Poseer el conocimiento de las naturalezas le es posible al espíritu, pero conocer la Santa Trinidad no solo no le es posible al espíritu, sino que es una gracia sobreabundante de Dios
La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación
En este momento, como todos los seres finitos, dejamos de poseer nuestras propias facultades y nos convertimos en algo que nuestras facultades naturales no podrían nunca producir, pues la naturaleza humana no posee la capacidad de comprender lo que está por encima de la naturaleza. En efecto, ninguna criatura puede obtener de ella misma la deificación, porque es incapaz de aprehender a Dios. Solo la gracia divina puede operar la deificación, según los méritos de cada uno, irradiar la naturaleza mediante la luz sobrenatural y elevarla, por la excelencia de su claridad, más allá de sus propios límites
La sabiduría divina es la única que concede la gracia de la teología mística
[El conocimiento/contemplación de Dios es una gracia, una] revelación de los misterios
O más bien es nuestro Señor Jesucristo, sin el que nosotros no podemos hacer nada, quien te dará estas cosas
Si comparamos los seres producidos con el productor, los que han comenzado a existir con el que existe por siempre, lo creado con lo increado, el ser sin comienzo con aquellos que han recibido la existencia en el tiempo, ¿podrán estos percibir de alguna manera la naturaleza, la grandeza y el modo de su nacimiento? Nunca, si no es en la exacta medida en que el Autor de los seres creados, igual que otorga a cada uno el aliento y la vida, el espíritu (νούς) y la razón, le concede también por amor a los hombres, tanto como conviene, el don de conocerlo a Él. De otro modo, ¿cómo podrías decir que el ser creado por Dios conoce a su propio creador? Fuera de esto no hay medio de conseguirlo, y nadie es en absoluto capaz de ello
[El conocimiento/contemplación de Dios] sobreviene mística e indeciblemente por la gracia de Dios
La gracia divina no opera las iluminaciones del conocimiento si no hay nadie que, a través de una potencia natural, reciba la iluminación
[El conocimiento espiritual,] por la penitencia lo recibimos como una gracia
Nosotros damos testimonio de que Dios es luz; de que aquellos que han sido juzgados dignos de verlo lo han contemplado todos como luz; de que quienes lo han recibido lo han recibido como luz, porque delante de Él camina la luz de su gloria y es imposible que Él aparezca sin luz; de que aquellos que no han visto su luz tampoco lo han visto a Él, porque Él es la luz; de que quienes no han recibido la luz tampoco han recibido todavía la gracia, pues quienes han recibido la gracia han recibido la luz de Dios y a Dios mismo
Puesto que todo hombre posee unos sentidos y una inteligencia (νούς) como facultades naturales de conocimiento, ¿cómo pueden estas facultades permitirnos conocer a Dios, que no es ni sensible ni inteligible? Por ninguna otra vía, ciertamente, que la de los seres sensibles e inteligibles: estas facultades, en efecto, constituyen unos medios para conocer los seres, están limitadas por los seres y manifiestan lo divino a partir de estos seres. Pero aquellos que no poseen solo unas facultades de sensación y de intelección, sino que han obtenido también la gracia espiritual y sobrenatural, no estarán limitados por los seres en su conocimiento, sino que conocerán también espiritualmente, por encima de los sentidos y de la inteligencia, que Dios es Espíritu, pues se convierten por entero en Dios y conocen a Dios en Dios
[Los santos] no adquirieron el verdadero conocimiento de las cosas [divinas] por medio de sus capacidades y sin el auxilio de la gracia del Espíritu
[La gracia de este conocimiento] se concede a aquellos que son dignos de él, en el momento de la oración; tiene su fuente en la oración; no tiene más lugar que este tiempo para habitar en nosotros con toda su gloria, según el testimonio de los Padres. Por eso se le llama oración, debido a que el espíritu es llevado a esta beatitud por la oración, a que la oración es su fuente, y a que tal gracia no tiene lugar en otros momentos, como muestran los escritos de los Padres
¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)
La luz del conocimiento se comunica por medio de la presencia de la luz de la gracia
No es lícito decir que la gracia produjo en los santos automáticamente el conocimiento de los misterios, o sea, sin que las facultades naturales de estos últimos estuvieran dispuestas para recibir este conocimiento
Las cosas divinas vienen solas, tú ignoras la hora
Por la gracia, Dios abraza totalmente a quienes son dignos de ello, y los santos abrazan a Dios en su plenitud
A la vez que permanece enteramente hombre por su naturaleza, en su alma y en su cuerpo, se vuelve enteramente dios en su alma y en su cuerpo, por la gracia y el esplendor divino de la gloria beatificante que le conviene por entero
[La contemplación de la Divinidad] no se da con la naturaleza, sino por la gracia
Los santos ven y reciben en participación el Reino, la gloria, el esplendor, la luz inefable y la gracia divina, pero no la esencia de Dios
La gracia de la oración une al espíritu con Dios y, por eso mismo, lo retira de cualquier otro pensamiento. El espíritu, conversando entonces con Dios, en su desnudez, se vuelve deiforme
La naturaleza humana posee por esencia las facultades de investigación y de búsqueda de las cosas divinas; el Creador le ha dotado de ellas en el momento de su paso a la vida. En cuanto a la revelación de las cosas divinas, la realiza por gracia el poder del Espíritu Santísimo, cuando viene a habitar en nosotros. Pero al principio, por el pecado, el Maligno dejó clavadas estas facultades a la naturaleza de las cosas visibles. De este modo, no había ni un solo hombre para escuchar y buscar a Dios, pues todo lo que participaba de la naturaleza mantenía encerrado el poder de su inteligencia y de su razón en la manifestación de las cosas sensibles, y no poseía ninguna noción de las cosas superiores a los sentidos. Con todo motivo, por tanto, la gracia del Espíritu Santísimo, en aquellos que no se habían sometido deliberadamente al error en su vida interior, restableció el poder que había sido amarrado a las cosas materiales, tras haberlo desatado de ellas. Dotados de esta facultad en su estado original de pureza, estos hombres primero rezaron y buscaron descubrir y conocer con ayuda de la gracia. En consecuencia, pudieron buscar y conocer más profundamente, por la gracia misma del Espíritu