El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo
Traducido del griego