Verdaderamente bienaventurados y adeptos fervientes a la vida y al gozo sobrenatural los que, consagrándose al ardor de la fe y a la conducta virtuosa, han recibido por la experiencia y la percepción el conocimiento celestial de los misterios del Espíritu
La inteligencia y el egoísmo, así como nuestra incapacidad y nuestro rechazo a dejarnos vencer fácilmente, constituyen el mayor obstáculo a la virtud. Una especie de movilización se desencadena contra los que acuden en nuestra ayuda. Todo el celo que había que poner para desvelar la enfermedad a los ojos de quien la cura, lo empleamos para zafarnos del tratamiento. Empleamos nuestro valor en perjudicarnos, y nuestra ciencia en luchar contra nuestra salud
[El conocimiento es el] fruto de las virtudes
El conocimiento espiritual sigue por naturaleza a la obra de las virtudes
De los conocimientos nacen las virtudes, y de estas, la revelación de los misterios
Estando próximos a Dios por la virtud y unidos a Él por el espíritu, obtendremos la manifestación de este resplandor que se ofrece a las miradas de todos aquellos que tienden sin cesar hacia Dios
No le corresponde a ninguno de los no iniciados escrutar los misterios escondidos del Reino de los cielos sin la práctica previa de los mandamientos ni el progreso en la virtud hasta la perfección