El penthos expulsa todos los defectos imperturbablemente
[Dios actúa así para que] el alma, habiendo probado la dulzura de semejante tristeza, se apresure a alimentarla
Debemos sentir siempre el penthos
Obliga a tu alma, desde el comienzo de la oración, al llanto y a la compunción, para que toda la oración sea fructífera
[Jesucristo] proclama bienaventurados a los que lloran, pero no a aquellos que lo hacen por algún motivo humano, como la pérdida de un bien temporal, sino a aquellos que tienen la compunción cristiana, lloran sus miserias y expían sus pecados e incluso los del prójimo
Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción
A menudo la presencia saludable de la compunción se manifiesta por una alegría inefable y por arrebatos; la misma inmensidad de la alegría la vuelven intolerable hasta tal punto que estalla en grandes gritos que llevan hasta la celda vecina la noticia de nuestra felicidad y nuestra embriaguez
Sin contrición del corazón es imposible librarse del mal, es absolutamente imposible adquirir ninguna virtud
El duelo es vigilancia perfecta; allí donde no hay duelo, no puede haber vigilancia
La compunción viene al hombre por el recuerdo continuo
La verdadera compunción es un dolor del alma que no le permite ninguna distracción ni le concede ningún descanso, sino que en todo momento le hace presente su vida disoluta
Nada destruye las pasiones como el duelo
Ciertamente tenemos necesidad del dolor físico que procede del ayuno, de las vigilias y de otras prácticas semejantes si nos dedicamos a la oración. En efecto, este dolor es lo único que hace morir la pecabilidad del cuerpo y hace más moderados y más débiles los pensamientos que provocan pasiones brutales. Además, es lo que aporta al principio la santa compunción, borra así incluso las faltas pasadas, atrae más que ninguna otra cosa el favor divino y provoca una buena disposición para la oración. Pues, según dice David, ‘Dios no rechazará un corazón roto’ (Sal 50, 17) y, según Gregorio el Teólogo, ‘no se puede servir a Dios más que por medio de la mortificación’. Por eso el Señor enseñó en los evangelios que la oración puede mucho más cuando está unida al ayuno
Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción
Del duelo proceden todos los bienes
[La compunción aparta] cualquier agitación y cualquier perturbación de la ira
Si no damos testimonio con nuestras obras del recuerdo del temor de Dios y de la compunción que se deriva de él, nos condenaremos
El penthos es el dolor que se ha vuelto natural para un alma en llamas
A la pureza del alma se llega mediante el duelo
La educación que purifica el alma [tiene como] principio el temor de Dios (cf. Prov 1, 7), que hace nacer la oración continua a Dios con la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos. Una vez establecida la reconciliación por medio de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, el temor se vuelve amor, y el dolor de la oración, transformado en gozo, hace que aparezca la flor de la iluminación
¿Has pecado? Haz duelo y harás que desaparezca el pecado
Para salvarse hay que guardar el duelo con una compunción sin límites
La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto
Nada nos despierta a lo espiritual y nos hace vivir como el duelo
[El temor] hace nacer la oración continua a Dios en la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos
Grande es el fruto [de los] gemidos, grande es su suavidad persuasiva y consoladora... En efecto, los gemidos continuos producen el consuelo
De la aflicción (πένθος) que produce alegría
[Cristo] proclama bienaventurados a los que lloran, no a los que lo hacen por cualquier motivo humano [...], sino a los que poseen la compunción cristiana
Cuando considero la naturaleza de la compunción, me lleno de asombro: ¿cómo lo que llamamos aflicción y tristeza puede contener oculta en su seno tanta dicha y alegría?
[Los pobres de espíritu] son los humildes y quienes tienen el corazón contrito. Pues por la palabra espíritu entiende el corazón y la voluntad
Cuando nuestra alma deje este mundo, no tendremos que responder por no haber obrado milagros, ni por no haber sido teólogos, ni por no haber llegado a la contemplación. Pero tendremos ineludiblemente que rendir cuentas a Dios por no haber practicado sin interrupción el penthos
La humildad tiene varios grados... David alaba esta humildad perfecta que no consiste solo en un abajamiento, sino en un quebrantamiento completo del corazón, cuando dice: ‘El sacrificio agradable a Dios es un espíritu abatido por la aflicción y el arrepentimiento; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias’ (Sal 50, 19)
El que se aflige por sí mismo, no conoce la acedia
[La humildad es] el sentimiento de un alma contrita
[La penitencia, la compunción y la humildad,] esta santa cuerda de tres hebras... se reduce a una sola entidad que tiene un mismo poder y una misma actuación, adquiere caracteres y cualidades propios, y en la que lo que designamos como señal de uno de sus elementos resulta ser también la marca de los otros