Citas sobre compunción — 35 citas

Sobre compunción

El penthos expulsa todos los defectos imperturbablemente

Ammonas Ammonas, Instrucciones espirituales, IV, 14

[Dios actúa así para que] el alma, habiendo probado la dulzura de semejante tristeza, se apresure a alimentarla

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Reglas breves, 16; Apotegmas, N 521; N 537

Debemos sentir siempre el penthos

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 26

Obliga a tu alma, desde el comienzo de la oración, al llanto y a la compunción, para que toda la oración sea fructífera

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Paranética, ed. Frankenberg, 60; Tratado de la oración, 6

[Jesucristo] proclama bienaventurados a los que lloran, pero no a aquellos que lo hacen por algún motivo humano, como la pérdida de un bien temporal, sino a aquellos que tienen la compunción cristiana, lloran sus miserias y expían sus pecados e incluso los del prójimo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la consolación de la muerte, II, 8; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 1

Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción

Padres del desierto Apotegmas, N 140

A menudo la presencia saludable de la compunción se manifiesta por una alegría inefable y por arrebatos; la misma inmensidad de la alegría la vuelven intolerable hasta tal punto que estalla en grandes gritos que llevan hasta la celda vecina la noticia de nuestra felicidad y nuestra embriaguez

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IX, 27 (cf. 28)

Sin contrición del corazón es imposible librarse del mal, es absolutamente imposible adquirir ninguna virtud

Marcos el Monje Marcos el Monje, citado en Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 10

El duelo es vigilancia perfecta; allí donde no hay duelo, no puede haber vigilancia

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 30,4 B

La compunción viene al hombre por el recuerdo continuo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 428 (cf. 242). Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la compunción, II, 4

La verdadera compunción es un dolor del alma que no le permite ninguna distracción ni le concede ningún descanso, sino que en todo momento le hace presente su vida disoluta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

Nada destruye las pasiones como el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

Ciertamente tenemos necesidad del dolor físico que procede del ayuno, de las vigilias y de otras prácticas semejantes si nos dedicamos a la oración. En efecto, este dolor es lo único que hace morir la pecabilidad del cuerpo y hace más moderados y más débiles los pensamientos que provocan pasiones brutales. Además, es lo que aporta al principio la santa compunción, borra así incluso las faltas pasadas, atrae más que ninguna otra cosa el favor divino y provoca una buena disposición para la oración. Pues, según dice David, ‘Dios no rechazará un corazón roto’ (Sal 50, 17) y, según Gregorio el Teólogo, ‘no se puede servir a Dios más que por medio de la mortificación’. Por eso el Señor enseñó en los evangelios que la oración puede mucho más cuando está unida al ayuno

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 6. La cita es de Gregorio Nacianceno, Discursos, XXIV, 11

Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

Del duelo proceden todos los bienes

Padres del desierto Apotegmas, QRT, 33

[La compunción aparta] cualquier agitación y cualquier perturbación de la ira

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 9

Si no damos testimonio con nuestras obras del recuerdo del temor de Dios y de la compunción que se deriva de él, nos condenaremos

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 397

El penthos es el dolor que se ha vuelto natural para un alma en llamas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

A la pureza del alma se llega mediante el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

La educación que purifica el alma [tiene como] principio el temor de Dios (cf. Prov 1, 7), que hace nacer la oración continua a Dios con la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos. Una vez establecida la reconciliación por medio de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, el temor se vuelve amor, y el dolor de la oración, transformado en gozo, hace que aparezca la flor de la iluminación

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 1, 7

¿Has pecado? Haz duelo y harás que desaparezca el pecado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, II, 3; Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3; V, 4 (cf. VII, 1)

Para salvarse hay que guardar el duelo con una compunción sin límites

Padres del desierto Apotegmas, N 460

La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto

Juan Clímaco Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 67

Nada nos despierta a lo espiritual y nos hace vivir como el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2

[El temor] hace nacer la oración continua a Dios en la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 1, 7

Grande es el fruto [de los] gemidos, grande es su suavidad persuasiva y consoladora... En efecto, los gemidos continuos producen el consuelo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre los santos mártires, 3

De la aflicción (πένθος) que produce alegría

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII

[Cristo] proclama bienaventurados a los que lloran, no a los que lo hacen por cualquier motivo humano [...], sino a los que poseen la compunción cristiana

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3

Cuando considero la naturaleza de la compunción, me lleno de asombro: ¿cómo lo que llamamos aflicción y tristeza puede contener oculta en su seno tanta dicha y alegría?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 41; 54

[Los pobres de espíritu] son los humildes y quienes tienen el corazón contrito. Pues por la palabra espíritu entiende el corazón y la voluntad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 1-2

Cuando nuestra alma deje este mundo, no tendremos que responder por no haber obrado milagros, ni por no haber sido teólogos, ni por no haber llegado a la contemplación. Pero tendremos ineludiblemente que rendir cuentas a Dios por no haber practicado sin interrupción el penthos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 79. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85

La humildad tiene varios grados... David alaba esta humildad perfecta que no consiste solo en un abajamiento, sino en un quebrantamiento completo del corazón, cuando dice: ‘El sacrificio agradable a Dios es un espíritu abatido por la aflicción y el arrepentimiento; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias’ (Sal 50, 19)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 1-2

El que se aflige por sí mismo, no conoce la acedia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

[La humildad es] el sentimiento de un alma contrita

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3; 6 (cf. 7)

[La penitencia, la compunción y la humildad,] esta santa cuerda de tres hebras... se reduce a una sola entidad que tiene un mismo poder y una misma actuación, adquiere caracteres y cualidades propios, y en la que lo que designamos como señal de uno de sus elementos resulta ser también la marca de los otros

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3; 6 (cf. 7)