Escritor espiritual sirio de la primera mitad del siglo V, activo en la región de Apamea (Siria), llamado Juan de Apamea o Yohannan Ihidaya. Su Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, primera exposición sistemática de la oración silenciosa, describe los tres grados de la vida espiritual (cuerpo, alma, espíritu) e influyó decisivamente en san Isaac de Nínive.
Se desconocen sus fechas y lugares de nacimiento y muerte; solo consta que floreció en el siglo V en la zona de Apamea (hoy Qalaat al-Madiq, Siria). Su identidad se discute: algunos estudiosos piensan que bajo ese nombre se ocultan dos o tres autores distintos, y se le ha confundido con un Juan de Apamea condenado como heterodoxo.
(cuando el hombre vuelve su alma por las virtudes) se mantiene en el orden de su naturaleza integral
[El] espíritu vaga de fantasmas en fantasmas, que se desvanecen unos en los otros
[En el origen de la cenodoxia se halla] la ignorancia acerca de esta vida
Debido a que los hombres no comprenden la fragilidad de los bienes [de esta vida] ni la vanidad de la gloria que proviene de ellos; y a que no perciben la excelencia de las obras de Dios, ni la sabiduría de su Providencia, ni la pequeñez de la naturaleza de los hombres, que antes de florecer se marchitan, antes de llegar al poder se disuelven y antes de elevarse son humillados, cuya condición natural está sujeta a toda mutación, y todas sus producciones abocadas a la disolución; y debido a que no se dedican a meditar estas cosas, los coge de improviso el amor a la alabanza recíproca, dado sobre todo que el hombre no reflexiona lo suficiente como para decir: qué valor tiene esta vanidad que me cautiva, hasta el punto de que prefiero ver a los hombres que ver a Dios, y estoy ávido de sus elogios y no de los de Dios, como si la gloria que viene de ellos fuera superior a la gloria del Maestro universal, como si considerara que el honor de los hombres fuera equivalente al honor de los ángeles
¡Desgraciado de mí! Dios me ha creado libre, pero estoy dominado por mucha gente: soy esclavo de todo el mundo debido al deseo de complacer a todos
Si se lo pedimos a Cristo, recibiremos fuerza y auxilio contra nuestras angustias