Que nadie tema a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha hecho libres.
La lamentación por los pecados comporta una tristeza muy suave y una amargura parecida a la miel, porque está sazonada con una esperanza buena y excelente. Por eso nutre el cuerpo y hace brillar de alegría el fondo del alma
Todo el camino hacia el cielo es cielo, porque él dijo «yo soy el camino».