Los hombres que poseen la pasión de lo Bello no hacen morir la parte apasionada de su alma, encerrándola dentro de ellos mismos y dejándola sin actividad ni movimiento, pues entonces dejarían de poseer el órgano necesario para amar el bien y odiar el mal y tampoco tendrían ya el medio para volverse ajenos al mal y unirse a Dios. Lo que ellos hacen es que mueran las relaciones de esta potencia con las cosas malvadas; dirigen toda la potencia hacia el amor a Dios, conforme al primer y gran mandamiento: ‘Amarás al Señor tu Dios con toda tu fuerza’ (Mc 12, 30), es decir, con toda tu potencia. ¿Qué potencia? La potencia de la parte apasionada, evidentemente
Traducido del griego