Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón
(El hombre debe combatir el espíritu de la acedia de modo que) no se deje expulsar como un fugitivo del recinto de su ermita bajo ningún pretexto, por muy piadoso que sea
Si se conceden la libertad de salir con demasiada frecuencia, suscitarán contra ellos una plaga más terrible precisamente allí donde piensan encontrar un remedio. Como algunos enfermos que imaginan apagar los ardores de la fiebre tomando agua fresca. Pero es evidente que lo que hacen, más que acabar con este fuego interior, es excitarlo; al alivio momentáneo lo seguirá un dolor más vivo