Citas sobre amor a Dios — 142 citas

Sobre amor a Dios

[Las cosas] que no llegaron al corazón del hombre, Dios las ha preparado para quienes le aman

Pablo Apóstol 1 Cor 2, 9

Si uno dice: ‘Amo a Dios’, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano al que ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 20

[Nadie puede] ser hallado capaz de alcanzarlo [el amor] sino aquel a quien Dios le otorga su gracia

Clemente de Roma Clemente de Roma, Carta a los corintios, 50, 2

[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse, 29

A partir de ahora yo no temo a Dios, lo amo; pues el amor echa fuera el temor

Antonio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 32

Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a sí misma, sino atribuirlo todo a Dios... Pues todo lo que el hombre tiene, todos los bienes aparentes por medio de los cuales puede cada uno hacer el bien, la tierra y todo lo que hay en ella, el cuerpo y el alma mismos, todo es de Dios. Su mismo ser no lo tiene el hombre más que por gracia. ¿Qué le queda, por tanto, de lo que pueda razonablemente jactarse o justificarse? Sin embargo, Dios recibe de los hombres esta gracia inmensa, lo que más le complace de todo lo que nosotros le ofrecemos: que el alma refiera únicamente a Dios todo lo bueno que ella puede hacer, todo el trabajo que se toma por Él, todo lo que comprende, todo lo que conoce, y que se lo atribuya todo a Él

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 123

La caridad torna al alma sana

Ammonas Ammonas, Instrucciones espirituales, IV, 60

El amor de Dios no se enseña

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2

[Amando a Dios] nos convertimos de alguna manera en aquello que él es

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés, VIII

La caridad es hija de la impasibilidad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 81 (cf. prólogo, 8)

Hay que tener amor a Dios, y que sea este el que siempre nos mueva a actuar

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, I, 4. Cf. Homilías sobre el Génesis, XXXI, 7

La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, Sobre la perfección de la justicia del hombre, III, 8

[La tercera razón, el amor a Dios,] es propia de Dios y de aquellos que han adquirido su semejanza

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6-7. Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

Nadie puede amar a Dios de corazón, si no ha comenzado por temerlo con todo su corazón; en efecto, purificado por la acción del temor y como ablandada, llega el alma a practicar el amor. Pero no podría llegar completamente al temor de Dios de la forma antes mencionada, si no sale de todas sus preocupaciones temporales; pues, cuando el espíritu ha alcanzado una gran paz y un gran desapego, lo atormenta el temor de Dios, purificándolo con un sentimiento profundo de toda la espesura terrena, para conducirlo así a un gran amor de la bondad de Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16 (cf. 17)

La caridad es asiduidad junto a Dios en una acción de gracias perpetua

Isaías de Escete Apotegmas, Arm II, 365 (33)

[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

Del amor Él es la causa y, en cierto sentido, el productor y engendrador

Dionisio Areopagita Dionisio el Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 14, en PG 3, 712C

[Los santos] ya no realizan la voluntad de Dios por miedo a un castigo..., sino por amor..., temiendo hacer algo contra la voluntad de Aquel a quien aman... Los santos no actúan ya por temor, sino que temen por amor

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

Es casto quien destierra el eros sensual con el eros divino y apaga el fuego de la tierra con el fuego del cielo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Quien ama a Dios, no se entristece contra nadie por motivos de orden temporal. No inspira ni siente más que una tristeza, pero saludable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

La caridad une a aquellos que aman con Dios y a los unos con los otros

Talasio el Libio Talasio, Centurias, I, 1

El amor libera al alma de las enfermedades

Filemón Abba Filemón, Discurso muy útil sobre el Abba Filemón

(En el amor de Dios, el hombre recibe) la fuerza de la confianza (que vence cualquier temor)

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 58 (cf. 21)

Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 109-121 (cf. I, 80-82)

El que ama a Dios, el que considera que no hay nada preferible a su amor y al amor al prójimo, ese conoce también las profundidades de Dios y los misterios de su Reino, como debe conocer aquel que es conducido por el Espíritu divino

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 80

Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma

Elías el Écdico Elías el Écdico, Antología, 32

Cuando tengas en tu alma el estado divino, poseerás realmente a Dios en el interior de ti mismo; y el verdadero estado divino es el amor a Dios, y no sobreviene más que por la práctica de los divinos mandamientos, puesto que él es su principio, su contenido central, y ocupa el primer lugar en ellos; pues el amor es Dios (cf. 1 Jn 4, 8.16) y solo en el amor ha prometido Dios venir, permanecer y manifestarse

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 77

¿Qué es lo que hace a los hombres verdaderamente vivientes, si no es la caridad?

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 108

La sabiduría de Dios, misteriosa y oculta, que Dios, antes de los siglos, había predestinado para nuestra gloria [forma parte de] lo que Dios ha preparado para aquellos que lo aman

Pablo Apóstol 1 Cor 2, 7-10

Si alguno posee bienes del mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra las entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 17

El que ama a Dios, se ama a sí mismo

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11

[Podemos] permanecer adheridos al recuerdo [de Dios] como los niños al de sus madres

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

Por la impasibilidad habéis adquirido todos la caridad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 61 (cf. Tratado para el monje Eulogio, 23)

[El amor de Dios y el amor del prójimo están] unidos y juntos como los eslabones de una cadena

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario sobre san Juan, LXXVII, 1

El amor perfecto pertenece a aquellos que han sido ya purificados

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16

Imaginad un círculo... Imaginad que ese círculo es el mundo; el centro del círculo es Dios, y los radios son los diferentes caminos o maneras de vivir los hombres. Cuando los santos, deseando aproximarse a Dios, van hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior van aproximándose a la vez unos a otros cuanto más se van acercando a Dios. Y entendéis perfectamente que lo mismo pasa a la inversa, cuando se aleja de Dios retirándose hacia el exterior: es, pues, evidente, cuanto más se aleja de Dios más se alejan los unos de los otros, y cuanto más se alejan los unos de los otros más se alejan también y a la vez de Dios. Tal es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en el exterior y no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos aproximamos a él por la caridad para con él cuanto estamos unidos a la caridad del prójimo, y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos a Dios

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VI, 78

Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

Es hermoso y digno de alabanza el amor al prójimo, si la preocupación que ponemos en él no nos distrae del amor a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

A aquellos que dan prueba de amor hacia Él con la observancia de los mandamientos... [Cristo] se manifiesta, como él mismo dijo; por su manifestación les da el Espíritu Santo en persona y, a continuación, por el Espíritu Santo, Él mismo y el Padre moran inseparablemente con ellos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 419s (cf. IV, 573-583)

Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos

Juan el Evangelista 1 Jn 5, 2

Así que amémonos profundamente unos a otros; en efecto, el que ama a su prójimo, ama a Dios; y el que ama a Dios, se ama a sí mismo

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

[Los santos] están absoluta y totalmente orientados [hacia Cristo]

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 212

El amor de este mundo es enemigo de Dios (cf. Sant 4,4). Si nuestro Dios es amor (1 Jn 4, 8)... se sigue que el amor de este mundo malvado es enemigo de la caridad. Por tanto, no es posible adquirir la caridad si no odiamos el mundo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 60

Es ella [la caridad] la que hace que el hombre sea hombre. Y no os sorprendáis que sea propio del hombre el ser caritativo, puesto que es lo propio del mismo Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario sobre san Mateo, LII, 5

Quien se ama a sí mismo no puede amar a Dios, y quien no se ama a sí mismo... ese ama a Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 12

Dichoso aquel que no siente por Dios una pasión menos violenta que la del enamorado por su amada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Es dulce la relación que tenemos con nuestros hermanos espirituales, si al mismo tiempo podemos conservar la relación que nos une a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

No se puede adquirir y conservar el perfecto amor a Dios más que en la medida del conocimiento espiritual

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 33; Id., Tratados éticos, V, 130-135

El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él

Juan el Evangelista 1 Jn 2, 5

[El hombre lleva] la ley del amor depositada en [su] naturaleza

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 1

[Los santos] no tienen ansiosamente ante los ojos otra cosa que no sea el propio Cristo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

La caridad cura el elemento irascible

Evagrio Póntico Cf. Evagrio Póntico, Cartas, 19; Tratado práctico, 38

[El amor] es el remedio de nuestras faltas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3. Cf. Homilías sobre la segunda Carta a Timoteo, II, 1

[La caridad, en su plenitud,] revela que la imagen ha alcanzado plenamente la belleza de aquel a quien se asemeja

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 13; 23

Nadie puede mantener juntos el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4

[Mientras el Señor no se ha manifestado,] nosotros no podemos amarlo como es debido

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 130-135

Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos

Juan el Evangelista 1 Jn 5, 3

[La naturaleza del hombre conserva] la bondad original que forma parte de ella en su primera creación

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 1

[Los santos] se liberan de todo amor del mundo y rompen todo lazo terrestre para ser capaces de no poseer constantemente más que ese solo deseo en su corazón y no mezclar con él cualquier otra cosa

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 172

Las pasiones del alma son suprimidas por el amor espiritual

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 35

[La caridad] reúne a todos los hombres en un solo cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre la perfecta caridad. Cf. Máximo el Confesor, Cartas, 2

La caridad une el alma a las virtudes mismas de Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 1. Cf. Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse. 27

Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3; 4; 7; 58

Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 13; 23

No hay otro camino para el amor espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 1

Si alguno dice ‘yo amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 20-21

[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

[En el amor] no dejaremos nunca de progresar, en el siglo presente o en el siglo futuro

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 38. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 100

‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7

Rezamos para adquirir el amor de Dios. Porque en la oración hallamos los motivos para amar a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

[El amor] es de Dios

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 7

Cuando un alma se eleva hacia el Señor, dirige a él todo su amor, se adhiere con todas sus fuerzas solo a él... se niega a sí misma, no sigue más las apetencias de su espíritu...; al contrario, se entrega totalmente a la palabra del Señor, se aparta, en cuanto es posible, de su propia voluntad, de todo lazo visible y se abandona sin reservas al Señor

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

La caridad es ante todo el rechazo de todo pensamiento inicuo, porque la ‘caridad no piensa mal’ (1 Cor 13, 5)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 8-9

Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 15-16

De la oración pura nace el amor a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 14

Solo obtendrá y poseerá su alma y la caridad del Espíritu celestial aquel que se vuelve extranjero a todas las cosas de este siglo para entregarse a la búsqueda del amor de Cristo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

La caridad y la impasibilidad... no se distinguen más que en el nombre

Juan Clímaco

La caridad nace de la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 2 (cf II, 30; IV, 91). Cf. asimismo Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 1

[Si el hombre] no persevera en la oración, conversando con Dios y pasando por todas las formas sucesivas de oración... no sentirá el amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 12

[El hombre no es capaz de amar de verdad a Dios y al prójimo espontáneamente, sino] gracias a un largo combate

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 13

El tiempo y la práctica de la oración revelan el amor del monje a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 36; XVIII, 8

No te ames a ti mismo y amarás a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 37

El amor de Dios procede por tanto de la relación que se mantiene con él [en la oración]

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 16

Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11 (cf. 13); Homilías, colección II, V, 12

A la manera como el crisol prueba el oro así la práctica de la oración es la prueba del celo del amor de los monjes a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 36; XVIII, 8

Llegar a la posesión habitual de [la] caridad es imposible mientras se mantenga una relación pasional con alguna de las cosas terrenas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

La compasión, cuando se encuentra en tu corazón, es en ti el icono de la santa beldad a cuya semejanza has sido creado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, I («compasión» es el nombre que san Isaac da con frecuencia a la caridad)

Dios es amor

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 16

El monje adquirirá esta caridad gracias a esa oración

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

Nadie puede amar en verdad a Dios y al prójimo si no renuncia a toda adhesión a las cosas del mundo. En verdad, es absolutamente imposible entregarse absolutamente a las cosas materiales y a la vez amar a Dios. Es lo que ha dicho el Señor: ‘Nadie puede servir a dos señores’ (Mt 6, 24)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

El hombre compasivo es el médico de su alma. Como bajo un viento violento expulsa de su interior las tinieblas de las pasiones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 34

De ella [la oración] procede, en quienes son considerados dignos... la unión de sus disposiciones interiores con el Señor en una caridad inefable

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

No ama a Dios aquel que guarda su espíritu apegado a cualquier objeto terreno

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

Cuando llegamos al amor hemos llegado a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios

Macario de Egipto Cf. Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

[La mayoría de los motivos del amor está] viciada por la pasión y lejos, por tanto, de la verdadera caridad

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 9

Si no conoces a Dios, no es posible que su amor viva en ti. Y no puedes amar a Dios si no lo ves

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 2; 4, passim; Discursos ascéticos, 73

Es conforme a la naturaleza del alma creada por Dios el que le ame

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

Las pasiones grabadas en su alma [la del que no es impasible] oscurecen su juicio

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 92

El amor es hijo del conocimiento

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 16; 38

El alma iluminada por el Espíritu... y que ve así por el espíritu la belleza deseada, única e inexpresable, está herida por el amor divino... Entonces adquiere un amor ilimitado e inagotable por el Señor a quien desea

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXVIII, 5

Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 11

El que ama sinceramente a Dios ora también absolutamente sin distracción, y el que ora sin ninguna distracción ama también sinceramente a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 1 (cf. 7)

Ella sola [la caridad] hace ver que el hombre es a imagen del Creador

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

[Hay que] tener plenamente orientados hacia lo divino [las pasiones y los pensamientos]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 8; Cuestiones a Talasio, prólogo

Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55

[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 49
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