La contención comedida de la respiración sutiliza el corazón duro y espeso. Y los elementos húmedos del corazón, convenientemente comprimidos y calentados, se vuelven así más tiernos, más sensibles, humildes, mejor dispuestos a la compunción, y más aptos para derramar lágrimas con más facilidad. El cerebro, por otra parte, también se sutiliza y, a la vez que él, el acto del es[píritu], que se vuelve uniforme y transparente
Traducido del griego