Juan Crisóstomo — 36 citas

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JuanCrisóstomo

Patrísticac. 347 – 407
Nacimiento Antioquía de Siria (actual Antakya, provincia de Hatay, Turquía)
Muerte Comana del Ponto (actual Gümenek, provincia de Tokat, Turquía), camino del destierro
Tradición Padre griego

Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.

Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.

Sobre tristeza · 36 citas

Lo que debe provocar la tristeza no es la adversidad, sino únicamente el pecado. Pero el hombre pervierte este orden y confunde los tiempos; por tanto, multiplica sus pecados y eso no le produce ningún dolor, pero, en cuanto recibe cualquier disgusto, se desanima

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13-14

[La tristeza se convierte en] una pasión no menos grave y desafortunada que la ira y la voluptuosidad, y acarrea los mismos resultados desde el momento en que no la usamos conforme a las reglas de la razón y de la prudencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13-14

El demonio envuelve tu espíritu con esas negras penas como con una profunda oscuridad, y se esfuerza por arrebatarte los pensamientos que podrían tranquilizarte en contra de ti mismo. Pero, como entonces encuentra a tu alma sola, la llena de golpes y de heridas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, I, 1; II, 1

Nuestras alegrías y nuestras penas proceden menos de la misma naturaleza de las cosas que de nuestras propias disposiciones. Si estas se encuentran sanamente ordenadas, tendremos siempre en nuestro corazón un gran fondo de contento. Las enfermedades del cuerpo se originan más a causa de algún desorden interno que a causa de las inclemencias del tiempo o de cualquier otra influencia externa; con mucha más razón ocurre lo mismo con las enfermedades del alma. Pues, si las del cuerpo son propias de nuestra naturaleza, las otras no dependen más que de nuestra voluntad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, I, 3

El demonio no causa en ti esta oscura pena, sino que la misma pena acude en ayuda del demonio y te sugiere estos malos pensamientos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1. Cf. III, 13

Una tristeza demasiado grande es peligrosa -hace notar san Juan Crisóstomo-, tan peligrosa que incluso puede causar la muerte; por eso decía san Pablo: ‘por miedo a que lo abrume una tristeza excesiva’ (2 Cor 2, 7)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

El demonio no posee armas más temibles que la desesperación; así que le complacemos menos pecando que desesperándonos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, I, 2

Estos funestos pensamientos no proceden solo del demonio, y tu melancolía influye mucho en ellos. Sí, esta sombría tristeza los provoca mucho más que el espíritu maligno, incluso quizá es su única causa. En efecto, es cierto que muchos, que carecen de esta obsesión diabólica, experimentan esta manía del suicidio como consecuencia de violentos sufrimientos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1

Una tristeza profunda, incluso sin el concurso del demonio, genera los males más grandes... Bajo la presión de un sombrío abatimiento los desdichados se cuelgan de una cuerda, se atraviesan con un puñal, se arrojan al agua o recurren a cualquier otro tipo de muerte violenta. Incluso esos mismos en quienes se manifiesta la acción del espíritu maligno, no deben acusar de su pérdida tanto a él como a la tiranía y al exceso de sus penas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1

Grande es el dominio de la tristeza: es una enfermedad del espíritu que requiere mucha fuerza para resistirse a ella valientemente y para rechazar lo que tiene de malo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

Una tristeza profunda nos perjudica mucho más que todos los ataques del espíritu maligno

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13

Es muy útil para disipar la tristeza afligirse profundamente por ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 14

[Los médicos necesitan] una esponja, nosotros aplicamos el remedio con la lengua; como los médicos para calentar el agua, nosotros también necesitamos fuego; lo que calienta nuestros discursos es la gracia del Espíritu Santo. También hoy buscamos consolaros. Si no lo hiciéramos, ¿dónde hallaríais alivio a vuestros males?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, VI, 1

[Para disipar la tristeza,] juntad a los razonamientos una oración asidua. Mediante el empleo frecuente de este doble remedio David... calmaba sus dolores y consolaba sus penas. Tan pronto oraba y decía: ‘Las aflicciones se han multiplicado en el fondo de mi corazón; líbrame de los males que me agobian’, como se dirigía a sí mismo este piadoso y religioso discurso: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en el Señor, yo volveré a alabarlo’

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 14. Cf. Evagrio Póntico, Antirrético, Tristeza

Oh, fiel, destierra la tristeza presente para revestir esa otra tristeza que el apóstol denomina tristeza según Dios, tristeza capaz de obrar nuestra salud duradera, en otras palabras, el arrepentimiento de los pecados que has cometido

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la consolación de la muerte, II, 8; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 1

[Jesucristo] proclama bienaventurados a los que lloran, pero no a aquellos que lo hacen por algún motivo humano, como la pérdida de un bien temporal, sino a aquellos que tienen la compunción cristiana, lloran sus miserias y expían sus pecados e incluso los del prójimo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la consolación de la muerte, II, 8; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 1

Depende de nosotros hacer que nuestros miembros sirvan al pecado o a la justicia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, IV, 5; Consolaciones a Estagiro, III, 13-14; Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

El pecador... debe recurrir a la tristeza para desprender su alma y volverla a llevar a un estado mejor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, IV, 5; Consolaciones a Estagiro, III, 13-14; Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

El Señor ha querido que la tristeza fuera una de las pasiones [naturales] del hombre... para que él obtuviera de ella valiosos beneficios. ¿Cómo obtenerlos? Entristeciéndonos por razones legítimas. Pues bien, lo que debe provocar esta tristeza no es la adversidad, sino solo el pecado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, IV, 5; Consolaciones a Estagiro, III, 13-14; Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

Grande es el poder de la tristeza; es una enfermedad espiritual que requiere mucha fuerza para hacerle frente valientemente y para rechazar lo que tiene de malo después de tomar lo que tiene de útil, pues posee su utilidad. En efecto, la tristeza es buena y útil cuando hemos pecado, pero es inútil cuando está causada por calamidades humanas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, IV, 5; Consolaciones a Estagiro, III, 13-14; Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

Siempre es momento para las lágrimas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XV, 4 (cf. Tratado de la compunción, I, 9)

Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

Cuando las lágrimas provienen del temor de Dios, duran siempre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

Dios ha querido que la tristeza fuera una de las pasiones [naturales] del hombre, para que obtuviera de ella preciosos beneficios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13
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