[A Dios] no podemos llegar a contemplarlo si no es por la observancia exacta de sus mandamientos, es decir, si su práctica no está mancillada con ninguna clase de alteración debida a la negligencia y el desprecio, sino que se observa y se pone en práctica con un cuidado ferviente. Por consiguiente, ‘todos aquellos que se atengan a esta regla no se hallarán nunca lejos del reino de los cielos’ (Mc 12, 34); en proporción a su fervor y a su práctica..., tarde o temprano, más o menos, recibirán el salario de la visión de Dios y se harán partícipes de la naturaleza divina; tendrán la categoría de dioses por adopción e hijos de Dios en Jesucristo
Si la irascibilidad, el deseo y la razón de la inteligencia se mantienen y se mueven por sí mismas según la naturaleza, hacen que todo el hombre se vuelva divino, semejante a Dios, y marche de un modo sano y sin apartarse en nada de su camino natural
[El hombre no ve a Dios y no es deificado más que] en la medida en que él mismo se ha vuelto receptivo a la fuerza del Espíritu divino
[Quienes conocen a Dios lo conocen] porque, unidos a Él, han adquirido ya el aspecto de Dios
El verdadero conocimiento, la unión y la asimilación a Dios no suceden sino por la observancia de los mandamientos
Pensamos que los mandamientos de Dios otorgan el conocimiento; no solo el conocimiento, también la deificación