Citas sobre gracia + orgullo — 11 citas

Sobre gracia + orgullo

¿Qué te distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

Pablo Apóstol 1 Cor 4, 7

No tienes nada que no hayas recibido de Dios... Reconoce a quien te ha dado y deja de ensalzarte... Dios te ha ayudado; no reniegues de tu bienhechor

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 17

Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 15

La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

Todo lo que te ha sucedido desde que naciste, igual que el mismo nacimiento, te lo ha dado Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 22

Dios es quien produce en vosotros el querer y el hacer, según su benevolencia

Pablo Apóstol Flp 2, 13

En cada una de nuestras acciones tenemos, no solo que sentir, sino también que reconocer: ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo. El Padre que está en mí es quien actúa’ (Jn 5, 30; 10, 14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

¿Qué tienes tú que no hayas recibido como un don gratuito, ya sea de Dios mismo, ya por la ayuda y las oraciones de los otros?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XII, 15; 21

Eso no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios

Pablo Apóstol Rom 9, 16

Aprendamos, sintiendo en cada acción nuestra debilidad y su ayuda, a proclamar cotidianamente: ‘Me empujaron para hacerme caer, pero el Señor me sostuvo; mi fuerza y mi alabanza es el Señor: Él fue mi salvación’ (Sal 117, 13-14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

De todas las virtudes que has adquirido, solo las que has adquirido sin ayuda de tu inteligencia te pertenecen, pues tu inteligencia te la ha dado Dios. De todas las victorias que has logrado, solo las que has logrado sin la cooperación de tu cuerpo son resultado de tu esfuerzo, pues tu cuerpo es obra de Dios, no tuya

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 79; XXII, 16