa toda actividad intelectual
El conocimiento será abolido
Sabemos que cuando [Dios] se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es
[Aquel que es digno del conocimiento de Dios se hace partícipe] de la inteligencia que no es de este mundo
La Trinidad Santa no es una realidad que esté mezclada con la contemplación [natural]
[El espiritual avisado, una vez que está] libre de toda pasión, se lanza por el camino hacia la contemplación de los seres y, más allá, hacia el conocimiento de la Santa Trinidad
Si no conoces a Dios, no es posible que su amor viva en ti. Y no puedes amar a Dios si no lo ves
El desarrollo del conocimiento de Dios se vuelve la causa de nuestra ignorancia de todos los demás seres
La negación por sí sola no le basta a la inteligencia (νούς) para alcanzar las cosas supra-inteligibles; la elevación mediante la negación... produce únicamente la imagen de la contemplación inexpresable y de la realización plena del espíritu en esta contemplación; pero ella misma no es esta realización
Entonces conoceré como he sido conocido
[Aquel que es digno del conocimiento de Dios difiere] en todo de todos los hombres que tienen el espíritu del mundo
Esto solo les ocurre a las cosas creadas
[Para unirse a Dios,] que sobrepasa toda razón y conocimiento, hay que sobrepasar con un impulso irresistible lo sensible y lo inteligible..., estar desprovisto por completo de toda energía de los sentidos, del pensamiento y de la inteligencia (νούς), a fin de encontrar indeciblemente y en la ignorancia las delicias divinas, por encima del pensamiento y de la inteligencia
Recibimos la inteligencia de Cristo y por ella vemos a Dios
Dios no solo está por encima del conocimiento, sino por encima del desconocimiento
¿Quién ha conocido la inteligencia (νούς) del Señor para ser instruido por Él? Nosotros poseemos la inteligencia de Cristo
Nuestras almas deben, pues, cambiar y pasar de su estado actual a otro estado, en una naturaleza divina, y hacerse nuevas... El Señor ha venido para cambiar y recrear nuestras almas, para hacerlas participar de la naturaleza divina, como está escrito (2 Pe 1, 4), para dar a nuestra alma un alma celestial, a saber, el espíritu de la divinidad... a fin de que podamos vivir de la vida eterna
Poseer el conocimiento de las naturalezas le es posible al espíritu, pero conocer la Santa Trinidad no solo no le es posible al espíritu, sino que es una gracia sobreabundante de Dios
Las facultades que buscan y sondean las cosas divinas las ha recibido la naturaleza de los hombres en depósito del Creador, fundamentalmente en su paso al ser. Pero las revelaciones de lo divino las lleva a cabo la potencia del Espíritu Santísimo cuando viene a habitar en nosotros
Si comparamos los seres producidos con el productor, los que han comenzado a existir con el que existe por siempre, lo creado con lo increado, el ser sin comienzo con aquellos que han recibido la existencia en el tiempo, ¿podrán estos percibir de alguna manera la naturaleza, la grandeza y el modo de su nacimiento? Nunca, si no es en la exacta medida en que el Autor de los seres creados, igual que otorga a cada uno el aliento y la vida, el espíritu (νούς) y la razón, le concede también por amor a los hombres, tanto como conviene, el don de conocerlo a Él. De otro modo, ¿cómo podrías decir que el ser creado por Dios conoce a su propio creador? Fuera de esto no hay medio de conseguirlo, y nadie es en absoluto capaz de ello
Y estos hombres que veneran únicamente la contemplación apofática, que no creen en la existencia de ninguna actividad ni de ninguna visión que esté por encima de ella... no ven propiamente, pues no conocen nada y carecen de conocimiento y de visión
[Las cosas] que no llegaron al corazón del hombre, Dios las ha preparado para quienes le aman
[Entre Dios y el alma:] Él es Dios y ella no es Dios; Él es Señor y ella es la sierva; Él es el Creador y ella la criatura; Él es el artesano y ella la obra. No hay nada común entre la naturaleza de uno y la de la otra
El Señor... adviene directamente a la inteligencia para poner allí el conocimiento como le place
En este momento, como todos los seres finitos, dejamos de poseer nuestras propias facultades y nos convertimos en algo que nuestras facultades naturales no podrían nunca producir, pues la naturaleza humana no posee la capacidad de comprender lo que está por encima de la naturaleza. En efecto, ninguna criatura puede obtener de ella misma la deificación, porque es incapaz de aprehender a Dios. Solo la gracia divina puede operar la deificación, según los méritos de cada uno, irradiar la naturaleza mediante la luz sobrenatural y elevarla, por la excelencia de su claridad, más allá de sus propios límites
Dios es luz (1 Jn 1, 5) y su visión es una luz
La contemplación no es sólo desprendimiento y negación; es una unión y una divinización que sobrevienen... tras el desprendimiento
Dios nos las ha revelado por medio del Espíritu. Pues el Espíritu lo sondea todo, hasta las profundidades de Dios
[El Espíritu] no conoce para sí mismo, pues Él es Dios y está más allá de todo conocimiento[, sino para nosotros]
La luz es evidentemente la que introduce en nosotros el conocimiento; en efecto, no hay otro medio de conocer a Dios, sino mediante la contemplación de la luz que emana de Él
Si Dios es invisible para las criaturas, no es invisible para sí mismo
¿Quién entre los hombres conoce las cosas del hombre si no es el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios si no es el Espíritu de Dios. Pues bien, nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios
La gracia divina no opera las iluminaciones del conocimiento si no hay nadie que, a través de una potencia natural, reciba la iluminación
Nosotros damos testimonio de que Dios es luz; de que aquellos que han sido juzgados dignos de verlo lo han contemplado todos como luz; de que quienes lo han recibido lo han recibido como luz, porque delante de Él camina la luz de su gloria y es imposible que Él aparezca sin luz; de que aquellos que no han visto su luz tampoco lo han visto a Él, porque Él es la luz; de que quienes no han recibido la luz tampoco han recibido todavía la gracia, pues quienes han recibido la gracia han recibido la luz de Dios y a Dios mismo
[El conocimiento/contemplación de Dios] sobreviene mística e indeciblemente por la gracia de Dios
Dios, que dijo: ‘del seno de las tinieblas brillará la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo
[Los santos] no adquirieron el verdadero conocimiento de las cosas [divinas] por medio de sus capacidades y sin el auxilio de la gracia del Espíritu
[En Dios] no existe el menor rastro de noche, ningún velo de oscuridad, absolutamente ninguno
Pues, si se ha detenido toda su actividad intelectual, ¿cómo... podrían ver a Dios si no es por la fuerza del Espíritu?
No es lícito decir que la gracia produjo en los santos automáticamente el conocimiento de los misterios, o sea, sin que las facultades naturales de estos últimos estuvieran dispuestas para recibir este conocimiento
[Dios] es quien establece estas tinieblas que cubren no su ser, sino nuestra persona
El hombre no ve ni por medio de la inteligencia (νούς), ni por el cuerpo, sino por el Espíritu
La inteligencia de Cristo que reciben los santos... no se nos da cuando falta la potencia espiritual en nosotros, ni para completar nuestra inteligencia, ni para pasar con la esencia y la hipóstasis a nuestra inteligencia, sino para iluminar la potencia de nuestra inteligencia mediante su propia cualidad, y para conducirla a ella a fin de que nuestra inteligencia adquiera la misma energía
¿Quién, tras haberte visto, tras haber sido iluminado sensiblemente por tu Gloria, por tu divina luz, no se ha transformado en su inteligencia, su alma y su corazón, y no ha obtenido el favor extraordinario, oh Salvador, de ver y oír de una manera diferente? Pues la inteligencia, sumergida en tu luz, se vuelve luminosa, se transforma en luz; semejante a tu gloria, se llama tu inteligencia; aquel a quien se le ha concedido llegar a este estado sí merece poseer tu inteligencia y se vuelve inseparablemente uno contigo
Es evidente que esta iluminación sobrepasa... todo conocimiento, aunque la llamemos ‘conocimiento’ (γνώσις) e ‘intelección’ (νόησις), porque es el Espíritu quien se la proporciona a la inteligencia (νούς)
Dios aparece entonces en el alma y en el cuerpo, pues las características de su naturaleza son vencidas por la sobreabundancia de la gloria
¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)
Los santos ven en el Espíritu
Dios y los santos tienen una sola y misma energía
El Sin-forma y Sin-figura ya no viene como antes sin forma y sin figura, ni en el silencio que realiza en nosotros la presencia y el advenimiento de su luz. ¿Cómo, entonces? Bajo una cierta forma, una forma que sin embargo es de Dios, aunque no sea en un contorno o una huella; tomando forma en una luz incomprensible, inaccesible y sin forma, Dios, que es simple, se muestra, ya que nosotros no podemos decir ni expresar nada más; pero, en todo caso, Él se muestra al descubierto, se hace reconocer de manera totalmente consciente y se deja ver con toda claridad; Él, el invisible, habla de modo invisible y escucha cara a cara como un amigo a un amigo; Él, que es Dios por naturaleza, conversa con los dioses nacidos de Él por gracia
Puesto que todo hombre posee unos sentidos y una inteligencia (νούς) como facultades naturales de conocimiento, ¿cómo pueden estas facultades permitirnos conocer a Dios, que no es ni sensible ni inteligible? Por ninguna otra vía, ciertamente, que la de los seres sensibles e inteligibles: estas facultades, en efecto, constituyen unos medios para conocer los seres, están limitadas por los seres y manifiestan lo divino a partir de estos seres. Pero aquellos que no poseen solo unas facultades de sensación y de intelección, sino que han obtenido también la gracia espiritual y sobrenatural, no estarán limitados por los seres en su conocimiento, sino que conocerán también espiritualmente, por encima de los sentidos y de la inteligencia, que Dios es Espíritu, pues se convierten por entero en Dios y conocen a Dios en Dios
A la vez que permanece enteramente hombre por su naturaleza, en su alma y en su cuerpo, se vuelve enteramente dios en su alma y en su cuerpo, por la gracia y el esplendor divino de la gloria beatificante que le conviene por entero
Luz es el Padre, luz el Hijo, luz el Espíritu Santo... Los tres son una sola Luz, única, no separada sino unificada en tres Personas, sin confusión
[Quienes han alcanzado estas alturas] adquieren el Espíritu incomprensible y, por Él, ven, oyen y entienden
[La luz increada es] la luz de la santa Trinidad
Aquel que tiene los ojos fijos en el Uno, lo percibe todo a través del Uno: a sí mismo, a los hombres y a las cosas, y escondido en Él ya no ve nada del universo
[Este conocimiento/contemplación] se realiza por encima de la inteligencia (νούς) y del conocimiento (γνώσις)
El que ve al Uno está en la contemplación de todo; se abstiene de contemplar el todo, y a la vez entra en la contemplación de todo y se halla fuera de las cosas contempladas; estando en el Uno lo ve todo, y estando en medio de todo no ve nada
Nos negamos a llamar conocimiento (γνώσις) a esta contemplación... Esta contemplación no es un conocimiento...: no hay que considerarla como tal y hablar de ella como de un conocimiento..., a menos que se emplee... este término de una manera impropia y equívoca...; no solo no hay que considerarla como un conocimiento, sino que hay que juzgarla ante todo superior a cualquier conocimiento y a cualquier contemplación que dependa del conocimiento
[Aquel que ha alcanzado el más alto grado del conocimiento ve] a Dios [únicamente] gracias a una revelación conveniente a Dios y proporcional a él mismo
La luz espiritual no es solo el objeto de la visión, sino también la facultad que permite ver
La luz del conocimiento se comunica por medio de la presencia de la luz de la gracia
[Esta luz no es] ni una sensación, ni una intelección, sino una potencia espiritual, distinta en su transcendencia de todas las facultades cognitivas creadas
[Los santos son] transformados por la fuerza del Espíritu; reciben un poder que antes no poseían; se convierten en Espíritu y ven en el Espíritu
[La luz de la gracia hace que el hombre sea] todo entero como una luz
Entonces, oh milagro, es Dios quien mira, no solo con el alma que está en nosotros, sino también con nuestro cuerpo. Por eso nosotros... vemos entonces claramente, con nuestros órganos corporales mismos, la luz divina e inaccesible
El que participa de la energía divina se convierte él mismo de algún modo en luz
Por la gracia, Dios abraza totalmente a quienes son dignos de ello, y los santos abrazan a Dios en su plenitud
Los santos ven y reciben en participación el Reino, la gloria, el esplendor, la luz inefable y la gracia divina, pero no la esencia de Dios
Dios está presente por entero en cada una de las energías divinas
Cada una de las potencias y de las energías es Dios mismo
Dios, a la vez que permanece todo entero en Sí mismo, habita todo entero en nosotros por su potencia superesencial y nos comunica no su naturaleza, sino su gloria y su resplandor
[La luz increada es] el resplandor inefable de la naturaleza una en tres hipóstasis
[El hombre,] unido a la luz y con la luz, ve con plena conciencia todo lo que permanece oculto para quienes no tienen esta gracia
[Si los videntes] poseen una comprensión, la poseen de una forma incomprensible
[Los santos] transcienden todo conocimiento por medio de la oración ininterrumpida e inmaterial; entonces comienzan a ver a Dios