Citas sobre gracia — 69 citas

Sobre gracia

¿Qué te distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

Pablo Apóstol 1 Cor 4, 7

[Nadie puede] ser hallado capaz de alcanzarlo [el amor] sino aquel a quien Dios le otorga su gracia

Clemente de Roma Clemente de Roma, Carta a los corintios, 50, 2

Él se hizo hombre para que nosotros fuéramos hechos Dios.

Atanasio de Alejandría Sobre la encarnación, 54

El hombre posee por naturaleza la actividad voluntaria, y esta es la que Dios exige. La Escritura prescribe, pues, que en primer lugar el hombre reflexione; que, tras reflexionar, ame; y, por último, que actúe voluntariamente. En cuanto a la moción que se ejerce sobre la inteligencia, al apoyo en la labor, a la realización de la obra, la gracia de Dios los concede a aquel que quiere y que cree. La voluntad del hombre es, por tanto, un auxiliar ligado a su propia sustancia. Sin esta voluntad, Dios mismo no hace nada, aunque pudiera, por respeto al libre albedrío del hombre. La eficacia de la operación de Dios depende, pues, de la voluntad del hombre

Macario de Egipto

Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

No tienes nada que no hayas recibido de Dios... Reconoce a quien te ha dado y deja de ensalzarte... Dios te ha ayudado; no reniegues de tu bienhechor

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 17

Después de la gracia de Dios, todo depende de nosotros y de nuestra aplicación

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 24

[La humildad perfecta] no se le concede más que a aquellos que logran la perfección de la virtud por la fuerza de la gracia

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 319 (adición a Teodoro 18); Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

En todo momento, si el hombre puede suprimir en todo su voluntad y conservar un corazón humilde..., la gracia de Dios puede salvarlo. Y dondequiera que esté, la inquietud no se apodera de él

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 150

La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

Corre en vano quien ha decidido luchar contra la carne y vencerla por sí mismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

Cada uno de nosotros posee la fuerza manifiesta del Espíritu en proporción con la fe que hay en él. De este modo, cada uno es el intendente de su propia gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 54, en PG 90, 516D

La sabiduría divina es la única que concede la gracia de la teología mística

Talasio el Libio Cuestiones a Talasio, 63, Escolio 17, en PG 90, 689A = Escolio 4, en CCSG 22, 18

Cuando la paciencia crece en nuestras almas, es signo de que hemos recibido secretamente la gracia del consuelo. El poder de la paciencia es más fuerte que las formas de alegría que afectan al corazón

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

O más bien es nuestro Señor Jesucristo, sin el que nosotros no podemos hacer nada, quien te dará estas cosas

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117

Si comparamos los seres producidos con el productor, los que han comenzado a existir con el que existe por siempre, lo creado con lo increado, el ser sin comienzo con aquellos que han recibido la existencia en el tiempo, ¿podrán estos percibir de alguna manera la naturaleza, la grandeza y el modo de su nacimiento? Nunca, si no es en la exacta medida en que el Autor de los seres creados, igual que otorga a cada uno el aliento y la vida, el espíritu (νούς) y la razón, le concede también por amor a los hombres, tanto como conviene, el don de conocerlo a Él. De otro modo, ¿cómo podrías decir que el ser creado por Dios conoce a su propio creador? Fuera de esto no hay medio de conseguirlo, y nadie es en absoluto capaz de ello

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 179-189

[El temor de Dios] desembaraza [al alma] de todo y la limpia... para hacer de ella como una tablilla preparada para recibir los carismas del Espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas

La vida en Cristo reside en una cooperación de lo divino, que depende propiamente de Dios, y de lo humano, a saber, de nuestra buena voluntad, nuestro esfuerzo y nuestro celo

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, I, 16. Cf. también, La vida en Cristo, I, 66; Explicación de la divina liturgia, I, 2

Todo es gracia.

Teresa de Lisieux Últimas conversaciones, 5 de junio de 1897

Dios es quien produce en vosotros el querer y el hacer, según su benevolencia

Pablo Apóstol Flp 2, 13

[Que el hombre] ponga su propia voluntad de acuerdo con la gracia

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXXVII, 10; XV, 5

La sensibilidad espiritual es la impasibilidad del alma racional producida por la gracia de Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, 1, 37

A quienes están afectados [por esta enfermedad], si quieren tomar a la razón como médico, les prometo grandes posibilidades de salvarse por la gracia de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4-5

En medio del trabajo continuo, hay que aprender de la maestra que es la experiencia, que [la castidad] es un don generoso de la gracia divina

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Si te ocurre algo bueno, debes reconocer que es un don gratuito de Dios, que te llega de su bondad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 412

[Atribuir a Dios todo lo bueno que se tiene y todo el bien que se ha hecho:] así es la perfecta humildad de los santos

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 33

Que ninguno de los que se han ejercitado con éxito en la castidad piense haberla adquirido por sus propias fuerzas. Pues es imposible vencer a la propia naturaleza. Cuando se vence a la naturaleza, se debe reconocer allí la presencia de Aquel que está por encima de la naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

[La caridad perfecciona la naturaleza humana hasta hacerla] aparecer en unidad e identidad con la naturaleza divina en la gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Mientras el hombre no se ha vuelto humilde, no recibe el salario de su propio trabajo. La recompensa no se le da a la obra, sino a la humildad. Quien descuida la segunda, pierde la primera... Por la humildad se da la gracia. Por tanto, la recompensa no viene de la virtud, ni del esfuerzo que se pone en ella, sino de la humildad. Si no se tiene humildad, la obra de la virtud es vana

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37; 48

Nosotros damos testimonio de que Dios es luz; de que aquellos que han sido juzgados dignos de verlo lo han contemplado todos como luz; de que quienes lo han recibido lo han recibido como luz, porque delante de Él camina la luz de su gloria y es imposible que Él aparezca sin luz; de que aquellos que no han visto su luz tampoco lo han visto a Él, porque Él es la luz; de que quienes no han recibido la luz tampoco han recibido todavía la gracia, pues quienes han recibido la gracia han recibido la luz de Dios y a Dios mismo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 109-116

[El conocimiento/contemplación de Dios] sobreviene mística e indeciblemente por la gracia de Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 17

La comunicación de esta vida depende en su origen exclusivamente del poder de Cristo; pero, una vez transmitida, conservar esta vida y mantenerse vivo requiere además nuestra colaboración. Se necesita aquí el concurso humano y nuestro esfuerzo personal para guardar intacta la gracia y conservarla

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, I

Eso no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios

Pablo Apóstol Rom 9, 16

[Si el alma] no colabora con la gracia del Espíritu que habita en ella, entonces es despojada vergonzosa e ignominiosamente de su dignidad y privada de la vida, puesto que ella se ha vuelto... no apta para la comunión con el rey celestial

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXXVII, 10; XV, 5

Poseer el conocimiento de las naturalezas le es posible al espíritu, pero conocer la Santa Trinidad no solo no le es posible al espíritu, sino que es una gracia sobreabundante de Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, V, 79

[Los médicos necesitan] una esponja, nosotros aplicamos el remedio con la lengua; como los médicos para calentar el agua, nosotros también necesitamos fuego; lo que calienta nuestros discursos es la gracia del Espíritu Santo. También hoy buscamos consolaros. Si no lo hiciéramos, ¿dónde hallaríais alivio a vuestros males?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, VI, 1

Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 15

Todo lo que te ha sucedido desde que naciste, igual que el mismo nacimiento, te lo ha dado Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 22

De ellas y por ellas [las virtudes] se forma la gracia de la caridad que conduce, deificada, hacia Dios al hombre que él ha creado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Por la humildad se concede la gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37; 73

¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 72-79

Puesto que todo hombre posee unos sentidos y una inteligencia (νούς) como facultades naturales de conocimiento, ¿cómo pueden estas facultades permitirnos conocer a Dios, que no es ni sensible ni inteligible? Por ninguna otra vía, ciertamente, que la de los seres sensibles e inteligibles: estas facultades, en efecto, constituyen unos medios para conocer los seres, están limitadas por los seres y manifiestan lo divino a partir de estos seres. Pero aquellos que no poseen solo unas facultades de sensación y de intelección, sino que han obtenido también la gracia espiritual y sobrenatural, no estarán limitados por los seres en su conocimiento, sino que conocerán también espiritualmente, por encima de los sentidos y de la inteligencia, que Dios es Espíritu, pues se convierten por entero en Dios y conocen a Dios en Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 68 (cf. 17)

Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a sí misma, sino atribuirlo todo a Dios... Pues todo lo que el hombre tiene, todos los bienes aparentes por medio de los cuales puede cada uno hacer el bien, la tierra y todo lo que hay en ella, el cuerpo y el alma mismos, todo es de Dios. Su mismo ser no lo tiene el hombre más que por gracia. ¿Qué le queda, por tanto, de lo que pueda razonablemente jactarse o justificarse? Sin embargo, Dios recibe de los hombres esta gracia inmensa, lo que más le complace de todo lo que nosotros le ofrecemos: que el alma refiera únicamente a Dios todo lo bueno que ella puede hacer, todo el trabajo que se toma por Él, todo lo que comprende, todo lo que conoce, y que se lo atribuya todo a Él

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 123

En cada una de nuestras acciones tenemos, no solo que sentir, sino también que reconocer: ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo. El Padre que está en mí es quien actúa’ (Jn 5, 30; 10, 14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

¿Qué tienes tú que no hayas recibido como un don gratuito, ya sea de Dios mismo, ya por la ayuda y las oraciones de los otros?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XII, 15; 21

Me parece ser una sola y misma cosa alabaros, a Vos y a la virtud, y alabar a Dios que os concede el esplendor de la virtud que, por gracia, os deifica en Dios, haciendo desaparecer las marcas propias del hombre, a la vez que ella en vosotros hace a Dios hombre por condescendencia, dándoos asumir, en cuanto le es posible al hombre, las propiedades divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

La humildad toma la delantera a la gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37; 73

La luz del conocimiento se comunica por medio de la presencia de la luz de la gracia

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, III, 2,14; I, 3,3

Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a ella misma, sino atribuírselo todo a Dios. Entonces Dios, a su vez, atento a la salud y a la rectitud de la inteligencia y del conocimiento de un alma semejante, se lo atribuye todo a ella

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 123

Aprendamos, sintiendo en cada acción nuestra debilidad y su ayuda, a proclamar cotidianamente: ‘Me empujaron para hacerme caer, pero el Señor me sostuvo; mi fuerza y mi alabanza es el Señor: Él fue mi salvación’ (Sal 117, 13-14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

De todas las virtudes que has adquirido, solo las que has adquirido sin ayuda de tu inteligencia te pertenecen, pues tu inteligencia te la ha dado Dios. De todas las victorias que has logrado, solo las que has logrado sin la cooperación de tu cuerpo son resultado de tu esfuerzo, pues tu cuerpo es obra de Dios, no tuya

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 79; XXII, 16

En este momento, como todos los seres finitos, dejamos de poseer nuestras propias facultades y nos convertimos en algo que nuestras facultades naturales no podrían nunca producir, pues la naturaleza humana no posee la capacidad de comprender lo que está por encima de la naturaleza. En efecto, ninguna criatura puede obtener de ella misma la deificación, porque es incapaz de aprehender a Dios. Solo la gracia divina puede operar la deificación, según los méritos de cada uno, irradiar la naturaleza mediante la luz sobrenatural y elevarla, por la excelencia de su claridad, más allá de sus propios límites

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 63, en PG 90, 673C

[El conocimiento/contemplación de Dios es una gracia, una] revelación de los misterios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37. Cf. Ibid., 66; Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIV, 54-55

Por la gracia, Dios abraza totalmente a quienes son dignos de ello, y los santos abrazan a Dios en su plenitud

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tomo hagiorítico, en PG 150, 1229D

Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11 (cf. 13); Homilías, colección II, V, 12

[La humildad es] un reconocimiento de la gracia y la misericordia divina

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3

La gracia divina no opera las iluminaciones del conocimiento si no hay nadie que, a través de una potencia natural, reciba la iluminación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59, en PG 90, 608B

[El conocimiento espiritual,] por la penitencia lo recibimos como una gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

Los santos ven y reciben en participación el Reino, la gloria, el esplendor, la luz inefable y la gracia divina, pero no la esencia de Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Homilías, 35

[Los santos] no adquirieron el verdadero conocimiento de las cosas [divinas] por medio de sus capacidades y sin el auxilio de la gracia del Espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59, en PG 90, 608B

[La gracia de este conocimiento] se concede a aquellos que son dignos de él, en el momento de la oración; tiene su fuente en la oración; no tiene más lugar que este tiempo para habitar en nosotros con toda su gloria, según el testimonio de los Padres. Por eso se le llama oración, debido a que el espíritu es llevado a esta beatitud por la oración, a que la oración es su fuente, y a que tal gracia no tiene lugar en otros momentos, como muestran los escritos de los Padres

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 32

No es lícito decir que la gracia produjo en los santos automáticamente el conocimiento de los misterios, o sea, sin que las facultades naturales de estos últimos estuvieran dispuestas para recibir este conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59, en PG 90, 608B; Cuestiones a Talasio, Escolio 1, en PG 90, 617B = Escolio 1, en CCSG 2, 67

Las cosas divinas vienen solas, tú ignoras la hora

Isaac de Nínive Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los modos de la oración, 10

A la vez que permanece enteramente hombre por su naturaleza, en su alma y en su cuerpo, se vuelve enteramente dios en su alma y en su cuerpo, por la gracia y el esplendor divino de la gloria beatificante que le conviene por entero

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 7, en PG 91, 1088C

[La contemplación de la Divinidad] no se da con la naturaleza, sino por la gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 84

La gracia de la oración une al espíritu con Dios y, por eso mismo, lo retira de cualquier otro pensamiento. El espíritu, conversando entonces con Dios, en su desnudez, se vuelve deiforme

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 24

La naturaleza humana posee por esencia las facultades de investigación y de búsqueda de las cosas divinas; el Creador le ha dotado de ellas en el momento de su paso a la vida. En cuanto a la revelación de las cosas divinas, la realiza por gracia el poder del Espíritu Santísimo, cuando viene a habitar en nosotros. Pero al principio, por el pecado, el Maligno dejó clavadas estas facultades a la naturaleza de las cosas visibles. De este modo, no había ni un solo hombre para escuchar y buscar a Dios, pues todo lo que participaba de la naturaleza mantenía encerrado el poder de su inteligencia y de su razón en la manifestación de las cosas sensibles, y no poseía ninguna noción de las cosas superiores a los sentidos. Con todo motivo, por tanto, la gracia del Espíritu Santísimo, en aquellos que no se habían sometido deliberadamente al error en su vida interior, restableció el poder que había sido amarrado a las cosas materiales, tras haberlo desatado de ellas. Dotados de esta facultad en su estado original de pureza, estos hombres primero rezaron y buscaron descubrir y conocer con ayuda de la gracia. En consecuencia, pudieron buscar y conocer más profundamente, por la gracia misma del Espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59, en PG 90, 604B