Citas sobre virtud — 72 citas

Sobre virtud

El que quiera progresar en la edificación de las virtudes, progresará por medio del llanto y las lágrimas

Antonio el Grande Antonio, Vida de los Padres, VII, 38, en PL 73, 1055C

Verdaderamente bienaventurados y adeptos fervientes a la vida y al gozo sobrenatural los que, consagrándose al ardor de la fe y a la conducta virtuosa, han recibido por la experiencia y la percepción el conocimiento celestial de los misterios del Espíritu

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 101

el alma poseerá el objeto de su esperanza como precio de su virtud

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, II, 17

Hemos recibido de Dios la tendencia natural a hacer lo que Él manda... Al usar... de modo conveniente estas fuerzas, vivirnos santamente en la virtud... Tal es, por tanto, la definición de la virtud qué Dios exige de nosotros: el uso concienzudo de estas facultades según la orden del Señor

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas,2

Por las lágrimas se adquieren las virtudes, igual que por las lágrimas se obtiene el perdón de los pecados

Moisés el Etíope Apotegmas, III, 22

Decir que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios equivale a afirmar que [Dios] ha hecho que la naturaleza humana participe de todo bien... Por tanto, en nosotros reside toda clase de bien, toda virtud, toda sabiduría y todo lo mejor que se puede pensar

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, IV, en PG 44, 136CD; también en PG 44, 184B

(La tristeza es) la única vía (para adquirir las virtudes)

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 12

Las numerosas virtudes que ponemos en práctica las ejercitamos en conformidad con la naturaleza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Gran carta a Melania la Anciana, 11

[El temor de Dios] no solo expulsa de nuestro corazón las pasiones, sino que introduce en él todas las virtudes

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 2

Igual que una lámpara pone claridad en una habitación oscura, así el temor de Dios, cuando penetra en el corazón del hombre, lo ilumina y le enseña todas las virtudes

Padres del desierto Abba Santiago — Apotegmas, serie alfabética, Santiago, 5

Sin contrición del corazón es imposible librarse del mal, es absolutamente imposible adquirir ninguna virtud

Marcos el Monje Marcos el Monje, citado en Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 10

La caridad une el alma a las virtudes mismas de Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 1. Cf. Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse. 27

(cuando el hombre vuelve su alma por las virtudes) se mantiene en el orden de su naturaleza integral

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. de ppiherr, 64

Dios ha hecho al hombre a su imagen, es decir..., lo ha adornado con toda virtud

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

El fundamento esencial de una virtud es la humildad

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXVII, 46. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, III, 5; XLVII, 3; Homilías sobre la Epistola a los filipenses, V, 2; Consolaciones a Estagiro, 1,9

A medida que esta reina de las virtudes [la humildad] progresa en nuestra alma y crece espiritualmente, somos llevados a considerar una nulidad... todo el bien que nosotros hemos realizado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 4 (cf. 7)

Las virtudes son inherentes al alma desde la creación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91,309C; también Centurias sobre la caridad, III, 27. Cf., asimismo, Antonio el Grande, Cartas, I, 1

La virtud está por naturaleza en el alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Dios ha creado al hombre... adornado con toda virtud y provisto de todo bien

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

La vigilancia es el camino de todas las virtudes y de todos los mandamientos de Dios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 3. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 105

Una cosa es la inercia de los miembros del cuerpo y de las pasiones del alma, y otra cosa es la adquisición de las virtudes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 67-69; cf. también Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 87; 94. La extensa explicación en Tratados éticos, IV, 71-138

La atención es despojarse de las pasiones para revestirse de las virtudes

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de la vigilancia y de la custodia del corazón

Estando próximos a Dios por la virtud y unidos a Él por el espíritu, obtendremos la manifestación de este resplandor que se ofrece a las miradas de todos aquellos que tienden sin cesar hacia Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Homilías, 34

La inteligencia y el egoísmo, así como nuestra incapacidad y nuestro rechazo a dejarnos vencer fácilmente, constituyen el mayor obstáculo a la virtud. Una especie de movilización se desencadena contra los que acuden en nuestra ayuda. Todo el celo que había que poner para desvelar la enfermedad a los ojos de quien la cura, lo empleamos para zafarnos del tratamiento. Empleamos nuestro valor en perjudicarnos, y nuestra ciencia en luchar contra nuestra salud

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, II, 19-20

las virtudes tienen mucha más afinidad con el alma que la salud con el cuerpo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías sobre el Hexamerón, IX, 4

Antiguamente, el género humano, tal como puede concebirse, disfrutaba de salud, porque sus elementos, quiero decir los movimientos del alma, estaban equilibrados en nosotros según las leyes de la virtud

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobra el Padrenuestro, IV, 2

Las virtudes no hacen que cesen los asaltos de los demonios, pero nos conservan indemnes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 77

Nada hace crecer y florecer la virtud como el sentimiento de un continuo temor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 2

Quien no posee humildad no ha cumplido ningún mandamiento. Pues sin humildad ninguna de las virtudes es agradable ante Aquel que las recibe: Cristo

Padres del desierto Abba Teodoro — Apotegmas, Arm II, 319 (adición a Teodoro, 18)

La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

Por naturaleza poseemos las virtudes, que nos han sido dadas por Dios. Dios las puso en el hombre al crearlo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

Las virtudes son el ornamento de la impasibilidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 1; XXIX, 8; XXIX, 12

Si la esencia de la virtud en cada hombre es indiscutiblemente nuestro Señor Jesucristo mismo -como está escrito: ‘Ha sido hecho para nosotros sabiduría y justicia, santificación y redención’ (1 Cor 1, 30), y evidentemente estas cosas se dijeron de Él de forma absoluta, por cuanto Él es la Sabiduría, la Justicia y la Santidad mismas-, todo hombre que participa de la virtud según una conducta estable, participa sin duda de Dios, Esencia de las virtudes, por cuanto ha cultivado con voluntad sincera la simiente natural del bien, y ha vuelto el fin idéntico al principio y el comienzo idéntico al fin, o más bien ha mostrado la identidad real tanto del comienzo como del fin, en perfecto acuerdo con Dios. Pues el comienzo y el fin de cualquier cosa es la intención de Dios acerca de ella: es el comienzo porque añade al ser el bien natural, por participación; es el fin porque, según esta participación, por una decisión del libre albedrío, termina el loable camino que conduce a él, camino gracias al cual se convierte en dios al recibir de Dios ser dios, porque al bien natural según la imagen él ha añadido por libre voluntad la semejanza constituida por las virtudes, que opera, según el deseo de la naturaleza, el regreso a su principio y la intimidad con Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor Ámhioun n íustn 7 Pn Pf.QI 108 1 r*-1 08/1 A

La virtud es el estado natural del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Las virtudes son connaturales al hombre

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

[El amor al prójimo] se extiende a todas las manifestaciones de la virtud

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, I, 60-62. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, X, 6

La participación de las virtudes, por la semejanza [con Dios] que instaura, tiene el efecto de disponer al hombre virtuoso para recibir a Dios. Corresponde al poder de la oración operar esta recepción

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tres capítulos, 1; Homilías, 34; cf. Triadas, I, 1, 20

Las virtudes purifican el alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 85

El que es virtuoso y teme al Señor es el más sabio de los hombres

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLI, 3

[La humildad perfecta] no se le concede más que a aquellos que logran la perfección de la virtud por la fuerza de la gracia

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 319 (adición a Teodoro 18); Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

Dios nos ha dado las virtudes junto con la naturaleza

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

El alma posee la impasibilidad cuando las virtudes se han convertido para ella en una segunda naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 1; XXIX, 8; XXIX, 12

Lo que la salud es al cuerpo vivo, lo es la virtud con relación al alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

La virtud es por naturaleza la salud del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Allí donde permanecemos en la naturaleza. estamos en la virtud

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30

De los conocimientos nacen las virtudes, y de estas, la revelación de los misterios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 271s; Tratados éticos, IX, 462

[La vida virtuosa es necesaria para] disponer al hombre para recibir a Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tres capítulos sobre la oración y la pureza del corazón, 1; 3

[El conocimiento es el] fruto de las virtudes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 90 (cf. Capítulos gnósticos, V, 66)

Nada proporciona más habitualmente la paz como el poseer la virtud, que destierra de nuestro corazón las pasiones junto con las perturbaciones que ellas fomentan, y hace que el hombre deje de estar en guerra consigo mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 4, 11

[Las virtudes] permiten recobrarse y volver al estado de naturaleza por la práctica de los santos mandamientos de Cristo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 122: «El mal es la enfermedad del alma, privada de su salud natural, es decir, de la virtud»

La impasibilidad no ha alcanzado su perfección si descuidamos una sola virtud, cualquiera que sea

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 1; XXIX, 8; XXIX, 12

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

La causa de la virtud es el camino estrecho de la aflicción

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

No le corresponde a ninguno de los no iniciados escrutar los misterios escondidos del Reino de los cielos sin la práctica previa de los mandamientos ni el progreso en la virtud hasta la perfección

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos. III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 27 ls; Tratados éticos, IX, 462

El mal es la enfermedad del alma, privada de su salud natural, es decir, de la virtud

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 122

Hay quien es impasible, y hay quien posee una impasibilidad mayor aún. El primero detesta el mal, pero el otro posee un insondable tesoro de virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 5

El duro esfuerzo de la virtud obtiene como recompensa la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 34

Las virtudes están ligadas a las aflicciones. El que se aparta de las aflicciones, se aparta inevitablemente de la virtud. Si deseas la virtud, acepta ser herido

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

Las virtudes separan al hombre de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 44

No te extrañes si, cuando empiezas a ser virtuoso, te asaltan por todas partes la dureza y la violencia de las aflicciones. Pues una virtud que no se ponga en práctica en la dificultad no podría ser una virtud. Es precisamente esta dificultad lo que hace que se la llame virtud, como dijo san Juan: ‘La virtud se deriva habitualmente de las dificultades. Cuando está ligada a la comodidad, es censurable’. El bienaventurado Marcos el Monje dijo también: ‘Toda virtud es llamada de este modo si es una cruz’

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

El duro trabajo de la virtud recibe como recompensa la impasibilidad y el conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 34

El alma que ha recibido el cuidado de la virtud... no puede permanecer ni un día sin tristeza. Pues las virtudes están ligadas a las aflicciones. Quien se separa de las aflicciones, se aleja inevitablemente de la virtud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37

En lugar de la filautía perversa, tendremos la filautía espiritual...; entonces no dejaremos de adorar a Dios con esta hermosa filautía, buscando siempre en Dios la verdadera sustancia del alma. Aquí radica la adoración auténtica, verdaderamente agradable a Dios: el cuidado atento que ponemos en la práctica de las virtudes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

El conocimiento espiritual sigue por naturaleza a la obra de las virtudes. Pero el temor y el amor preceden a los dos. Y el temor mismo precede al amor. Cualquiera que afirme descaradamente que es posible adquirir los últimos sin haber ejercitado los primeros, asegura sin ninguna duda la perdición de su alma. Pues esta es la vía del Señor: la obra de las virtudes y el conocimiento espiritual nacen del temor y del amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 44

Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 11

Mientras el hombre no se ha vuelto humilde, no recibe el salario de su propio trabajo. La recompensa no se le da a la obra, sino a la humildad. Quien descuida la segunda, pierde la primera... Por la humildad se da la gracia. Por tanto, la recompensa no viene de la virtud, ni del esfuerzo que se pone en ella, sino de la humildad. Si no se tiene humildad, la obra de la virtud es vana

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37; 48

De ellas y por ellas [las virtudes] se forma la gracia de la caridad que conduce, deificada, hacia Dios al hombre que él ha creado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Las obras sin [humildad] no sirven para nada... Fuera de ella, todas nuestras obras son vanas, son vanas todas las virtudes y son vanos todos los esfuerzos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37; 48

Me parece ser una sola y misma cosa alabaros, a Vos y a la virtud, y alabar a Dios que os concede el esplendor de la virtud que, por gracia, os deifica en Dios, haciendo desaparecer las marcas propias del hombre, a la vez que ella en vosotros hace a Dios hombre por condescendencia, dándoos asumir, en cuanto le es posible al hombre, las propiedades divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

La impasibilidad no es no sentir las pasiones, sino no acogerlas. Las pasiones se agotan bajo el número y la variedad de las virtudes manifiestas y ocultas que han adquirido los ascetas. No pueden sublevarse fácilmente contra el alma... Cuando llegan las pasiones, la reflexión se sustrae inmediatamente a su contacto por medio de una conciencia atenta que se halla en el corazón de la inteligencia. Entonces las pasiones la abandonan y no pueden hacerle nada, como dijo el bienaventurado Marcos. La inteligencia que, por la gracia de Dios, realiza las acciones de las virtudes y se ha acercado al conocimiento, no siente apenas lo que procede del mal y de la sinrazón del alma

Isaac de Nínive

Aquel que practica a la perfección las virtudes y ha adquirido el tesoro del conocimiento, ve ahora las cosas según su naturaleza y, por consiguiente, actúa y piensa siempre según la recta razón, sin equivocarse jamás

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 92

El conocimiento espiritual sigue por naturaleza a la obra de las virtudes

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 44