Las virtudes no hacen que cesen los asaltos de los demonios, pero nos conservan indemnes
Nada proporciona más habitualmente la paz como el poseer la virtud, que destierra de nuestro corazón las pasiones junto con las perturbaciones que ellas fomentan, y hace que el hombre deje de estar en guerra consigo mismo
Las virtudes son el ornamento de la impasibilidad
El duro esfuerzo de la virtud obtiene como recompensa la impasibilidad
La impasibilidad no es no sentir las pasiones, sino no acogerlas. Las pasiones se agotan bajo el número y la variedad de las virtudes manifiestas y ocultas que han adquirido los ascetas. No pueden sublevarse fácilmente contra el alma... Cuando llegan las pasiones, la reflexión se sustrae inmediatamente a su contacto por medio de una conciencia atenta que se halla en el corazón de la inteligencia. Entonces las pasiones la abandonan y no pueden hacerle nada, como dijo el bienaventurado Marcos. La inteligencia que, por la gracia de Dios, realiza las acciones de las virtudes y se ha acercado al conocimiento, no siente apenas lo que procede del mal y de la sinrazón del alma
Una cosa es la inercia de los miembros del cuerpo y de las pasiones del alma, y otra cosa es la adquisición de las virtudes
Las virtudes purifican el alma
El alma posee la impasibilidad cuando las virtudes se han convertido para ella en una segunda naturaleza
Las virtudes separan al hombre de las pasiones
La impasibilidad no ha alcanzado su perfección si descuidamos una sola virtud, cualquiera que sea
El duro trabajo de la virtud recibe como recompensa la impasibilidad y el conocimiento
Hay quien es impasible, y hay quien posee una impasibilidad mayor aún. El primero detesta el mal, pero el otro posee un insondable tesoro de virtudes