Citas sobre acedia — 65 citas

Sobre acedia

No tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malvados que están en los lugares celestiales

Pablo Apóstol Ef 6, 12

Para no ser negligentes, nos conviene meditar estas palabras del apóstol: ‘Muero cada día’ (1 Cor 15, 31). En efecto, si vivimos como si tuviéramos que morir cada día, no pecaríamos. Lo que hay que entender por esto es que cada día, al despertarnos, pensemos que no subsistiremos hasta la tarde y, asimismo, cuando estemos a punto de acostarnos, pensemos que no nos despertaremos

Antonio el Grande Vida de Antonio, 19

Odia la enfermedad, no al enfermo

Sinclética Apotegmas, serie alfabética, Sinclética, 23

[En algunos casos] es totalmente necesario encontrar a un hombre sabio, que tenga experiencia de estas cosas, para recibir de él la luz y la fuerza

Basilio de Cesarea Cf. Basilio de Cesarea, Constituciones monásticas, VII, 2, en PG 31, 1368A

La acedia se presenta cada vez que se empieza algo

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 157

[El que sufre acedia] se ve llevado a desear otros sitios en los que pueda hallar más fácilmente aquello que necesita

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 12; cf. Antirrético, VI, 28; 33

[Si el hombre] se acuerda de sus pecados, Dios lo ayuda en todo y él no padece de acedia

Padres del desierto Apotegmas, PA 32, 7c

[La acedia vuelve al hombre espiritual] blando y sin valor para las tareas que tiene que realizar allí donde vive, le impide permanecer en su morada y esforzarse en ella

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 2 (1)

El espíritu de la acedia minusvalora esta vida temporal

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 58

El espíritu de acedia engendra todos los males

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 13

[La acedia es] una relajación del alma, una dejadez del espíritu, la negligencia en la ascesis

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 2

[La acedia] pone en marcha casi todas las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67

La acedia es la negligencia del alma. Es negligente el alma que está enferma de amor al placer

Talasio el Libio Talasio, Centurias, I, 90; III, 51

A quienes conducen su vida a base de las obras del cuerpo... les llega otra acedia, que todos pueden ver

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

El demonio de la acedia suele atacar especialmente a quienes ya están avanzados en la oración o la practican con asiduidad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 73. Cf. 66

A veces, como dice san Basilio el Grande, se necesita entrar en contacto y en diálogo con un hombre experimentado y edificante, pues una visita en un tiempo apropiado y con una buena intención, una conversación moderada con semejante hombre, sin frivolidad ni charlatanería, pueden no solo expulsar del alma la acedia oculta en ella, sino también procurarle algún reposo y volver a darle fuerzas y celo para el combate siguiente. Sin embargo, los Padres, tras pensar en ello, a la luz de su propia experiencia, dicen que en el momento de la tentación es mejor permanecer en la propia celda, sin perder la hesiquía

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, V

Dios mismo ha dicho: Yo no te dejaré ni te abandonaré

Pablo Apóstol Heb 13, 5

El demonio de la acedia, al que también se le llama ‘demonio de mediodía’, ataca al monje hacia la hora cuarta y asedia su alma hasta la hora octava

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 12

Le preguntaron a un anciano ‘¿Por qué no te desanimas nunca?’. Y él contestó: ‘Porque cada día cuento con que voy a morir’

Padres del desierto Apotegmas, XXI, 7

[Bajo la influencia de esta pasión, la mente] se vuelve ociosa e incapaz de cualquier actividad espiritual

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 2 (1); X, 2 (3); Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 58

[La acedia es] una languidez en la salmodia, una debilidad en la oración

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 3

[La acedia es] la más grave de las ocho [pasiones]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67; Juan Clímaco, Escala, XIII, 11; Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 157; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

La acedia proviene de la distracción de la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33

[La acedia es] la muerte del alma y del espíritu

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

Podemos, pues, afirmar con seguridad: el Señor es mi ayuda, nada temeré

Pablo Apóstol Heb 13, 5-6

A este demonio [de la acedia] no lo sigue inmediatamente ningún otro

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 12

Sobre todo alrededor de la hora sexta es cuando [este adversario] perturba [a los solitarios], excitando su alma enferma a horas fijas mediante los ardores que enciende en ella, como una fiebre que retorna periódicamente. Algunos ancianos declaran que ahí está el ‘demonio de mediodía’ del que habla el salmo 90

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 1. San Juan Clímaco, Escala, XIII, 5, la sitúa en el mismo momento

Cuando no es hora de la salmodia, la acedia no aparece; y cuando el oficio se ha acabado, nuestros ojos vuelven a abrirse

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

Todas las otras pasiones afectan en el alma bien a la parte irascible, bien a la concupiscible, bien incluso a la parte racional... En cuanto a la acedia, afecta a todas las facultades del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67. Cf. Evagrio Póntico, Comentario ai salmo 139, 3, en PG 12, 1664B; Tratado práctico, JO

[De la acedia] provienen el espíritu de extravío, que es la fuente de mil tentaciones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46. Cf. 55

Si Dios dejara [a este demonio] emplear toda su fuerza contra nosotros, sin duda no se salvaría ningún asceta

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

Al pensamiento de la acedia no lo sigue ningún otro pensamiento, primero porque dura, luego porque contiene en él todos los pensamientos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Comentario al salmo 139, 3, en PG 12, 1664B

[En la acedia] el espíritu se turba sin razón

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 2 (3)

Cuando llega el momento del oficio divino y de la oración, [este demonio] de nuevo comienza a volver pesado nuestro cuerpo. Y cuando rezamos nos sumerge en el sueño y, mediante los bostezos que nos provoca a destiempo, nos impide pronunciar hasta versículos completos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

La acedia, que ataca todas las potencias del alma, afecta a la vez a casi todas las pasiones, y por eso es más temible que ninguna. Es preciosa, pues, la palabra del Maestro que le opone el remedio: ‘Salvaréis vuestras almas por vuestra paciencia’ (Lc 21, 19)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67

[La acedia hace al alma] saborear el infierno

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

Uno no debe abandonar la celda a la hora de las tentaciones, por muy plausibles que sean los pretextos que se haya forjado para ello, sino que debe resistir sentado en su interior, ser paciente y recibir con valentía a todos los asaltantes, principalmente al demonio de la acedia

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 28

El alma que ha sido herida por este trastorno está realmente adormecida respecto a toda contemplación de las virtudes y a toda visión de los sentidos espirituales

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 4

Para el monje la acedia es una muerte que lo aprisiona por todos lados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 9

La salud y la curación del hombre cuya alma está entenebrecida, le llega de la hesiquía. Allí encuentra su consuelo. Nadie recibe jamás la luz del consuelo en el trato con los hombres, ni se cura nunca por las relaciones que mantiene con ellos. La acedia lo abandona un momento, solo para asaltarlo a continuación con más violencia. Dichoso aquel que soporta semejantes tentaciones quedándose en su celda

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

Cuando te asalte el demonio de la acedia, no abandones la casa ni esquives la lucha

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 28; A los monjes, 55 (ed. Gressmann, 157); Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57; Nil Sorsky, Regla, V

Quien quiera acometer la lucha de la perfección con todas las de la ley, debe... combatir en todos los frentes el pernicioso espíritu de la acedia

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5

Cada una de las otras pasiones puede ser destruida por una virtud determinada, pero la acedia... es una muerte que acosa [al hombre] por todos lados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 9

Dichoso aquel que soporta tales tentaciones quedándose en su celda. Pues, como dicen los Padres, serán grandes la morada y la fuerza que alcanzará tras ello

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, 5 (ed. Gressmann, 157); Tratado práctico, 28

Tiene que apresurarse a extirpar esta enfermedad de lo recóndito de su alma

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5; Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 157

[Un hombre] lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 34

Si crees que Dios te guarda en su providencia, ¿por qué te inquietas y te preocupas de las cosas que pasan y de las necesidades de la carne?... Pon en el Señor tu cuidado, y Él te alimentará. Ya no te asustará ninguna amenaza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 58. Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, X V111, 4

En el momento de las tentaciones no se debe dejar la celda..., sino recibir valientemente a los asaltantes, a todos ellos, pero sobre todo al demonio de la acedia que, puesto que es el más opresivo de todos, la pone a prueba en el más alto grado

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, 5 (ed. Gressmann, 157); Tratado práctico, 28

Si el hombre la reconoce [a la acedia] como lo que es, obtiene el descanso

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5; Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 157

[La esperanza de los bienes futuros] aniquila por completo [la acedia]

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 16. Cf. Apotegmas, XXI, 7

Acércate, espera en Mí, y descansarás de todo trabajo y de todo temor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 58. Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, X V111, 4

La acedia es reprimida por la paciencia (ύποµονή)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, en PG 79, 1236A (cf. Tratado práctico, 28)

(El hombre debe combatir el espíritu de la acedia de modo que) no se deje expulsar como un fugitivo del recinto de su ermita bajo ningún pretexto, por muy piadoso que sea

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

Que ese tirano sea encadenado por el recuerdo de nuestros pecados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

Cuando tropecemos con el demonio de la acedia..., pronunciemos con David, sembrando en nosotros buenas esperanzas, este encantamiento: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en Dios, pues yo lo alabaré, a El, salvación de mi rostro y Dios mío’ (Sal 41, 6)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 27. Evagrio aconseja el mismo tratamiento antirrético y propone el mismo pasaje de la Escritura en el Antirrético, VI, 20

La experiencia demuestra que no se escapa a la tentación de la acedia huyendo, sino que hay que superarla haciéndole frente

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 25 (cf. 3; 5)

El que se aflige por sí mismo, no conoce la acedia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

Derramar lágrimas es un gran remedio contra las visiones de la noche engendradas por la acedia. El rey David aplicaba este remedio sabiamente a sus pasiones, diciendo: ‘Estoy agotado de gemir, de llorar sobre mi cama cada noche e inundar mi lecho con mis lágrimas’(Sal 6, 7)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A una virgen, 39 (ed. Gressmann, 149) (cf. Tratado práctico, 27); Antirrético, VI, 10 (ed. Frankenberger, 522, 32-35)

Acosada por... las trampas del enemigo, la desdichada alma, empujada por el espíritu de la acedia... es conducida bien a ceder al sueño, bien a abandonar los límites de su celda y a buscar remedio a su tentación en la visita de un hermano. Pero el remedio que utiliza ahora la volverá más enferma poco después, ya que el adversario atacará con más violencia a quien sabe que le volverá la espalda nada más entablado el combate, y a quien ve que espera la salvación no de la victoria o de la lucha, sino de la huida

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 3; Conferencias, XXIV, 5

[Contra la acedia,] nada es tan eficaz para expulsarla [como el temor de Dios]

Juan Clímaco Cf. Juan Clímaco, Escala, XXVII, 75

Nuestro muy santo y experimentado maestro solía decirnos: ‘El monje tiene que estar siempre preparado, como si fuera a morir al día siguiente... En efecto -decía él-, esto suprime los pensamientos de la acedia y vuelve al monje más celoso’

Evagrio Póntico

Si se conceden la libertad de salir con demasiada frecuencia, suscitarán contra ellos una plaga más terrible precisamente allí donde piensan encontrar un remedio. Como algunos enfermos que imaginan apagar los ardores de la fiebre tomando agua fresca. Pero es evidente que lo que hacen, más que acabar con este fuego interior, es excitarlo; al alivio momentáneo lo seguirá un dolor más vivo

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 3; Conferencias, XXIV, 5

[El demonio de la acedia] le representa [al hombre] qué larga es la vida

Evagrio Póntico

[La] fe inflexible no admite ningún arrebato de temor

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, IV, 48