Obispo de Lyon a finales del siglo II, discípulo de san Policarpo y primer gran teólogo de la tradición apostólica, autor del «Adversus haereses» contra la gnosis y de la «Demostración de la predicación apostólica». Su doctrina de la recapitulación en Cristo y de la creación del hombre «a imagen y semejanza» fundamenta la visión patrística del hombre como ser llamado a la deificación.
Datación incierta: el nacimiento se sitúa entre c. 130 y c. 155, y la muerte entre 202 y 207; su martirio es tradicional pero no está documentado por fuentes antiguas.
(En el paraíso) el hombre era muy pequeño, pues era niño, y debía desarrollarse para llegar a la edad adulta
Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a ser dios
La verdad de todo esto apareció cuando el Verbo de Dios se hizo hombre, volviéndose semejante al hombre y volviendo al hombre semejante a Él, para que, por la semejanza con el Hijo, el hombre se vuelva precioso a los ojos del Padre. En efecto, en los tiempos anteriores se decía con razón que el hombre había sido hecho a imagen de Dios, pero esto no se manifestaba, pues el Verbo era aún invisible, Él, a cuya imagen ha sido hecho el hombre. Además, este es el motivo por el que la semejanza se perdió fácilmente. Pero cuando el Verbo se hizo carne confirmó una y otra; hizo que reapareciera la imagen en su verdad plena al convertirse Él mismo en aquello que era su imagen, y restableció la semejanza de forma estable al volver al hombre completamente semejante al Padre invisible por medio del Verbo, visible de ahora en adelante
Imitando sus acciones y poniendo en práctica sus palabras estamos en comunión con Él, y de este modo somos creados de nuevo; de Aquel que es perfecto desde antes de la creación recibimos el crecimiento; del único que es bueno y excelente, la semejanza con Él
[El Hijo y el Espíritu son las] Manos del Padre
Dice el apóstol: ‘Hablamos de sabiduría entre los perfectos’(1 Cor 2, 6). Con el término ‘perfectos’ designa a aquellos que han recibido el Espíritu de Dios... A esos los llama también el Apóstol ‘espirituales’; son espirituales porque participan del Espíritu... Cuando el Espíritu, al mezclarse con el alma, se une a la obra modelada, gracias a esta efusión del Espíritu se realiza el hombre espiritual y perfecto, y este es el que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios.
Cuando, por el contrario, al alma le falta el Espíritu, ese hombre, al permanecer psíquico y carnal, será imperfecto, y poseerá la imagen de Dios en la obra modelada, pero no habrá recibido la semejanza por medio del Espíritu... Pues la carne modelada por sí sola no es el hombre perfecto; no es más que el cuerpo del hombre y, por tanto, una parte del hombre.
Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo