Citas sobre deseo — 120 citas

Sobre deseo

La carne tiene deseos contrarios a los del Espíritu, y el Espíritu tiene deseos contrarios a los de la carne; son opuestos entre ellos, para que no hagáis lo que queréis

Pablo Apóstol Gal 5, 17

No hacer nada bajo el dominio del deseo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

Uno de los movimientos del alma es el amor. Lo usamos para amar bien cuando amamos la sabiduría y la verdad; pero cuando nuestro amor se rebaja a cosas menos buenas, lo que amamos es la carne y la sangre

Orígenes Orígenes, Homilías sobre el Cantar de los cantares, II, 1. Cf. también Homilías sobre el Génesis, I, 17

Los hombres, despreciando las realidades superiores y lentos para captarlas, buscaron en su lugar las que estaban más cerca de ellos. Ahora bien, lo que está más cerca es el cuerpo y los sentidos; por eso apartaron su espíritu de los inteligibles y se pusieron a considerarse a ellos mismos. Al considerarse a ellos mismos, se apegaron a su cuerpo y a las demás cosas sensibles, y equivocándose -por decirlo así- en su propia causa, llegaron a desearse a ellos mismos, prefiriendo su propio bien a la contemplación de las cosas divinas

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 3

Es como si ella [la bondad del Verbo encarnado] ordenara al alma vivir en su dignidad, alcanzar la vida inmortal, gozar del placer incorruptible y de la gloria inefable

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 67

El colmo de lo deseable es llegar a ser Dios

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, IX, 29

El único beneficio del gozo concedido [al hombre era] el verdadero Bien mismo

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 4, 8 y La creación del hombre, XIX, en PG 44, 197B; cf. también Discurso catequético, 8; La creación del hombre, XIX, en PG 44, 197B; XX, en PG 44, 200C

La inteligencia vaga de acá para allá cuando está apasionada, y es incoercible cuando realiza las materias que constituyen sus deseos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 85

Un mismo corazón no puede albergar varias pasiones. Una pasión expulsa a la otra, y si es compartido, se debilita: la pasión dominante lo atrae todo hacia ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, II, 5

[El hombre debe] extinguir la concupiscencia del comer [mediante el deseo de la perfección]

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 14; 16

El alma se degüella por el fuego de los placeres del cuerpo

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 7. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, XIII, 101-107

En aquel que se alimenta del amor divino, ¿qué deseo de los bienes de este mundo quedará?

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 90

En el espíritu se halla el deseo conforme a la naturaleza, fuente de caridad y a causa del cual Daniel es llamado ‘hombre de deseos’ (Dn 9, 23). Este deseo lo ha trasformado el enemigo en un deseo vergonzoso, que nos lleva a codiciar todo lo que es impuro

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 5

A la belleza inteligible, Adán prefirió lo que había aparecido como delectable a sus ojos carnales

Cirilo de Escitópolis Cirilo de Escitópolis, Vida de san Sabas, 3

Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Al organizar la naturaleza humana, Dios dotó a su espíritu con una potencia de placer que le hacía capaz de gozar inefablemente de Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

Cuando el conocimiento secunda al deseo de la carne, carga con la riqueza, la vanagloria, el adorno, el bienestar del cuerpo; se ata a la sabiduría racional que se adapta al gobierno del mundo y no cesa de inventar, de renovar las técnicas y las ciencias; produce todo lo que corona el cuerpo en este mundo visible

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

De los placeres, unos conciernen al alma; otros, al cuerpo. De los primeros, los hay que interesan solo al alma misma... Los placeres del cuerpo son llamados tales, pero en realidad no existen más que por la conjunción alma- cuerpo, como en el caso del alimento, la sexualidad, etc., y no se encuentra ningún placer que sea únicamente corporal

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 13

Esta forma de conocer es en realidad ignorancia de todo lo bueno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 20-21

El alma se inclina por naturaleza hacia los bienes divinos... su propia tendencia se dirige a las cosas inmortales

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 35

[El hombre que no ama a Dios con toda su alma] revolotea a través de este mundo y agota a favor de éste todo o casi todo el amor del que su alma es capaz

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 1, 18

El ojo ha sido creado para la luz; el oído, para los sonidos; todas las cosas, para su fin; y el deseo del alma, para elevarse hacia Cristo

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90

Caminad según el Espíritu y no cumpláis los deseos de la carne

Pablo Apóstol Gal 5, 16

El alma es mudable por naturaleza, y aunque se ha apartado del bien no por eso deja de estar en movimiento. Por tanto, se mueve, pero ya no lo hace hacia la virtud para ver a Dios: al dirigir su pensamiento a lo que no es, transforma la potencia que tiene y se sirve de ella para volverse hacia los deseos que ha imaginado, ya que ha sido hecha independiente. Puede inclinarse al bien, pero también apartarse del bien. En este caso, piensa en cosas totalmente opuestas, pues no puede dejar de estar en movimiento, siendo por naturaleza, como acabo de decir, muy voluble

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4

[Los santos] se liberan de todo amor del mundo y rompen todo lazo terrestre para ser capaces de no poseer constantemente más que ese solo deseo en su corazón y no mezclar con él cualquier otra cosa

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

El deseo es la enfermedad del alma

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, 366

Un placer introducido por engaño fue el comienzo de la caída

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 4

Cuando se inflama la concupiscencia, el hambre, el esfuerzo (κόπος) y la soledad la apagan

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 15

¿De dónde se deriva que nuestro amor a Jesucristo sea tan débil, sino de que agotamos las fuerzas de nuestra alma en las vanas pasiones?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 9

Es necesario sustraer a la concupiscencia los objetos que la inician, no vaya a ser que ella se precipite a saciarse

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

A medida que el hombre se apresura a concebir el bien, se acuerda inmediatamente del mal, pues, como consecuencia de la desobediencia de Adán, su recuerdo se halla escindido como en un pensamiento doble

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 88

Solo hay una felicidad: la vida común del alma con el Verbo... El único placer es acceder a las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 849CD y 901A. Cf. también Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 64; IV, 49; Tratado práctico, 32

[El conocimiento carnal] se denomina ‘conocimiento desnudo’, pues está despojado de toda preocupación por Dios y agota la inteligencia, privándola de la razón, ya que está dominada por el cuerpo. No se ocupa sino de este mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

Cristo, nuestro Dios, es la meta de todo deseo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 24-26

Como el alma es mudable por naturaleza, está sujeta al cambio: si descuida la asiduidad a las cosas divinas, cae entonces en las preocupaciones terrenas

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 48; cf. 41

[En quienes han elevado su espíritu hacia Dios, la carne] no posee ya deseos contrarios al espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Ni el amor ni la alegría pueden ser excitados por los bienes de este mundo, que no son sino falsas imitaciones; lo que parece bueno no es más que un simulacro de bien

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 91

Viendo que el placer era un bien para ella, el alma, en su error, abusó del nombre de bien, y pensó que el placer era el bien absoluto y verdadero: igual que un hombre que, preso de demencia, pidiera una espada para herir a aquellos que se encuentra y creyera que eso es la sabiduría

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 4

El alma iluminada por el Espíritu... y que ve así por el espíritu la belleza deseada, única e inexpresable, está herida por el amor divino... Entonces adquiere un amor ilimitado e inagotable por el Señor a quien desea

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXVIII, 5

(Aquellos que) tras haber trastornado su potencia de desear y desviado el impulso de su pensamiento de las realidades divinas hacia los objetos bajos y materiales, abrieron de par en par el campo de su interior a las pasiones, hasta el punto de que llegaron a extinguir en sí todo movimiento hacia las realidades de arriba, y vieron secarse por completo el deseo [de Dios, de las realidades espirituales], cuyo curso, invertido, se dirigió a las pasiones

Gregorio de Nisa

La tristeza sobreviene cuando no se obtiene lo que se desea carnalmente; ahora bien, como a toda pasión va ligado un deseo, quien ha vencido a las pasiones no estará dominado por la tristeza... El que domina las pasiones, domina la tristeza; pero el que ha sido vencido por el placer, no escapará a sus lazos. El que ama el mundo, se entristecerá muchas veces... Pero el que desprecia los placeres del mundo no será perturbado por los pensamientos de la tristeza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11-12, en PG 79, 1156D, 1157BC

El placer no es más que un gozo efímero. Sí, el placer se esfuma rápidamente, y no podríamos retenerlo ni siquiera unos instantes. Pues tal es el destino de las cosas humanas y sensibles. Apenas las poseemos, se nos escapan... No nos ofrecen nada sólido ni seguro, nada fijo ni permanente. Corren más deprisa que el agua de los ríos y dejan vacíos e indigentes a cuantos las buscan con vivo empeño. Por el contrario, los bienes espirituales presentan un carácter absolutamente distinto. Son firmes, seguros, constantes y eternos. Así pues, ¿no es una extraña locura el cambiar unos bienes inmutables por un disfrute pasajero, una dicha inmortal por unos placeres momentáneos, y una felicidad verdadera y eterna por unas voluptuosidades frívolas y fugaces?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, I, 4

No solo hay que evitar poseer dinero, sino arrancar completamente del alma el deseo de ello. Pues no hay que evitar tanto los efectos de la filargiria, como suprimir de raíz la tendencia a la filargiria; no serviría de nada que no poseyéramos dinero, si tuviéramos el deseo de poseerlo

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 21; 22

[Adán] orientaba hacia Él [Dios] toda su capacidad de amar

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 45, en PG 91, 1353C

Nadie puede poseer a la vez el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4; cf. 44

El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV

Si desea los dones estables de Dios, que permanecen para siempre..., entonces el hombre se mueve según la naturaleza

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33; 34

El hombre atrapado y dirigido por los malos deseos tiende hacia lo que le parece bello, y manifiesta con sus acciones que ignora lo que es lo Bello de verdad. El hombre, poseído por una ira mal empleada, lucha por lo que le parece que es el Bien. Todo hombre, sin excepción, se ha apegado a la mala vida, se dedica a lo que le parece lo Mejor, y no a lo que realmente lo es

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 73

Nuestra capacidad de desear ha sido adaptada y guarda proporción con la inmensidad de este objeto de nuestros deseos

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Al apartarse de la consideración del deseo del Uno y del Ser, es decir, de Dios, los hombres se adentraron en la diversidad y la multiplicidad de los deseos corporales

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3-4

[El hombre,] usurpando el amor que se debe sólo a Dios, lo malgasta en pasiones humanas

Gregorio de Nisa San Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IX, 1-2; XI, 3

Tendamos con todo nuestro espíritu al deseo de los bienes espirituales y consideremos todo lo demás secundario respecto al gozo de los bienes futuros, a fin de recibir en abundancia los bienes presentes, los de la promesa

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, VIII, 24

Dios, el Verbo, que creó la naturaleza de los hombres, no estableció con ella el placer sensible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

Nadie puede mantener juntos el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4

Quienes aún están retenidos por una apetencia, por pequeña que sea, del mundo y sus asuntos, se hallan todavía a gran distancia de su puerto

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 21-24

Si [el hombre] alimenta deseos dirigidos hacia la materia, vueltos hacia lo fugaz, sin permanencia..., entonces se mueve de modo antinatural e irracional

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33; 34

Quienes se entregan a los placeres sensibles y corruptibles, agotan todo el deseo de su alma en la carne y, por consiguiente, se vuelven por entero carne

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9. Cf. Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1112C

[Dios] ha conjuntado con Él mismo nuestra alma, y también nuestra potencia de desear y todo nuestro ser

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Presa del placer, el alma se pone a procurarlo de muchas maneras

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3-4

Debemos superar como bajos y efímeros los objetos que atraen los deseos de los hombres, que son tenidos por bellos y, por tanto, juzgados dignos de celo y favor, y no malgastar nuestra potencia de desear en ninguno de ellos

Gregorio de Nisa San Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IX, 1-2; XI, 3

Lo haréis, si sustituís este amor [al dinero] por otro amor, el deseo de las cosas del cielo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IX, 6

El diablo, mediante un engaño persuadió al hombre para que trasladara el deseo de su alma de lo que estaba permitido a lo que estaba prohibido, y para que se volviera hacia la transgresión del mandamiento divino

Máximo el Confesor Cf. Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3

El corazón humano ha sido creado en función de Cristo, como un inmenso joyero, lo suficientemente amplio como para contener a Dios mismo

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Por naturaleza, nuestra potencia de desear no es capaz de servir al mismo tiempo a las voluptuosidades corporales y al matrimonio espiritual

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2-3

[Dios creó a Adán como] la criatura última, como una especie de laboratorio donde se concentra todo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

Constatamos que nuestra calidad de desear... no la colma nada de la naturaleza, sino que todo se muestra deficiente con relación a ella

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

En efecto, el ojo no tiene la capacidad de ver simultáneamente dos cosas, a menos que se dirija por turno y por separado a cada uno de los objetos visibles; la lengua tampoco puede estar al servicio de idiomas diferentes, pronunciando en el mismo instante palabras hebreas y griegas; el oído no escucha simultáneamente el relato de unos acontecimientos y una enseñanza didáctica

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2-3

[Dios introdujo a Adán] providencialmente en medio de los seres como un vínculo natural entre los extremos [de la creación]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

Nada de aquí nos sacia, nada satisface nuestros deseos, estamos siempre alterados, como si nunca alcanzáramos el objeto de nuestras aspiraciones. Pues el alma humana tiene sed de infinito, y ¿cómo le satisfaría el mundo pasajero? Eso es lo que el Salvador enseñó a la Samaritana: ‘El que beba de esta agua volverá a tener sed’ (Jn 4, 13)

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

El cuidado de uno acarrea necesariamente la separación del otro

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2

[Adán poseía] por naturaleza, en su situación intermedia, toda facultad de unificación por la relación de sus partes con todos los extremos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

Sean cuales sean los bienes con los que somos favorecidos, incluso aunque poseyéramos la totalidad de los bienes, lanzamos nuestra mirada más lejos y, más allá de los bienes presentes, perseguimos los bienes ausentes; nada sacia nuestro deseo, nada aplaca nuestra sed de dicha, nada satisface plenamente nuestra capacidad de gozar

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 60

[El ‘conocimiento del bien y del mal’ designa] una disposición interior frente a lo que [les] resulta agradable

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 197CD

[Dios encargó al hombre como tarea] manifestar el gran misterio del plan divino, conduciendo armoniosamente a buen fin la unificación recíproca de los extremos entre los seres, de los más próximos a los más lejanos, y de los menores a los más excelentes, mediante una tensión cuyo resultado culminaría en Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

Dado que la mayoría considera el bien aquello que cautiva los sentidos, y ya que la misma palabra designa el bien real y el bien aparente, el deseo que se dirige hacia el mal como si fuera un bien lo llama la Escritura ‘conocimiento del bien y del mal’, queriendo expresar con la palabra ‘conocimiento’ esta disposición interior y esta mezcla

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200B

[Adán] se movió en contra de su naturaleza, de su propia iniciativa y locamente (άνοήτως), haciendo mal uso de la facultad natural que se le había confiado en su constitución, con vistas a la unificación de los que estaban separados, para obrar, en cambio, la separación de los que estaban unidos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[Las cosas que nos dan ocasión de mal] en principio parecen deseables y son buscadas como un bien a consecuencia de un engaño

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200A-B

[Adán quiso] apoderarse de las cosas de Dios sin Dios, y contra Dios y no según Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

El mal esconde en sus profundidades, como una trampa, la muerte, pero mediante una apariencia engañosa hace que tenga la imagen del bien

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200A-B

El deseo, mediante la dulzura del placer de los sentidos, aparta al espíritu de la percepción divina de los inteligibles que le es connatural

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C. Cf. también Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 18-19

Sucede que la inteligencia, inducida a error en su deseo del verdadero bien, fue desviada hacia lo que no es; engañada por el promotor y el consejero del vicio, se dejó persuadir de que el bien era todo lo contrario del bien

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, XXI

El placer [sensible] no es sino una especie de sensación formada en el sentido por un objeto sensible, dicho de otra manera, un modo de actividad sensitiva que corresponde a un deseo irracional; y el sentido puesto en marcha en la línea del deseo produce placer cuando percibe lo sensible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1112C

[El Maligno es un encantador] que hace brillar la gracia externa de las apariencias y, como un charlatán, induce nuestro gusto por algún placer de los sentidos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200B-200C

El mal es dejar de dirigir hacia su fin el neto de las facultades innatas. Y absolutamente nada más. O también: el mal es el movimiento irracional de las facultades naturales hacia algo distinto de su fin, según un juicio erróneo. Yo llamo fin a la Causa de los seres, hacia la cual se dirigen todas las cosas por un deseo natural

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 58. Cf. Dionisio Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 16

El impulso que arrastra al mal a los seres vivos es una enfermedad de nuestra naturaleza

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, XVI

[El placer sensible] no puede tener otro origen para formarse que la dimisión del alma, cuando esta se desprende de las cosas que son conformes a su naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 58. Cf. Dionisio Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 16

El alma se inclina sobre los placeres del cuerpo como las bestias sobre el forraje

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 302; Tratado de la virginidad, IV, 5

Cuanto más se dirigía el hombre hacia las cosas sensibles a través únicamente de sus sentidos, más lo agobiaba la ignorancia de Dios; cuanto más encadenado estaba por la ignorancia de Dios, más se entregaba al disfrute de las cosas materiales conocidas empíricamente, más se impregnaba de este disfrute y más excitaba la filautía que se derivaba de él; cuanto más cultivaba la filautía, tanto más inventaba múltiples medios para obtener el placer, fruto y objetivo del amor a sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 65

[Numerosas personas,] una vez en posesión de semejante experiencia, tras haber dirigido toda su potencia de desear hacia las cosas... y derivado el impulso de su pensamiento desde las realidades divinas hacia... ellas, abren de par en par el campo de su interior a las pasiones, hasta el punto de cesar todo movimiento hacia las realidades de arriba y ver desecarse completamente este deseo, cuyo trayecto invertido se dirige hacia las pasiones

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 1; VII, 3; IX, 1

Buscando obtener el placer y evitar el sufrimiento, empujado por la filautía, el hombre inventa diversas e innumerables formas de pasiones corruptoras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Cf. Marcos el Monje, La ley espiritual, 102

Esto es lo que sabemos a propósito del matrimonio: hay que dar prioridad al cuidado y al deseo de las cosas divinas

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 1; VII, 3; IX, 1

Los vicios se presentan bajo formas múltiples y variadas, dependiendo del vínculo de cada uno con la naturaleza humana... Obligan al hombre, sujeto al deseo del disfrute y al miedo al sufrimiento, a servirlos y a inventar numerosas formas de pasiones, según las posibilidades ofrecidas por las circunstancias y los medios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Cf. Marcos el Monje, La ley espiritual, 102

[La relación con la carne] divide el amor que debemos solo a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1144B

Quien no sabe avanzar por el camino espiritual... concentra todos sus esfuerzos en la carne

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 65

[El hombre] quedó orientado, contra su naturaleza, hacia lo sensible atraído por el placer que actúa en él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[El deseo apartado de su objetivo divino es un] impulso antinatural que arroja a lo sensible al espíritu preso de la locura

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

En efecto, [el deseo trastornado] a los seres, que son inferiores a la Causa y Naturaleza única, solo ella deseable..., los vuelve más deseables que ésta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C; Cuestiones a Talasio, prólogo

Así [el deseo trastornado] hace que la carne resulte más agradable que el espíritu; y el disfrute de lo visible, más agradable que la gloria y el resplandor de la inteligencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C; Cuestiones a Talasio, prólogo

Entregado solamente a las emociones de los sentidos, a ejemplo de los animales irracionales, el hombre alejado de la belleza espiritual y divina encuentra, a través de la experiencia de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una creación que él eleva al lugar de Dios, porque responde mejor a las necesidades de su cuerpo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[El hombre] acumula en él un conocimiento confuso del bien y el mal producido por experiencia exclusiva de los sentidos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

La vida [de los hombres caídos] se vuelve deplorable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1156C

[Los hombres que divinizan las pasiones] honran así a la causa misma del aniquilamiento de su existencia y persiguen, sin saberlo, la causa de su corrupción

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1156C

Los hombres, como fieras, devoran su propia naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1156C

[El hombre] altera las facultades de su alma, que va en pos de las cosas perecederas sin discernimiento y sin ser consciente de la perdición, a consecuencia de su total ceguera respecto a la verdad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[El becerro de oro representa] la mezcla y la confusión de las facultades naturales entre ellas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 16, y CCSG 7, p. 105

[El becerro de oro] es una conjunción apasionada y estúpida, que determina la estúpida puesta en marcha de las pasiones antinaturales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 16, y CCSG 7, p. 105

El poder del pecado..., mediante el placer, arrastra al alma a la miseria de la carne, tan cercana

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

Engañados al principio por la ilusión del placer, preferimos la muerte a la vida

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

El placer es la madre de la muerte

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

El hombre aprende por experiencia que a cualquier placer le sucede el dolor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

La tristeza (λύπη) es el final del placer de los sentidos, ya que la tristeza del alma es suscitada por este placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, escolio 3

La inteligencia actúa de forma antinatural cuando se apega a lo superficial, es decir, a lo sensible y a lo corporal; y, en consecuencia, comienza a generar tristeza de alma, fustigada como está sin tregua por el látigo de la conciencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58

Como el placer desaparece junto con los medios que lo producen, y a la experiencia del placer sucede siempre el sufrimiento, el hombre se dirigía tanto más violentamente hacia el placer cuanto más intentaba evitar el sufrimiento. Mediante esta táctica pensaba que podría separar al uno del otro y conservar solamente el placer, unido a su amor por sí mismo (φιλαυτία) y totalmente desprendido del dolor. Pero, bajo el efecto de la pasión, ignoraba que por naturaleza es imposible que el placer vaya jamás sin el dolor. Pues la pena que engendra el dolor ha sido mezclada con el placer, aunque quienes lo experimentan parezcan olvidarlo, puesto que, bajo el efecto de la pasión, predomina el placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 61

De alguna manera, en efecto, al esforzarnos por aliviar este dolor mediante el placer, aumentamos la pena que, según la naturaleza, nos aboca al dolor. Queriendo escapar a la sensación del dolor, huimos hacia el placer, cuando intentamos aliviar la naturaleza oprimida por la violencia del dolor. Pero, al tratar de atenuar con el placer los movimientos del dolor, confirmamos aún más el aval que estos movimientos han dado al placer, incapaces como somos de tener en nosotros el placer libre del dolor y de las penas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 61

Esta empresa de poseer los dones de Dios con independencia de Dios, con preferencia a Dios, no según la voluntad de Dios, era irrealizable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1156C

Si la potencia concupiscible del alma está excitada con demasiada frecuencia, crea una propensión habitual al placer, de la que costará trabajo deshacerse... El remedio... es la práctica asidua del ayuno, de las vigilias y de la oración

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 70

[La templanza apaga la concupiscencia] incitando a suprimir todo aquello que no responde a una necesidad, sino que procura solamente placer. No permite que uno se conceda más que lo que es necesario para vivir; no busca lo agradable, sino lo útil, y calcula la comida y la bebida conforme a la necesidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 23

Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

Era necesario que la razón, en lugar de ignorarla, se orientase hacia Dios por la búsqueda exclusiva del conocimiento; que la concupiscible, por la de la filautía, dirigiera su deseo solo hacia Dios, que la irascible, vacía de tiranía, emprenda el combatir por Dios solo y que fuera creada la divina y bienaventurada caridad que se forma de ellos y por el que ellos son

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2