Citas sobre conversión — 131 citas

Sobre conversión

No hagáis de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino ofreceos a Dios como vivientes que han vuelto de la muerte y haced de vuestros miembros armas de justicia al servicio de Dios

Pablo Apóstol Rom 6, 13

Que el Señor vino como médico de los enfermos, Él mismo lo atestigua... ¿Cómo se restablecerán quienes se encuentran mal?... ¿Perseverando en las mismas disposiciones? ¿No será, por el contrario, aceptando un profundo cambio y giro en su antigua forma de vivir que les ha acarreado una enfermedad no banal y numerosos pecados?

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 5, 2

Todo acto contrario al Verbo es una falta

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, XIII, 101, 1-2

[El hombre virtuoso utiliza la potencia irascible para] defender amorosamente el objeto [divino] de su búsqueda

Orígenes Cf. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, XVII; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 23

La virtud no está lejos de nosotros, no se forma fuera de nosotros, se realiza en nosotros... La virtud no necesita más que nuestra buena voluntad, ya que está en nosotros y se forma en nosotros

Antonio el Grande Atanasio de Alejandría, Vida de Antonio, XX

Igual que por el pensamiento se han apartado de Dios y se han hecho dioses de la nada, los hombres pueden por el espíritu que está en su alma elevarse a Dios y volver de nuevo hacia Él

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 34

Las potencias del alma se vuelven instrumentos del vicio o de la virtud, según las diferentes disposiciones del hombre que actúa. Si se sirve de las facultades de desear para sumergirse en los placeres sensibles se volverá infame y abominable; si, por el contrario, se sirve de ellas para inflamarse en el amor de Dios y de Nuestro Salvador Jesucristo, todos sus deseos serán virtuosos y él merecerá una felicidad eterna

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

[Recuperamos el Bien de Dios] todas las veces que volvemos nuestra razón hacia Él

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 2

Si la muerte viene después que la vida, y la enfermedad después que la salud, es evidente que la maldad viene después que la virtud

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 41

Depende, por tanto, de nosotros el que nuestros miembros sirvan al pecado o a la justicia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, IV, 5

Una es la naturaleza de todas las virtudes, aunque parezcan divididas en numerosas especies de distintos nombres

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 11

El apetito concupiscible (επιθυµία) tiene muchas ventajas...: gracias [a él] deseamos apasionadamente ver al Señor que está en los cielos, tendemos a la virtud, y, sin embargo, seguimos con nuestra vida y tomamos alimento y bebida; gracias a él también aumenta la raza por medio de la procreación

Teodoreto de Ciro Teodoreto de Ciro, Terapéutica de las enfermedades helénicas, V, 77

Aquel que, por celo por la religión, usa sabiamente la ira, será sin ninguna duda hallado de mayor valor en la balanza de la retribución que aquel que, por inercia, nunca ha sentido ira

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Centuria, 62

[No se trata de extirpar todos los deseos, sino de extirpar] los deseos según la carne

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, II, 4

[Vivir según la virtud es] recuperar el estado propio, volver a la salud igual que, después de una enfermedad de los ojos, se recobra la vista normal, o la salud propia y natural después de cualquier otra enfermedad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 122

No es raro que algunas personas se dispongan a luchar con convicción contra ciertos vicios, pero olvidan superar otros; al no resistirse a estos últimos, vuelven a encontrarse con aquellos que ya habían logrado superar... Así pues, los vicios retienen a aquel que quiere huir de ellos gracias a una especie de pacto de asistencia mutua: se diría que recuperan bajo su yugo a aquel que habían perdido, y que se lo pasan de uno a otro para vengarse. Sí, para los pecadores, ‘sus caminos giran sobre sí mismos’: cuando pueden levantar un pie porque han conseguido vencer un tipo de pecados, otro vicio toma el poder, y se enredan de nuevo en el que habían logrado eliminar

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, VII, 28

El que quiere adquirir una virtud no puede lograrlo si no empieza por sentir horror por el vicio que le es contrario

Juan Mosco Juan Mosco, El prado espiritual, 187

El amor a las delicias y los placeres se transforma en amor a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

El uso racional o irracional que hacemos de las cosas es lo que nos hace virtuosos o perversos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 92 (cf. III, 1; 3)

La virtud es de modo natural la salud del alma y las pasiones son su enfermedad... Está claro que la salud existe en la naturaleza antes de la irrupción de la enfermedad. Si esto es así, y es la verdad misma, la virtud está de modo natural en el alma. Y lo que viene a continuación está fuera de su naturaleza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

La ascesis y sus dificultades se conciben, no para adquirir la virtud como si esta última fuera algo que procede del exterior, sino, por el contrario, para expulsar de uno mismo las pasiones antinaturales venidas de fuera; del mismo modo, la herrumbre del hierro no le es natural, sino que procede de la negligencia; con un poco de esfuerzo, nosotros la quitamos y sacamos a la luz el brillo natural del fuego

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 14

A medida que el sol se levanta, la oscuridad retrocede y se desvanece; del mismo modo cuando brilla la virtud, la maldad es expulsada como una oscuridad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XVII, 15s

Es preciso invertir las potencias del alma mediante el esfuerzo del arrepentimiento y la tensión de la ascesis, y volverlas tal como Dios nos las dio al principio, cuando creó a Adán

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 17

El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.

Francisco de Asís Testamento, 1-3

[La parte racional del alma recobra su verdadera vida cuando sirve al hombre para] dedicarse a las contemplaciones divinas y para cantar himnos de acción de gracias a Dios

Gregorio Palamas

El alma perfecta es el alma en la cual la potencia de las pasiones está vuelta por completo hacia Dios

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 66

Si antaño ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden, de modo que os entregasteis al desorden, lo mismo ahora ofrecedlos a la justicia para santificaros

Pablo Apóstol Rom 6, 19

[La vida y la muerte espirituales] se ceden mutuamente el sitio, y una y otra no podrían permanecer en el mismo lugar, sino que la una es expulsada por la otra y, por el hecho de estar una presente, se destruye la otra

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 12, 1

La virtud es una disposición del alma que concuerda con el Verbo en la vida entera... El comportamiento del cristiano es la actividad de un alma de acuerdo con el Verbo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, XIII, 101, 1-2

[El hombre virtuoso utiliza la potencia irascible para] volverse ajeno al mal para unirse a Dios

Orígenes Cf. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, XVII; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 23

Si el alma conserva su parte inteligente conforme a la naturaleza, se forma la virtud. Es conforme a la naturaleza cuando permanece tal como ha sido hecha, pues ha sido hecha hermosa y recta... Para el alma, ser recta es tener la inteligencia conforme a la naturaleza, tal como fue creada; pero cuando se desvía y se distorsiona respecto a la naturaleza, entonces hablamos de vicio del alma. La cosa, pues, no es difícil: si permanecemos tal como hemos sido hechos, estamos en la virtud

Antonio el Grande Atanasio de Alejandría. Vida de Antonio, 20

Si hacéis buen uso de la ira y la utilizáis de modo razonable, se transformará en fuerza, en paciencia y en constancia; pero si abusáis de ella, se convertirá en furia y en frenesí

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

A la inversa, si la razón impone su dominio a sus mociones [irracionales], da a cada una de ellas la forma de la virtud

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XVIII

[La potencia de desear debe estar] inclinada por completo hacia el Señor

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, IV, 73

El que ha vencido en un punto mostrará así que no posee perfectamente ninguna virtud... Por altas que sean las murallas y más sólidamente cerradas estén las puertas que protegen una ciudad, la traición de una sola poterna, aun muy pequeña, la entregará al pillaje

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 11

Aquel que quiere alcanzar la conformidad con la naturaleza arranca todos sus deseos según la carne hasta establecerse en su estado natural

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, II, 4

El que quiera salvarse debe, además de no hacer el mal, hacer el bien

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

Cada virtud tomada por separado es tanto más débil cuanto más defectuosas son las demás

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, VII, 28

Aquellos que han emprendido la subida al cielo necesitan hacerse violencia a ellos mismos y sufrir sin cesar.... hasta que el amor a las delicias y los placeres a los que se habían acostumbrado y la insensibilidad de su corazón se transforman en un verdadero amor a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

Ninguna criatura de Dios es mala

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

Nos volvemos peores mediante la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

La conversión, el paso de lo antinatural a lo conforme a la naturaleza, se realiza mediante la ascesis y los sufrimientos

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30

Su crecimiento espiritual prosigue cada día, eliminando cualquier resto de infantilismo y progresando hacia la perfección cumplida del hombre. Por eso, las potencias y las energías de su alma van cambiando según su edad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 111-115

Si la irascibilidad, el deseo y la razón de la inteligencia se mantienen y se mueven por sí mismas según la naturaleza, hacen que todo el hombre se vuelva divino, semejante a Dios, y marche de un modo sano y sin apartarse en nada de su camino natural

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 16

Por la autoridad del espíritu fijamos su ley a cada potencia del alma, y a cada miembro del cuerpo que le conviene

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 23

Una virtud depende de otra

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 11

[Para estar purificado para toda buena obra, el hombre debe] conservarse sin pecado

Pablo Apóstol 2 Tim 2, 21

Si la muerte, al apoderarse del hombre, ha expulsado de él la vida y ha hecho de él un muerto, con cuanta más razón la vida, al apoderarse del hombre, expulsará la muerte y volverá al hombre vivo

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 12, 1

Como las pasiones son una úlcera de la verdad, hay que reducirlas a la nada extirpándolas mediante la amputación

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, I, VIII, 64, 3

[El] Espíritu de conversión acude en ayuda [de aquellos que emprenden el camino de la conversión]

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 2

Para la parte racional hay que hacer el mismo razonamiento; cuando uno lo usa bien, se vuelve sabio y prudente; pero, si uno se sirve de su razón para perjudicar a su prójimo, se vuelve astuto, perverso y malévolo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

Todas estas mociones [del alma], dirigidas desde arriba por la actividad superior del espíritu, se vuelven conformes a la belleza de la imagen divina

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XVIII

[Los hombres virtuosos] amordazan todas las pasiones irracionales del cuerpo y arrancan los vicios del alma por la participación en el bien

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, prólogo, 6

Cualquiera que sea la diversidad que presenten los vicios en su origen y su modo de consumarse, los seis primeros, o sea, gastrimargía, lujuria, filargiria, ira, tristeza y acedia, están ligados unos a otros por una suerte de parentesco y, por así decir, de encadenamiento mutuo, de modo que la abundancia de uno se convierte en el principio del siguiente; el desbordamiento de la gastrimargía produce necesariamente la lujuria; la lujuria, la filargiria; la filargiria, la ira; la ira, la tristeza; la tristeza, la pereza. Por eso se ha de emplear contra ellos una sola y misma táctica, que consiste en comenzar por el precedente la lucha contra el siguiente... Así, para vencer la acedia es preciso superar primero la tristeza; para superar la tristeza, expulsar la ira; para expulsar la ira, pisotear la filargiria; para pisotear la filargiria, extirpar la lujuria; para extirpar la lujuria, reprimir la gastrimargía. Los dos últimos vicios, la cenodoxia y el orgullo, están también unidos entre sí del modo que acabamos de explicar: el incremento del primero da origen al segundo, la exuberancia de la cenodoxia enciende la hoguera del orgullo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 10

Hemos desterrado las virtudes e introducido en su lugar las pasiones. Debemos igualmente hacer un esfuerzo, no solo para expulsar las pasiones, sino también por reintroducir las virtudes y restablecerlas en su lugar propio

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 134

Una virtud aislada de las otras es, o bien una virtud que no existe, o bien, en todo caso, una virtud que está aún muy lejos de la perfección

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, VII, 28

Yo he visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor las llevó a arrepentirse, dirigieron todo su amor al Señor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

Las pasiones se instalan en las potencias de nuestra alma: concupiscible, irascible y racional, en la medida en que hacemos mal uso de ellas... Su buen uso, por el contrario, produce [las virtudes]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

Mediante la inteligencia nos volvemos mejores

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

[La terapéutica] no consiste en hacer morir la parte apasionada, sino en transferirla del mal al bien, en dirigirla en su misma constitución hacia las cosas divinas, tras apartarla completamente del mal y volverla hacia el bien

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Abandonad vuestro anterior modo de vida y despojaos del hombre viejo que va a corromperse siguiendo deseos engañosos, para renovaros mediante una transformación espiritual de vuestra inteligencia y revestiros del Hombre Nuevo, que ha sido creado según Dios, en la justicia y la santidad de la verdad

Pablo Apóstol Ef 4, 22-24

Nada es más urgente que separarnos primero de las pasiones y de las enfermedades

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, II, 4, 2

[El Espíritu de conversión] se pone en la delantera para hacer más leve el combate y suave la obra de su conversión

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 2

[Si el hombre] se sirve de las facultades concupiscibles para sumergirse en los placeres sensibles, se volverá infame y abominable; si, por el contrario, se sirve de ellas para inflamarse en el amor de Dios y de Nuestro Salvador Jesucristo, todos sus deseos serán virtuosos y merecerá la felicidad eterna

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

En lo referente a esta aspiración insaciable, poderosa y sin límites, que se halla en todas las almas, si alguno la aplica a desear según Dios, será declarado bienaventurado por esta codicia

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 3

La virtud por naturaleza es una, pero toma una forma específica en cada una de las potencias del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 98

El incremento de uno produce el siguiente, y si disminuye su fuerza, nos libra de él. De acuerdo con este principio, para desterrar el orgullo debemos antes ahogar la cenodoxia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 10

El alma no accede de una sola vez a la cima; es conducida por tramos sucesivos hasta las alturas de la virtud...; nuestro progreso se realiza, pues, por grados

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXII, 20

Aquel que ha derrumbado por el Espíritu de Dios las tres pasiones, ha destruido también las cinco; pero el que descuida vencer aquellas, no superará ninguna

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 2. Cf. Evagrio Póntico, De los distintos malos pensamientos, 1, en PG 79, 1200D

El hombre depravado sigue las codicias y los impulsos de la carne, mientras que el virtuoso... se esfuerza por dirigir hacia el bien los movimientos de este género que experimenta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 56 y Cuestiones a Talasio, 1, en PG 90, 269BC

Lo que Dios quiere es el cambio de la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

Con esta facultad del alma es con la que amamos y con la que nos apartamos, con la que nos unimos o con la que permanecemos extraños. Los que aman el bien realizan, pues, una transposición (µετάθεσις) de esta facultad y no la hacen morir; no la encierran dentro de ellos mismos sin permitirle el menor movimiento, sino que la hacen actuar en el amor hacia Dios y el prójimo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Esforcémonos por pecar lo menos posible

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, II, 4, 2

[El Espíritu de conversión] les muestra las vías de la ascesis, corporal e interior, cómo convertirse y permanecer en Dios, su Creador, que vuelve perfectas sus obras

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 2

No tendremos nunca el horror que debemos sentir por el pecado, si no nos anima la indignación de la ira

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

El deseo es una excelente bestia de carga que lleva al alma sobre su lomo y la conduce hacia las alturas cuando es dirigido hacia los bienes de arriba por las riendas de la razón

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 3

[Hay que] tener cuidado, al embarcarse, de no extraviarse y naufragar, y empeñarse en practicar igualmente todas las virtudes, porque ellas se mantienen unas a otras, y la inteligencia se ve traicionada habitualmente por el lado de la que flaquea

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, El gnóstico, 109

El orden que hay que seguir en la lucha no es idéntico para todos

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 13; 27; cf. 14

Las santas virtudes se asemejan a la escala de Jacob... Pues las virtudes, como cada una lleva a la siguiente, conducen hasta el cielo a quien las escoge

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 1

Los hombres fervorosos se sirven de estas pasiones, ciertamente no de estas pasiones en cuanto tales, sino de la energía, de la potencia que les sirve de base, por una parte, para hacer desaparecer el mal presente o futuro; por otra parte, para adquirir y conservar la virtud y el conocimiento, a ejemplo de los sabios médicos, que transforman en medicamento el veneno mismo de la víbora. Para concluir, las pasiones se vuelven buenas en razón de su uso para quien es capaz de someter a la obediencia de Cristo todo su pensamiento y toda su voluntad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 56 y Cuestiones a Talasio, 1, en PG 90, 269BC

Solo tal cambio [de la inteligencia] puede... llegar ante Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

[El hombre curado de las enfermedades espirituales es] aquel que ha sometido sus apetitos irascible y concupiscible, que constituyen juntos la parte apasionada del alma, a las facultades de conocimiento, de juicio y de razonamiento de esta misma alma, igual que las personas apasionadas someten su razón a las pasiones

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Una es la potencia de la virtud

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, I, 20; II, 18

[La ira] le sirve al alma de resorte y le inspira fuerza, valentía y constancia para llevar a cabo una empresa; proporciona vigor y firmeza al espíritu...

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

Nuestra alma apartará su potencia de amar de los bienes corporales para dirigirla a la contemplación espiritual e inmaterial de lo Bello

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, V

[Existe el riesgo de naufragar si se parte] sin dirección en la guerra contra las fuerzas opuestas... a las virtudes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Escolios a los Proverbios, XXIV, 6

El ataque no se realiza de la misma manera, así que cada uno tendrá que ordenar el combate según qué enemigo le presione más. Uno deberá luchar primero contra el vicio listado en tercer lugar; otro, contra el cuarto o el quinto. Así pues, debemos establecer nuestra táctica según el vicio que ocupa en nosotros el primer lugar y según exige el modo de atacarlo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 13; 27; cf. 14

La perfección activa consiste en dos puntos: el primero es conocer la naturaleza de los vicios y el método para curarlos; el segundo es discernir el orden de las virtudes y adecuar... nuestra alma a su perfección

Juan Clímaco Juan Casiano, Conferencias, XIV, 10

Por la razón, en lugar de la ignorancia, debemos ponernos a la búsqueda de Dios solo en la vía del conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2, en PG 91, 397B

Si no se purifica de toda pasión, el alma no se cura de las enfermedades del pecado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68; 86

[El hombre curado] practicará las virtudes correspondientes con la parte apasionada del alma, que actuará en conformidad con el objetivo que Dios le propuso al crearla

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Las virtudes se acompañan recíprocamente

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, I, 20; II, 18

Cuando la ira está sometida a la razón, hay que amarla tanto como se la debe odiar cuando es irracional

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

Cuando la razón ejerce su hegemonía..., el impulso del deseo nos procura un placer divino y sin mezcla

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, 45

Es necesario, por tanto, guerrear con método contra los adversarios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Escolios a los Proverbios, XXIV, 6

La conversión exige mucha humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

Es posible ‘volver lógicas’ las facultades irracionales del alma, me refiero a la irascibilidad y el deseo, y armonizarlas con el espíritu mediante la razón

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua, 6, en PG 91, 1068A

Las pasiones son un muro delante de las virtudes escondidas del alma. Si no comienzan por caer..., las virtudes ocultas en el interior no se dejan ver... Nadie ve el sol en las tinieblas, ni la virtud del alma mientras permanece en él la turbación de las pasiones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68; 86

[Si el hombre destruyera la parte apasionada de su alma,] no habría en él ningún movimiento ni acción para adquirir un estado divino, unas relaciones con Dios y unas disposiciones divinas del espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Esta vuelta del alma al estado que le es propio y natural es un despojarse de todo elemento extraño

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 2

Pasión de amor censurable [es] la que ocupa el espíritu con las realidades materiales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

Al rico que le preguntaba para saber cómo heredar la vida eterna, el Señor dijo claramente: ‘Guarda los mandamientos’ (Lc 10, 25). Y cuando él le preguntó cuáles eran los mandamientos, le respondió que primero se alejara de las malas obras

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

[Al someter la parte apasionada, el hombre podrá] marchar como conviene a Dios y tender hacia Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

[Poseemos] el objeto buscado por la exclusión progresiva de su contrario

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 4

Pasión de amor elogiable [es] la que lo une [al espíritu] con lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

Las virtudes se suceden una a la otra, para que seguir su camino no nos resulte una carga demasiado pesada, y para que podamos alcanzarlas en su orden

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

Los hombres que poseen la pasión de lo Bello no hacen morir la parte apasionada de su alma, encerrándola dentro de ellos mismos y dejándola sin actividad ni movimiento, pues entonces dejarían de poseer el órgano necesario para amar el bien y odiar el mal y tampoco tendrían ya el medio para volverse ajenos al mal y unirse a Dios. Lo que ellos hacen es que mueran las relaciones de esta potencia con las cosas malvadas; dirigen toda la potencia hacia el amor a Dios, conforme al primer y gran mandamiento: ‘Amarás al Señor tu Dios con toda tu fuerza’ (Mc 12, 30), es decir, con toda tu potencia. ¿Qué potencia? La potencia de la parte apasionada, evidentemente

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 23; III, 3, 15

Las virtudes no están aisladas unas de otras y es estrictamente imposible adquirir una sin alcanzar también las demás; si una virtud entra en alguien, necesariamente le siguen las otras

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XV, 2

En el hombre cuyo espíritu está vuelto por entero hacia Dios, hasta la codicia da fuerzas al amor ardiente por Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

Toda virtud es la madre de la que la sigue

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68

Dispuesta de este modo a amar a Dios, esta parte amante eleva las otras potencias del alma por encima de las cosas terrenas y las vuelve hacia Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 23

El alma se sirve de su concupiscencia... para mantener su deseo [de Dios]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

Si descuidas a la madre que ha dado a luz a las virtudes, y partes en busca de las hijas antes de haber descubierto a su madre, estas virtudes en tu alma son como víboras

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68

La prescripción de crucificar la carne con sus pasiones y sus deseos, no la recibimos para que nos demos muerte a nosotros mismos haciendo que muera toda actividad del cuerpo y toda potencia del alma, sino para que rechacemos todo deseo y todo acto malvados

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 24. Cf. I, 2, 1-2; II, 2, 23

Que la potencia de la concupiscencia luche para desear a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

En aquellos que han elevado su espíritu hacia Dios y exaltado su alma por la pasión de Dios, [la carne] deja de poseer deseos contrarios al espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Es preciso que la potencia de desear, purificada de la pasión de la filautía, dirija todo su deseo únicamente a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

Que el espíritu se disponga por completo con vistas a Dios..., ardiendo de afecto sensible por el deseo extremo de la concupiscencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Centurias sobre la caridad, II, 26; 28

El hombre cuyo espíritu está por completo vuelto hacia Dios..., concentrando en él toda la fuerza de sus potencias inferiores, la ha dirigido hacia un amor ardiente, insaciable, una caridad sin límites hacia Dios, convirtiéndola totalmente de lo terreno a lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 48; Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B

En los hombres fervorosos, incluso las pasiones se vuelven buenas cuando, apartándolas sabiamente de los objetos corporales, les llevan a la adquisición de los bienes celestiales. Por ejemplo, transforman la pasión del deseo en un movimiento espiritual que los eleva y les hace aspirar a las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 48; Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B
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