Citas sobre deificación — 31 citas

Sobre deificación

Sabemos que cuando [Dios] se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 2

Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a ser dios

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, Prefacio; Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 54; Gregorio Nacianceno, Poemas dogmáticos, X, 5-9; Gregorio de Nisa, Discurso catequético, 25; 27; Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 56-58; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 64

Nuestras almas deben, pues, cambiar y pasar de su estado actual a otro estado, en una naturaleza divina, y hacerse nuevas... El Señor ha venido para cambiar y recrear nuestras almas, para hacerlas participar de la naturaleza divina, como está escrito (2 Pe 1, 4), para dar a nuestra alma un alma celestial, a saber, el espíritu de la divinidad... a fin de que podamos vivir de la vida eterna

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLIV, 8

Cuando el Hijo inmortal... fue creado hombre, le concedió por fin ser dios él mismo

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Poemas, I, I, VIII

El hombre es una criatura que ha recibido el mandato de llegar a ser dios

Basilio de Cesarea Citado por Gregorio Nacianceno, Discursos, XLIII, 48

[Amando a Dios] nos convertimos de alguna manera en aquello que él es

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés, VIII

Aquel a quien se le otorga tal estado, aunque aún en la carne, se convierte en la morada de Dios, y Dios gobierna todas sus palabras, sus obras y sus pensamientos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 10

Si la esencia de la virtud en cada hombre es indiscutiblemente nuestro Señor Jesucristo mismo -como está escrito: ‘Ha sido hecho para nosotros sabiduría y justicia, santificación y redención’ (1 Cor 1, 30), y evidentemente estas cosas se dijeron de Él de forma absoluta, por cuanto Él es la Sabiduría, la Justicia y la Santidad mismas-, todo hombre que participa de la virtud según una conducta estable, participa sin duda de Dios, Esencia de las virtudes, por cuanto ha cultivado con voluntad sincera la simiente natural del bien, y ha vuelto el fin idéntico al principio y el comienzo idéntico al fin, o más bien ha mostrado la identidad real tanto del comienzo como del fin, en perfecto acuerdo con Dios. Pues el comienzo y el fin de cualquier cosa es la intención de Dios acerca de ella: es el comienzo porque añade al ser el bien natural, por participación; es el fin porque, según esta participación, por una decisión del libre albedrío, termina el loable camino que conduce a él, camino gracias al cual se convierte en dios al recibir de Dios ser dios, porque al bien natural según la imagen él ha añadido por libre voluntad la semejanza constituida por las virtudes, que opera, según el deseo de la naturaleza, el regreso a su principio y la intimidad con Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor Ámhioun n íustn 7 Pn Pf.QI 108 1 r*-1 08/1 A

¿Quién, tras haberte visto, tras haber sido iluminado sensiblemente por tu Gloria, por tu divina luz, no se ha transformado en su inteligencia, su alma y su corazón, y no ha obtenido el favor extraordinario, oh Salvador, de ver y oír de una manera diferente? Pues la inteligencia, sumergida en tu luz, se vuelve luminosa, se transforma en luz; semejante a tu gloria, se llama tu inteligencia; aquel a quien se le ha concedido llegar a este estado sí merece poseer tu inteligencia y se vuelve inseparablemente uno contigo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, XXXIX, 56-66

Si la irascibilidad, el deseo y la razón de la inteligencia se mantienen y se mueven por sí mismas según la naturaleza, hacen que todo el hombre se vuelva divino, semejante a Dios, y marche de un modo sano y sin apartarse en nada de su camino natural

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 16

La contemplación no es sólo desprendimiento y negación; es una unión y una divinización que sobrevienen... tras el desprendimiento

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 17

La caridad, es, pues, un gran bien, el primero de los bienes, el bien supremo; ella, que tiende a hacer aparecer a un hombre como el creador de los hombres por la exacta semejanza en el bien con Dios, en la medida en que esto es posible para un ser humano

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2 (cf. Centurias sobre la caridad, III, 25). Cf. Juan Climaco, Escala, XXX, 7

¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 72-79

[La luz de la gracia hace que el hombre sea] todo entero como una luz

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Homilías, 53

Nada hay en realidad más deiforme que la caridad..., nada que eleve más a los hombres a la deificación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2 (cf. Centurias sobre la caridad, III, 25). Cf. Juan Climaco, Escala, XXX, 7

[A Dios] no podemos llegar a contemplarlo si no es por la observancia exacta de sus mandamientos, es decir, si su práctica no está mancillada con ninguna clase de alteración debida a la negligencia y el desprecio, sino que se observa y se pone en práctica con un cuidado ferviente. Por consiguiente, ‘todos aquellos que se atengan a esta regla no se hallarán nunca lejos del reino de los cielos’ (Mc 12, 34); en proporción a su fervor y a su práctica..., tarde o temprano, más o menos, recibirán el salario de la visión de Dios y se harán partícipes de la naturaleza divina; tendrán la categoría de dioses por adopción e hijos de Dios en Jesucristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

El que participa de la energía divina se convierte él mismo de algún modo en luz

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Homilía sobre la presentación de la Virgen en el templo. Cf. Id., Contra Akindynos, IV, 16

Ella [la caridad] une a Dios y hace que el que ama se asemeje a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Dije: Todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6). Hijos del Altísimo, es decir, a imagen y semejanza del Altísimo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 78-80

[El hombre no ve a Dios y no es deificado más que] en la medida en que él mismo se ha vuelto receptivo a la fuerza del Espíritu divino

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 17

[La caridad perfecciona la naturaleza humana hasta hacerla] aparecer en unidad e identidad con la naturaleza divina en la gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

[Quienes conocen a Dios lo conocen] porque, unidos a Él, han adquirido ya el aspecto de Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, III, 3, 12

De ellas y por ellas [las virtudes] se forma la gracia de la caridad que conduce, deificada, hacia Dios al hombre que él ha creado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

El verdadero conocimiento, la unión y la asimilación a Dios no suceden sino por la observancia de los mandamientos

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 75; 3, 11; 3, 17

Me parece ser una sola y misma cosa alabaros, a Vos y a la virtud, y alabar a Dios que os concede el esplendor de la virtud que, por gracia, os deifica en Dios, haciendo desaparecer las marcas propias del hombre, a la vez que ella en vosotros hace a Dios hombre por condescendencia, dándoos asumir, en cuanto le es posible al hombre, las propiedades divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Pensamos que los mandamientos de Dios otorgan el conocimiento; no solo el conocimiento, también la deificación

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 75; 3,11; 3,17

En este momento, como todos los seres finitos, dejamos de poseer nuestras propias facultades y nos convertimos en algo que nuestras facultades naturales no podrían nunca producir, pues la naturaleza humana no posee la capacidad de comprender lo que está por encima de la naturaleza. En efecto, ninguna criatura puede obtener de ella misma la deificación, porque es incapaz de aprehender a Dios. Solo la gracia divina puede operar la deificación, según los méritos de cada uno, irradiar la naturaleza mediante la luz sobrenatural y elevarla, por la excelencia de su claridad, más allá de sus propios límites

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 63, en PG 90, 673C

Dios aparece entonces en el alma y en el cuerpo, pues las características de su naturaleza son vencidas por la sobreabundancia de la gloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, II, 88. Citado por Gregorio Palamas en sus Triadas, I, 3, 37

Dios y los santos tienen una sola y misma energía

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Opúsculos teológicos y polémicos, 1, en PG 91, 12B; 33 A; Ambigua a Juan, 7, en PG 91, 1076BC

A la vez que permanece enteramente hombre por su naturaleza, en su alma y en su cuerpo, se vuelve enteramente dios en su alma y en su cuerpo, por la gracia y el esplendor divino de la gloria beatificante que le conviene por entero

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 7, en PG 91, 1088C

La gracia de la oración une al espíritu con Dios y, por eso mismo, lo retira de cualquier otro pensamiento. El espíritu, conversando entonces con Dios, en su desnudez, se vuelve deiforme

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 24