Monje athonita y arzobispo de Tesalónica en el siglo XIV, defensor de los hesicastas frente a Barlaam de Calabria. En las 'Tríadas en defensa de los santos hesicastas' formuló la distinción entre la esencia y las energías increadas de Dios, fundamento teológico de la oración de Jesús y de la deificación del hombre.
Algunas fuentes dan 1357 o 1358 como año de su muerte; la fecha más aceptada es el 14 de noviembre de 1359.
El alma adquiere la salud sólo por el cumplimiento de los mandamientos de Dios
La salud y la perfección del alma no se realizan sino con el amor y la observación de sus mandamientos
El Señor, que ha hecho nuestros corazones y lo conoce todo, cuando ha bajado en carne a la tierra haciéndonos renacer y salvándonos, a nosotros, que habíamos caído, nos ha exigido lo que Él había puesto en nuestras almas desde el principio, en el momento de la creación. En efecto, creó al hombre desde el principio de modo que fuera adecuado a la enseñanza que Él debía traer luego a la tierra; por eso ahora, cuando ha venido a la tierra, ha dado unos mandamientos tales que se corresponden con nuestra naturaleza creada por Él desde el principio
La educación que purifica el alma [tiene como] principio el temor de Dios (cf. Prov 1, 7), que hace nacer la oración continua a Dios con la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos. Una vez establecida la reconciliación por medio de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, el temor se vuelve amor, y el dolor de la oración, transformado en gozo, hace que aparezca la flor de la iluminación
[El temor] hace nacer la oración continua a Dios en la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos
El verdadero conocimiento, la unión y la asimilación a Dios no suceden sino por la observancia de los mandamientos
Siguiendo la promesa de Dios, el cumplimiento de los mandamientos es lo único que procura la venida, la inhabitación y la aparición de Dios
Tengamos fe en Aquel que ha comulgado con nuestra naturaleza y la ha gratificado con la gloria de su naturaleza, y busquemos cómo adquirirla y cómo verla. ¿Cómo? Por la observancia de los divinos mandamientos
Pensamos que los mandamientos de Dios otorgan el conocimiento; no solo el conocimiento, también la deificación
Cuando tengas en tu alma el estado divino, poseerás realmente a Dios en el interior de ti mismo; y el verdadero estado divino es el amor a Dios, y no sobreviene más que por la práctica de los divinos mandamientos, puesto que él es su principio, su contenido central, y ocupa el primer lugar en ellos; pues el amor es Dios (cf. 1 Jn 4, 8.16) y solo en el amor ha prometido Dios venir, permanecer y manifestarse
Sabemos que el cumplimiento de los mandamientos de Dios proporciona conocimiento, y un conocimiento verdadero, pues solo por él adquiere el alma la salud