Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos
[Nadie puede] ser hallado capaz de alcanzarlo [el amor] sino aquel a quien Dios le otorga su gracia
[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación
El que ama a Dios, se ama a sí mismo
Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero
La caridad torna al alma sana
El amor de Dios no se enseña
[Amando a Dios] nos convertimos de alguna manera en aquello que él es
La caridad es hija de la impasibilidad
[El amor de Dios y el amor del prójimo están] unidos y juntos como los eslabones de una cadena
La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad
El amor perfecto pertenece a aquellos que han sido ya purificados
La caridad es asiduidad junto a Dios en una acción de gracias perpetua
[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad
Del amor Él es la causa y, en cierto sentido, el productor y engendrador
Imaginad un círculo... Imaginad que ese círculo es el mundo; el centro del círculo es Dios, y los radios son los diferentes caminos o maneras de vivir los hombres. Cuando los santos, deseando aproximarse a Dios, van hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior van aproximándose a la vez unos a otros cuanto más se van acercando a Dios. Y entendéis perfectamente que lo mismo pasa a la inversa, cuando se aleja de Dios retirándose hacia el exterior: es, pues, evidente, cuanto más se aleja de Dios más se alejan los unos de los otros, y cuanto más se alejan los unos de los otros más se alejan también y a la vez de Dios. Tal es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en el exterior y no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos aproximamos a él por la caridad para con él cuanto estamos unidos a la caridad del prójimo, y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos a Dios
[En el amor] no dejaremos nunca de progresar, en el siglo presente o en el siglo futuro
[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios
La caridad une a aquellos que aman con Dios y a los unos con los otros
El amor libera al alma de las enfermedades
Es hermoso y digno de alabanza el amor al prójimo, si la preocupación que ponemos en él no nos distrae del amor a Dios
Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad
El que ama a Dios, el que considera que no hay nada preferible a su amor y al amor al prójimo, ese conoce también las profundidades de Dios y los misterios de su Reino, como debe conocer aquel que es conducido por el Espíritu divino
Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma
¿Qué es lo que hace a los hombres verdaderamente vivientes, si no es la caridad?
El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él
Así que amémonos profundamente unos a otros; en efecto, el que ama a su prójimo, ama a Dios; y el que ama a Dios, se ama a sí mismo
[Los santos] están absoluta y totalmente orientados [hacia Cristo]
[Podemos] permanecer adheridos al recuerdo [de Dios] como los niños al de sus madres
Por la impasibilidad habéis adquirido todos la caridad
Es ella [la caridad] la que hace que el hombre sea hombre. Y no os sorprendáis que sea propio del hombre el ser caritativo, puesto que es lo propio del mismo Dios
Quien se ama a sí mismo no puede amar a Dios, y quien no se ama a sí mismo... ese ama a Dios
La caridad es ante todo el rechazo de todo pensamiento inicuo, porque la ‘caridad no piensa mal’ (1 Cor 13, 5)
Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo
Es dulce la relación que tenemos con nuestros hermanos espirituales, si al mismo tiempo podemos conservar la relación que nos une a Dios
Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos
[El hombre lleva] la ley del amor depositada en [su] naturaleza
[Los santos] no tienen ansiosamente ante los ojos otra cosa que no sea el propio Cristo
Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]
El amor de este mundo es enemigo de Dios (cf. Sant 4,4). Si nuestro Dios es amor (1 Jn 4, 8)... se sigue que el amor de este mundo malvado es enemigo de la caridad. Por tanto, no es posible adquirir la caridad si no odiamos el mundo
[El amor] es el remedio de nuestras faltas
[La caridad, en su plenitud,] revela que la imagen ha alcanzado plenamente la belleza de aquel a quien se asemeja
La caridad y la impasibilidad... no se distinguen más que en el nombre
Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva
Nadie puede mantener juntos el amor de Dios y el deseo del mundo
Si alguno dice ‘yo amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano
[La naturaleza del hombre conserva] la bondad original que forma parte de ella en su primera creación
[Los santos] se liberan de todo amor del mundo y rompen todo lazo terrestre para ser capaces de no poseer constantemente más que ese solo deseo en su corazón y no mezclar con él cualquier otra cosa
Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina
La caridad cura el elemento irascible
[La caridad] reúne a todos los hombres en un solo cuerpo
La caridad une el alma a las virtudes mismas de Dios
El tiempo y la práctica de la oración revelan el amor del monje a Dios
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
No hay otro camino para el amor espiritual
[El amor] es de Dios
[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad
[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud
Las pasiones del alma son suprimidas por el amor espiritual
A la manera como el crisol prueba el oro así la práctica de la oración es la prueba del celo del amor de los monjes a Dios
Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios
Rezamos para adquirir el amor de Dios. Porque en la oración hallamos los motivos para amar a Dios
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos
Cuando un alma se eleva hacia el Señor, dirige a él todo su amor, se adhiere con todas sus fuerzas solo a él... se niega a sí misma, no sigue más las apetencias de su espíritu...; al contrario, se entrega totalmente a la palabra del Señor, se aparta, en cuanto es posible, de su propia voluntad, de todo lazo visible y se abandona sin reservas al Señor
La caridad nace de la impasibilidad
De la oración pura nace el amor a Dios
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros
Solo obtendrá y poseerá su alma y la caridad del Espíritu celestial aquel que se vuelve extranjero a todas las cosas de este siglo para entregarse a la búsqueda del amor de Cristo
No te ames a ti mismo y amarás a Dios
[Si el hombre] no persevera en la oración, conversando con Dios y pasando por todas las formas sucesivas de oración... no sentirá el amor
El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él
[El hombre no es capaz de amar de verdad a Dios y al prójimo espontáneamente, sino] gracias a un largo combate
Llegar a la posesión habitual de [la] caridad es imposible mientras se mantenga una relación pasional con alguna de las cosas terrenas
El amor de Dios procede por tanto de la relación que se mantiene con él [en la oración]
Dios es amor
Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros
Nadie puede amar en verdad a Dios y al prójimo si no renuncia a toda adhesión a las cosas del mundo. En verdad, es absolutamente imposible entregarse absolutamente a las cosas materiales y a la vez amar a Dios. Es lo que ha dicho el Señor: ‘Nadie puede servir a dos señores’ (Mt 6, 24)
La compasión, cuando se encuentra en tu corazón, es en ti el icono de la santa beldad a cuya semejanza has sido creado
El monje adquirirá esta caridad gracias a esa oración
No ama a Dios aquel que guarda su espíritu apegado a cualquier objeto terreno
El hombre compasivo es el médico de su alma. Como bajo un viento violento expulsa de su interior las tinieblas de las pasiones
De ella [la oración] procede, en quienes son considerados dignos... la unión de sus disposiciones interiores con el Señor en una caridad inefable
[La mayoría de los motivos del amor está] viciada por la pasión y lejos, por tanto, de la verdadera caridad
Cuando llegamos al amor hemos llegado a Dios
[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios
Las pasiones grabadas en su alma [la del que no es impasible] oscurecen su juicio
Es conforme a la naturaleza del alma creada por Dios el que le ame
Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura
El que ama sinceramente a Dios ora también absolutamente sin distracción, y el que ora sin ninguna distracción ama también sinceramente a Dios
Ella sola [la caridad] hace ver que el hombre es a imagen del Creador
[Hay que] tener plenamente orientados hacia lo divino [las pasiones y los pensamientos]
Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales
[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino
[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas
[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios
[Las pasiones] se fortalecen por el uso desordenado de nuestras propias potencias: racional, irascible y concupiscible
Era necesario que la razón, en lugar de ignorarla, se orientase hacia Dios por la búsqueda exclusiva del conocimiento; que la concupiscible, por la de la filautía, dirigiera su deseo solo hacia Dios, que la irascible, vacía de tiranía, emprenda el combatir por Dios solo y que fuera creada la divina y bienaventurada caridad que se forma de ellos y por el que ellos son
El precepto de la caridad [es] el remedio que el Señor ha dado para la parte irascible del alma
Si amamos sinceramente a Dios nuestra caridad misma supera nuestras pasiones
Llegado a la caridad y a la benevolencia para con el prójimo eliminarás de tu alma toda traza de pasión
Al eliminar la filautía por medio de la caridad, aquel que se muestra digno de Dios elimina al mismo tiempo la multitud de vicios que no tiene detrás de sí otro fundamento ni otra causa que los sustente
Las pasiones que subyugan el espíritu y lo atan a los objetos materiales lo separan de Dios ocupándolo por completo con esos objetos. Pero si el amor de Dios toma la delantera rompe todos esos lazos
[La caridad] reúne lo que está dividido, crea de nuevo al hombre en la unidad de pensamiento y de acción
Unificar por la verdadera fe y el amor espiritual a aquellos que el vicio ha arrojado en múltiples divisiones, ese es el designio de la providencia divina
[Por la caridad,] así como todos nosotros tenemos una misma naturaleza, así también podemos tener un mismo sentimiento y una misma voluntad en relación con Dios y de los unos con los otros, sin que nada ni nadie pueda apartarnos de Dios o a unos de los otros
Por ella [la caridad], cada uno se deshace deliberadamente de sí mismo apartándose de las nociones y de las peculiaridades que cada uno concibe aparte sobre sí mismo, y va a reunirse en una sola y única simplicidad e identidad por la que cada uno no posee ya nada que lo distinga de aquello que es común, sino en donde cada uno es para cada uno, todos para todos y para Dios más que los unos para los otros
[La caridad] iguala y nivela toda desigualdad y diferencia de sentimiento
[La caridad] conduce a esa laudable desigualdad por la que cada uno atrae hacia sí deliberadamente al prójimo y lo prefiere más que a sí mismo al nivel al que antes se sentía presionado a alejarse de él y a colocarse delante de él
Teniendo [en la caridad] una misma alma, los hombres conocen los corazones unos de los otros
Quien posee la caridad posee a Dios
La caridad, es, pues, un gran bien, el primero de los bienes, el bien supremo; ella, que tiende a hacer aparecer a un hombre como el creador de los hombres por la exacta semejanza en el bien con Dios, en la medida en que esto es posible para un ser humano
Nada hay en realidad más deiforme que la caridad..., nada que eleve más a los hombres a la deificación
Ella [la caridad] une a Dios y hace que el que ama se asemeje a Dios
[La caridad perfecciona la naturaleza humana hasta hacerla] aparecer en unidad e identidad con la naturaleza divina en la gracia
De ellas y por ellas [las virtudes] se forma la gracia de la caridad que conduce, deificada, hacia Dios al hombre que él ha creado
Me parece ser una sola y misma cosa alabaros, a Vos y a la virtud, y alabar a Dios que os concede el esplendor de la virtud que, por gracia, os deifica en Dios, haciendo desaparecer las marcas propias del hombre, a la vez que ella en vosotros hace a Dios hombre por condescendencia, dándoos asumir, en cuanto le es posible al hombre, las propiedades divinas