Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)
Traducido del latín