Obispo de Lyon a finales del siglo II, discípulo de san Policarpo y primer gran teólogo de la tradición apostólica, autor del «Adversus haereses» contra la gnosis y de la «Demostración de la predicación apostólica». Su doctrina de la recapitulación en Cristo y de la creación del hombre «a imagen y semejanza» fundamenta la visión patrística del hombre como ser llamado a la deificación.
Datación incierta: el nacimiento se sitúa entre c. 130 y c. 155, y la muerte entre 202 y 207; su martirio es tradicional pero no está documentado por fuentes antiguas.
Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo
Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios