Nadie puede amar a Dios de corazón, si no ha comenzado por temerlo con todo su corazón; en efecto, purificado por la acción del temor y como ablandada, llega el alma a practicar el amor. Pero no podría llegar completamente al temor de Dios de la forma antes mencionada, si no sale de todas sus preocupaciones temporales; pues, cuando el espíritu ha alcanzado una gran paz y un gran desapego, lo atormenta el temor de Dios, purificándolo con un sentimiento profundo de toda la espesura terrena, para conducirlo así a un gran amor de la bondad de Dios
Traducido del griego