Citas sobre oración — 232 citas

Sobre oración

Aquel cuyo poder, actuando en nosotros, es capaz de hacer bien más allá, infinitamente más allá de todo lo que podemos pedir o concebir

Pablo Apóstol Ef 3, 20

Vuestros pecados son perdonados por la virtud de su Nombre

Juan el Evangelista 1 Jn 2, 12

[El cuerpo] acompaña al impulso del espíritu

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 40, 3

[En toda oración] debemos acusarnos de nuestros pecados ante Dios, con un amargo arrepentimiento, y pedirle que nos cure de la inclinación que nos arrastra al mal y que perdone nuestras faltas pasadas

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 33

Quien escucha los Salmos los recibe como si fueran palabras suyas; los canta como si hubieran sido escritos sobre él, como quien se mira en un espejo.

Atanasio de Alejandría Carta a Marcelino sobre los Salmos, 11–12

Si uno padece una enfermedad o tiene fiebre, su cuerpo está tendido en el lecho, sin poder realizar ninguna de las tareas de esta tierra; pero, al mismo tiempo, la lengua habla de estas tareas, y la mente no permanece en reposo, sino que... se pone en busca del médico y envía a sus amigos a buscarlo. De la misma manera, el alma ha caído, después de la transgresión del mandamiento, en la enfermedad de las pasiones y se ha quedado sin ningún vigor. Pero, si se acerca al Señor, cree obtener su auxilio y reniega de su primera y detestable vida, incluso yaciendo en la enfermedad del pecado sin poder realizar las obras de la vida de verdad, el alma sigue conservando el poder de preocuparse por conservar la vida, de suplicar al Señor, de buscar al verdadero médico

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XX, 8; XXVII, 2, 4

En tu pan se esconde el Espíritu, que no puede ser comido; en tu vino habita el fuego, que no puede ser bebido.

Efrén el Sirio Himnos sobre la fe, 10

[La abstinencia periódica en el matrimonio debe] provenir de un consentimiento mutuo para dedicarse juntos a la oración, la más preciosa de las actividades

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XL, 18

Soportad las tentaciones hasta que las superéis... Ahora bien, el remedio para soportar las tentaciones es que no os desaniméis y que recéis a Dios dándole gracias de corazón y afrontándolo todo con paciencia; así ellas terminarán alejándose de vosotros

Ammonas Ammonas, Cartas, IX, 2

La salmodia serena las almas, procura la paz, calma el tumulto y el oleaje de los pensamientos; suaviza lo que está irritado en el alma y apacigua lo que está desordenado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre el Salmo I, 2, en PG 29, 212C. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 15

[La oración es] directora del coro de las virtudes

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre el objetivo que hay que perseguir según Dios, y sobre la verdadera ascesis, en PG 46, 301D

El car[ácter] propio de la oración es una gravedad respetuosa acompañada de compunción y de dolor del alma en la confesión de sus faltas, hecha [con] secretos gemidos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración

[El tiempo de la oración es aquel en el que podemos] mostrar nuestras heridas al médico y obtener de él la curación completa

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXVII, 5; Homilías sobre la penitencia, IV, 12; Comentario al salmo 3, 3; Comentario a Isaías, I, 5; Comentario a san Mateo, LI, 1; Homilías sobre 1 Timoteo, VIII, 1

[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Agustín de Hipona Confesiones, I, 1

[La oración es] el grito del pecador compungido

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IX, 11

Aunque el cielo y la tierra chocaran, Teodoro no tendría miedo. En efecto, él había rogado a Dios que apartara de él el temor

Teodoro de Fermé Apotegmas, serie alfabética, Teodoro de Fermé, 24

La oración es el antídoto de la tristeza y del desánimo

Nilo de Ancira Apotegmas, serie alfabética, Nilo, 3. Cf. Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 16; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 135

Escapa de la tentación gracias a la paciencia y la súplica

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 98

Lo propio de un hombre amigo de la virtud es consumir sin cesar por el recuerdo de Dios todo lo que hay de terreno en su corazón, a fin de que el mal se disipe poco a poco por medio del recuerdo del bien y el alma vuelva perfectamente a su esplendor natural con un brillo acrecentado

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 97; cf. 102

La caridad es asiduidad junto a Dios en una acción de gracias perpetua

Isaías de Escete Apotegmas, Arm II, 365 (33)

Si se lo pedimos a Cristo, recibiremos fuerza y auxilio contra nuestras angustias

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. Hausherr, 94

Sabemos bien que los que están enfermos siempre tienen necesidad del médico y de sus remedios... Por eso el profeta clamaba: 'Tú eres nuestro refugio de generación en generación' (Sal 89, 1). Y, si Él es nuestro refugio, recordemos que dice: 'Invócame en el [dí]a de la tribulación. Yo te libraré y tú me glorificarás' (Sal 49, 15)

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 424

Si bien es cierto que la Santa Trinidad está presente en todos los seres, no todos los seres residen en Ella. Pero, suplicándole con santas oraciones..., nosotros también residiremos en Ella

Dionisio Areopagita Dionisio Areopagita, Sobre los nombres divinos, III, 1, en PG 3, 680B

Cree que desprecio y ultrajes son remedios contra el orgullo de tu alma, y ruega por aquellos que te maltratan, como si se tratara de verdaderos médicos

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Cartas, 2

[El que reza debe tomar como modelo] el modo como los enfermos que van a ser amputados o cauterizados imploran al cirujano

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 8

Si la potencia concupiscible del alma está excitada con demasiada frecuencia, crea una propensión habitual al placer, de la que costará trabajo deshacerse... El remedio... es la práctica asidua del ayuno, de las vigilias y de la oración

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 70

La oración es la ayuda adecuada contra la enfermedad

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

El mal que traen el olvido y sus consecuencias se cura mediante una vigilancia muy rigurosa de la mente y mediante una continua invocación a nuestro Señor Jesucristo

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 32

[Como verdaderos discípulos de Cristo,] no debemos ocuparnos solo de nosotros mismos, sino también afligirnos y orar por el mundo entero

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Pequeñas Catequesis, 25

Jesús, al que se ha invocado, [es quien] expulsa a los demonios y sus fantasías

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 25 (cf. 26)

Apoya tu barba en el pecho y dirige el ojo corporal con todo el espíritu hacia el medio del vientre, es decir, el ombligo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Método de la santa oración y atención, 164

Los impasibles conocen en la oración un gran silencio y un vacío extremo de representaciones y de pensamientos

Elías el Écdico Elías el Ecdico, Capítulos gnósticos, 76

[Cuando el hombre reza profundamente,] su espíritu empieza a ver [sus] faltas como la arena del mar. Aquí se encuentra el origen de la iluminación del alma y es entonces el signo de su salud

Pedro Damasceno Pedro Damasceno, Libro, I

La caridad es una cierta amistad del hombre con Dios.

Tomás de Aquino Suma teológica, II-II, q. 23, a. 1

Recoge tu espíritu, introdúcelo en tu nariz; es el camino que toma el espíritu para llegar al corazón. Empújalo, oblígalo a bajar hasta tu corazón a la vez que el aire in[spira]do

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de la vigilancia y la guarda del corazón

El remedio para liberar [la] memoria primordial de la memoria perniciosa y mala de los pensamientos, es la vuelta a la simplicidad original... El gran remedio de la memoria es el recuerdo perseverante e inmóvil de Dios en la oración

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sentencias diversas, 62

[La oración es] el lazo que une a las criaturas con su Creador

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tres capítulos sobre la oración y la pureza del corazón, I

[Dios es lo más interior al hombre e incluso] más cercano a él que su propio corazón

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 98

[En el estado caído de la naturaleza, el espíritu] es presa de la perpetua y extrema movilidad

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 19; cf. 24

No es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.

Teresa de Ávila Libro de la vida, cap. 8

Contener moderadamente la respiración atormenta, oprime y, como consecuencia, hace esforzarse al corazón, que no recibe el aire que su naturaleza reclama. En cuanto al espíritu, gracias a este método se recoge más fácilmente y vuelve al corazón, debido... al esfuerzo y al dolor del corazón

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10. Cf. Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración; Cómo debe el hesicasta mantenerse en la oración

La pureza de corazón es querer una sola cosa.

Søren Kierkegaard La pureza de corazón es querer una sola cosa, 1847

Los Padres enseñan que la Oración de Jesús es el resumen de todo el Evangelio

El peregrino ruso Relatos de un peregrino ruso, Segundo relato

Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor tanto en medio de la prueba como en medio de la alegría.

Teresa de Lisieux Historia de un alma, manuscrito C

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios

Pablo Apóstol Rom 12, 1

[El deseo de Dios que se manifiesta en la oración] purifica todas las facultades y potencias del alma y del cuerpo

Clemente de Alejandría

Cuanto más resistimos a sus ataques, tanto más se arma el Maligno contra nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 132

El espíritu está por naturaleza hecho para Dios

Evagrio Póntico

No busquéis refugio junto a los hombres, no pongáis los ojos en un auxilio perecedero; dejad a un lado todo esto y corred con el pensamiento al médico de las almas. El único que puede poner remedio a las heridas de vuestro corazón es Aquel que nos ha hecho a cada uno de nosotros y conoce todas nuestras obras. Basta con gritar desde el fondo de nuestro corazón a Él y ofrecerle nuestras lágrimas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XXX, 5; Homilías sobre la penitencia, IV, 4

Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17

Dicen que en Egipto los hermanos rezan oraciones frecuentes, pero muy breves

Agustín de Hipona Agustín, Cartas, 130, en PL 33, 501D

La oración es el germen de la ausencia de ira

Nilo de Ancira Apotegmas, serie alfabética, Nilo, 2

[La libertad consiste en] la voluntad de un alma razonable, dispuesta a moverse hacia su objeto

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 5

El hecho de invocar a Dios sin interrupción es un remedio que suprime todas las pasiones

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 424

[La actividad circular del espíritu] es su actividad más excelente y más propia

Dionisio Areopagita Dionisio Areopagita, Sobre los nombres divinos, IV, 9. Cf. Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 5

La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

[Dice la oración:] Venid a mí... y hallaréis la curación de vuestras heridas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

¿Sientes tristeza contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión, pues la oración purifica de toda amargura el recuerdo del mal que este hombre te ha causado. Luego, cuando consigas tener caridad y benevolencia para con el prójimo, eliminarás de tu alma todo resto de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

La oración es la muerte de los pensamientos que proceden de la voluntad de la carne. El que reza es como un muerto que está fuera del mundo. Perseverar en la oración es renunciar a uno mismo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 18

[La oración es lo único que otorga al hombre] el conocimiento interior

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 61

El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 22

[Hay que contener un poco el aliento] para no respirar cómodamente

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Método de la santa oración y atención, 164; Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración

Si, a pesar de todos tus esfuerzos, no consigues penetrar en las partes del corazón siguiendo mis indicaciones, haz como te [digo] y, con la ayuda de Dios, lograrás tus fines... Tras haber desterrado de la razón todo pensamiento (tú puedes, basta con que quieras hacerlo), dale el 'Señor Jesucristo, ten piedad de mí' y oblígala a gritar intensamente estas palabras excluyendo cualquier otro pensamiento. Cuando, con el tiempo, hayas dominado esta práctica, ella te abrirá sin duda la entrada del corazón como yo te digo

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de sobriedad

La tormenta de los alientos que sube del corazón oscurece el espíritu y agita el alma, la distrae, la entrega cautiva al olvido, o bien le hace evocar toda serie de cosas a continuación y la arroja insensiblemente a lo que no debe ser

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración

Suplicamos a Dios, no para atraer a Dios a nosotros, pues Él está en todas partes, sino para elevarnos nosotros mismos hasta Él por la invocación que le dirigimos y para volver a Él

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 1, 30

Invocamos el nombre del Dios de bondad con la boca, con el deseo y con el pensamiento, para aplicar a todo aquello por lo cual hemos pecado el remedio saludable

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 101

[La oración saca al espíritu] de su extravío habitual, de su cautividad y su acción

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25

Este esfuerzo y este dolor hacen vomitar [al corazón] el anzuelo envenenado del placer y del pecado que se había tragado. Y, según el adagio de los médicos antiguos, lo contrario cura lo contrario

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10. Cf. Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración-. Cómo debe el hesicasta mantenerse en la oración

[El hombre se encuentra] liberado de la servidumbre de la corrupción

Pablo Apóstol Rom 8, 21

Está escrito: a quien tiene, se le añadirá más...; al conocimiento, la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

El monje adquirirá esta caridad gracias a esa oración

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

La oración hace que el espíritu ejerza la actividad que le es propia

Evagrio Póntico

La oración es un remedio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXVII, 5; Catequesis bautismales, VII, 25

Si un hermano tuyo te injuria o te aflige de algún modo, reza por él como enseñan los Padres, pensando que él te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer. Así se apaciguará tu ira, siendo la caridad, para los santos Padres, un freno de la ira

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

Lo mismo que las heridas que afectan al cuerpo, cuando están como descuidadas y desatendidas, no sienten el remedio que les aplican los médicos, pero una vez limpiadas sienten la acción del remedio por los rápidos progresos que éste les mueve a hacer hacia la curación, lo mismo el alma, mientras está descuidada y velada entera por la lepra de las pasiones, no puede sentir el temor de Dios, aun cuando se la amenace sin tregua con el terrible y poderoso tribunal de Dios. Pero, cuando ha empezado a purificarse mediante la intensidad de su oración, entonces, como un verdadero remedio de vida, siente el temor divino que la quema, como por la acción de los reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 56

Lo mismo que el médico aplica la medicina o la cataplasma sobre la herida del paciente, y se produce su efecto sin que el enfermo sepa cómo, así también el Nombre de Dios, cuando se lo invoca, aniquila las pasiones, aun cuando no sepamos cómo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 424

[En el movimiento circular, el espíritu] no se expande hacia fuera, sino que entra en sí mismo

Dionisio Areopagita Dionisio Areopagita, Sobre los nombres divinos, IV, 9

Está claro que el hombre humilde y piadoso, sabiendo que nada bueno puede hacerse en su alma sin el auxilio y la protección de Dios, jamás deja de invocarlo para que tenga misericordia de él; y quien ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier obra buena que le sea dado realizar... Atribuye a Dios toda buena obra, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de tal auxilio deje aparecer su debilidad e impotencia. De este modo, la humildad le hace orar y la oración le vuelve humilde

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

[La oración es] un remedio soberano para los pecados más grandes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

Tu hermano ha sido para ti una ocasión de dificultad y la tristeza te ha conducido al odio. No te dejes vencer por el odio, sino vence al odio por medio de la caridad. Y he aquí cómo: rogando a Dios sinceramente por él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

Rezamos para adquirir el amor de Dios; [en efecto], hallamos en la oración las causas que nos hacen amar a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35; 69

[En la oración de Jesús,] sin cansarse ni cesar, el alma respira e invoca siempre a Cristo Jesús, el Hijo de Dios y Dios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 100 (cf. 182; 183; 189); 5 (cf. 187: «respirando continuamente a Cristo Jesús»); 196

Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

No se puede adquirir y conservar el perfecto amor a Dios más que en la medida del conocimiento espiritual

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 33; Id., Tratados éticos, V, 130-135

Con el concurso de la oración, desprecia cualquier representación sensible o intelectual que surja de tu corazón

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

[El cuerpo, como el alma,] adquiere el no hacer el mal

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 12; III, 3, 12; Homilías, 12, en PG 150

Los divinos Padres no vieron en esto [el método psico-físico] más que la ayuda para que el espíritu se recogiera, para que volviera a sí mismo, fuera de su habitual agitación, y se prestara atención

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 18; 24

La contención comedida de la respiración sutiliza el corazón duro y espeso. Y los elementos húmedos del corazón, convenientemente comprimidos y calentados, se vuelven así más tiernos, más sensibles, humildes, mejor dispuestos a la compunción, y más aptos para derramar lágrimas con más facilidad. El cerebro, por otra parte, también se sutiliza y, a la vez que él, el acto del es[píritu], que se vuelve uniforme y transparente

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10

[El hombre entra] en la libertad de la gloria de los hijos de Dios

Pablo Apóstol Rom 8, 21

El conocimiento termina en la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

De ella [la oración] procede, en quienes son considerados dignos... la unión de sus disposiciones interiores con el Señor en una caridad inefable

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

La oración es la actividad que corresponde a la dignidad del espíritu, es decir, el [uso] mejor y más adecuado de éste

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 65. Cf. Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 6

La oración es un medicamento de salvación

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 7, 4; Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXVII, 5; Catequesis bautismales, VII, 25; Homilías contra los anomeos, V, 7

Reza noche y día para ser purificado de las pasiones visibles y de las que están ocultas

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 65

La inestabilidad y la inconstancia son unas de las propiedades de la mente humana. Pero Dios puede fortalecer y hacer constantes las cosas más inconstantes. Si no dejas jamás de luchar para detener la movilidad de tu espíritu, Aquel que pone límites a las olas del mar, vendrá a ponérselos a [las] agitaciones de tu alma, y les dirá durante la oración: 'Os permito que llegarais hasta aquí, pero no más lejos' (Job 38, 11). Al hombre le es imposible encadenar la mente, pero, allí donde está el Creador de la mente, todas las cosas le están sometidas a Él

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 17

¿Sientes rencor contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

El amor es el fruto de la oración

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35; 69

Realmente es bienaventurado aquel que con toda la reflexión de su espíritu está adherido a la oración de Jesús y lo llama continuamente en su corazón, como el aire se une a nuestros cuerpos y la llama a los cirios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 100 (cf. 182; 183; 189); 5 (cf. 187: «respirando continuamente a Cristo Jesús»); 196

Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 8

[Mientras el Señor no se ha manifestado,] nosotros no podemos amarlo como es debido

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 130-135

Aunque se presenten ante ti unos conceptos buenos de las cosas, no les prestes atención

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

[La gracia del Espíritu] le concede a él [al cuerpo] también experimentar las cosas divinas, y le permite sentir lo [mismo] que el alma

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, III, 3, 12; II, 2, 12

Recoge tu espíritu fuera de su habitual torbellino y de su vagabundeo, empújalo suavemente al interior del corazón mediante la inspiración, mantén en él la oración: 'Señor Jesucristo, ten piedad de mí'

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25 (cf. 20; 23)

[Hay que aplicar la atención a la oración] permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar en nada, ni sensible ni intelectual, ni exterior ni interior, ni aun cuando se trate de algo bueno. Pues Dios está fuera de todo lo sensible y lo inteligible, por encima de todo ello; por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por medio de la oración debe salir a la vez de lo sensible y de lo inteligible, superar todo esto para obtener la unión divina

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10

Nadie puede decir 'Jesús es Señor' si no es por el Espíritu Santo

Pablo Apóstol 1 Cor 12, 3

[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios

Macario de Egipto Cf. Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

La oración cura la parte apasionada del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 49. Cf. 79

En ella [la oración] está nuestra salvación, el medicamento de nuestras almas y el remedio de los males que se desarrollan en ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 7, 4; Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXVII, 5; Catequesis bautismales, VII, 25; Homilías contra los anomeos, V, 7

Recurre a Dios contra [tus enemigos], poniendo tu impotencia en su presencia, pues Él puede, no solo cerrarles la boca, sino también reducirlos a la impotencia

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 166

Flagela a tus enemigos con el nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo y en la tierra. Cuando te hayas curado de esta enfermedad, glorifica a Aquel que te ha librado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

Contra el resentimiento, reza por aquel que te ha ofendido y serás liberado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

A quien se conoce a sí mismo se le concede el conocimiento de todo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 16

Tantas veces como se multipliquen en nosotros los malos pensamientos, arrojemos en medio de ellos la invocación de nuestro Señor Jesucristo. Veremos entonces cómo se esfuman inmediatamente como el humo en el aire, tal como nos lo ha enseñado la experiencia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 98; 20 (cf. 112; 174)

Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 27

Si queremos descubrir y conocer la verdad sin temor a equivocarnos, procuremos no tener más que la operación del corazón absolutamente sin forma ni figura, no reflejar en nuestra imaginación ni forma ni impresión de las llamadas cosas santas, no contemplar ninguna luz, pues el error, sobre todo al principio, acostumbra a confundir la mente de los menos experimentados con estas fantasías engañosas

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y la oración; Cómo debe el hesicasta comportarse en la oración

[En la oración el cuerpo] regresa a sí mismo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, III, 3, 12; II, 2, 12

Si no tienes compunción, sábete que tienes vanidad

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25

Orad sin cesar

Pablo Apóstol 1 Tes 5, 17

El alma iluminada por el Espíritu... y que ve así por el espíritu la belleza deseada, única e inexpresable, está herida por el amor divino... Entonces adquiere un amor ilimitado e inagotable por el Señor a quien desea

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXVIII, 5
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