Monje athonita del movimiento kolivadita (1749-1809), fue el gran editor y divulgador de la tradición patrística griega en vísperas de la independencia de Grecia. Coeditó con san Macario de Corinto la «Filocalía» (Venecia, 1782), además del «Evergetinós», el «Pedalion» y el «Manual de consejos espirituales», obras decisivas en el renacimiento hesicasta moderno.
Contener moderadamente la respiración atormenta, oprime y, como consecuencia, hace esforzarse al corazón, que no recibe el aire que su naturaleza reclama. En cuanto al espíritu, gracias a este método se recoge más fácilmente y vuelve al corazón, debido... al esfuerzo y al dolor del corazón
Este esfuerzo y este dolor hacen vomitar [al corazón] el anzuelo envenenado del placer y del pecado que se había tragado. Y, según el adagio de los médicos antiguos, lo contrario cura lo contrario
La contención comedida de la respiración sutiliza el corazón duro y espeso. Y los elementos húmedos del corazón, convenientemente comprimidos y calentados, se vuelven así más tiernos, más sensibles, humildes, mejor dispuestos a la compunción, y más aptos para derramar lágrimas con más facilidad. El cerebro, por otra parte, también se sutiliza y, a la vez que él, el acto del es[píritu], que se vuelve uniforme y transparente
[Hay que aplicar la atención a la oración] permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar en nada, ni sensible ni intelectual, ni exterior ni interior, ni aun cuando se trate de algo bueno. Pues Dios está fuera de todo lo sensible y lo inteligible, por encima de todo ello; por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por medio de la oración debe salir a la vez de lo sensible y de lo inteligible, superar todo esto para obtener la unión divina