Obliga a tu alma, desde el comienzo de la oración, al llanto y a la compunción, para que toda la oración sea fructífera
[Jesucristo] proclama bienaventurados a los que lloran, pero no a aquellos que lo hacen por algún motivo humano, como la pérdida de un bien temporal, sino a aquellos que tienen la compunción cristiana, lloran sus miserias y expían sus pecados e incluso los del prójimo
Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción
Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción
[Cristo] proclama bienaventurados a los que lloran, no a los que lo hacen por cualquier motivo humano [...], sino a los que poseen la compunción cristiana