Regocijaos sin cesar con alegría
Si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?
El hombre interior, el corazón..., una vez desembarazado de la herrumbre que manchaba su belleza, recuperará su imagen primera. De este modo el hombre, al mirarse, verá en él a Aquel que busca. Esta es la alegría suprema que llena su corazón purificado: contempla su propia pureza y descubre en la imagen al Modelo. Cuando miramos al sol en un espejo, aun sin levantar los ojos al cielo, vemos el sol en el resplandor del espejo lo mismo que si miráramos al propio disco solar. No podéis contemplar la luz en sí misma, pero, si recuperáis la gracia de la imagen depositada en vosotros desde el principio, poseeréis en vosotros el objeto de vuestros deseos
Que nadie tema a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha hecho libres.
A menudo la presencia saludable de la compunción se manifiesta por una alegría inefable y por arrebatos; la misma inmensidad de la alegría la vuelven intolerable hasta tal punto que estalla en grandes gritos que llevan hasta la celda vecina la noticia de nuestra felicidad y nuestra embriaguez
La lamentación por los pecados comporta una tristeza muy suave y una amargura parecida a la miel, porque está sazonada con una esperanza buena y excelente. Por eso nutre el cuerpo y hace brillar de alegría el fondo del alma
Tengamos, pues, por suprema y perpetua alegría primero el temor de Dios; y luego la caridad, que cumple la ley de la perfección en Cristo
La tristeza según Dios es alegría
De la aflicción (πένθος) que produce alegría
Mira el sol. Contempla la luna y las estrellas. Admira la belleza del verdor de la tierra.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, que nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Todo el camino hacia el cielo es cielo, porque él dijo «yo soy el camino».
Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor tanto en medio de la prueba como en medio de la alegría.
[La limosna] no es el don, es la diligencia y la alegría de dar
Cuando considero la naturaleza de la compunción, me lleno de asombro: ¿cómo lo que llamamos aflicción y tristeza puede contener oculta en su seno tanta dicha y alegría?
Bienaventurado aquel religioso que no encuentra placer y alegría sino en las santísimas palabras y obras del Señor.
Si sois lo que debéis ser, pondréis fuego en toda Italia.
[La alegría de dar es] la alegría de la caridad que se derrama
El que se aventura en una continua aflicción según Dios, pasa cada día de su vida en una fiesta espiritual
La tristeza que tiene el pecado por motivo... nos procura una gran alegría
La tristeza según Dios no produce más que placer y júbilo. Lo saben muy bien las almas que rezan con dolor y derraman lágrimas de penitencia. ¡De qué alegrías no se inundan!
[La alegría,] lejos de ser contraria a las lágrimas, se engendra en su fuente pura y fecunda. Llorar nuestras verdaderas miserias y confesarlas es crearnos alegría y felicidad
Es posible estar en duelo por los propios pecados y alegre por causa de Cristo
El que teme a Dios... goza de una verdadera y sólida felicidad
En el temor de Dios consiste la verdadera felicidad