Debido a que los hombres no comprenden la fragilidad de los bienes [de esta vida] ni la vanidad de la gloria que proviene de ellos; y a que no perciben la excelencia de las obras de Dios, ni la sabiduría de su Providencia, ni la pequeñez de la naturaleza de los hombres, que antes de florecer se marchitan, antes de llegar al poder se disuelven y antes de elevarse son humillados, cuya condición natural está sujeta a toda mutación, y todas sus producciones abocadas a la disolución; y debido a que no se dedican a meditar estas cosas, los coge de improviso el amor a la alabanza recíproca, dado sobre todo que el hombre no reflexiona lo suficiente como para decir: qué valor tiene esta vanidad que me cautiva, hasta el punto de que prefiero ver a los hombres que ver a Dios, y estoy ávido de sus elogios y no de los de Dios, como si la gloria que viene de ellos fuera superior a la gloria del Maestro universal, como si considerara que el honor de los hombres fuera equivalente al honor de los ángeles
Traducido del siríaco