Los hombres fervorosos se sirven de estas pasiones, ciertamente no de estas pasiones en cuanto tales, sino de la energía, de la potencia que les sirve de base, por una parte, para hacer desaparecer el mal presente o futuro; por otra parte, para adquirir y conservar la virtud y el conocimiento, a ejemplo de los sabios médicos, que transforman en medicamento el veneno mismo de la víbora. Para concluir, las pasiones se vuelven buenas en razón de su uso para quien es capaz de someter a la obediencia de Cristo todo su pensamiento y toda su voluntad
Traducido del griego