Lo mismo que las heridas que afectan al cuerpo, cuando están como descuidadas y desatendidas, no sienten el remedio que les aplican los médicos, pero una vez limpiadas sienten la acción del remedio por los rápidos progresos que éste les mueve a hacer hacia la curación, lo mismo el alma, mientras está descuidada y velada entera por la lepra de las pasiones, no puede sentir el temor de Dios, aun cuando se la amenace sin tregua con el terrible y poderoso tribunal de Dios. Pero, cuando ha empezado a purificarse mediante la intensidad de su oración, entonces, como un verdadero remedio de vida, siente el temor divino que la quema, como por la acción de los reproches, en un fuego de impasibilidad
Traducido del griego