El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.