Dios mismo ha dicho: Yo no te dejaré ni te abandonaré
Cuando tropecemos con el demonio de la acedia..., pronunciemos con David, sembrando en nosotros buenas esperanzas, este encantamiento: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en Dios, pues yo lo alabaré, a El, salvación de mi rostro y Dios mío’ (Sal 41, 6)
[Un hombre] lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada
Si crees que Dios te guarda en su providencia, ¿por qué te inquietas y te preocupas de las cosas que pasan y de las necesidades de la carne?... Pon en el Señor tu cuidado, y Él te alimentará. Ya no te asustará ninguna amenaza
Podemos, pues, afirmar con seguridad: el Señor es mi ayuda, nada temeré
[La esperanza de los bienes futuros] aniquila por completo [la acedia]
Acércate, espera en Mí, y descansarás de todo trabajo y de todo temor