Citas sobre perseverancia — 9 citas

Sobre perseverancia

Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, 5 (ed. Gressmann, 157); Tratado práctico, 28

(El hombre debe combatir el espíritu de la acedia de modo que) no se deje expulsar como un fugitivo del recinto de su ermita bajo ningún pretexto, por muy piadoso que sea

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

Permanezcamos en la oración para no volver a caer en las mismas pasiones ni en otras. Si uno se ha estropeado el estómago, el hígado o las entrañas al comer un alimento, una vez curado por el arte y los cuidados del médico, tiene cuidado por miedo a caer de nuevo en lo peor, acordándose del peligro pasado, conforme a lo que decía el Señor a quien había sido curado por él: ‘Estás curado; no peques más, no vaya a ser que te ocurra algo peor’ (Jn 5, 14)

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 347

El que ha soportado una larga enfermedad no puede recobrar la salud en un instante; igualmente es imposible dominar de un golpe las pasiones, ni siquiera una sola pasión

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, Recapitulación, 57

Consiste en permanecer constante en la adversidad, en soportar los males, en resistir la tentación hasta el final, en no ceder por sorpresa a la ira, en no dejar escapar una palabra bajo el impulso de la emoción, en no sospechar ni pensar nada que sea indigno de un hombre temeroso de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

[Si el hombre] no persevera en la oración, conversando con Dios y pasando por todas las formas sucesivas de oración... no sentirá el amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

Si se conceden la libertad de salir con demasiada frecuencia, suscitarán contra ellos una plaga más terrible precisamente allí donde piensan encontrar un remedio. Como algunos enfermos que imaginan apagar los ardores de la fiebre tomando agua fresca. Pero es evidente que lo que hacen, más que acabar con este fuego interior, es excitarlo; al alivio momentáneo lo seguirá un dolor más vivo

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 3; Conferencias, XXIV, 5

[Las lágrimas no le vienen al hombre] sino con esfuerzo, mediante mucha asiduidad y aguante

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 257; Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25

Los amigos de Cristo perseveran hasta el final en su amor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 70; II, 10; IV, 95; 98