Marcos el Monje — 10 citas

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Marcosel Monje

Patrística† c. 430
Tradición Escritor ascético
Mapa Ancira (Ankara, Turquía), donde dirigió una laura antes de retirarse a Palestina

Escritor ascético del siglo V, contemporáneo de Nestorio, autor de La ley espiritual, Sobre los que creen justificarse por las obras y Sobre el bautismo, recogidos en la Filocalia. Su análisis de los pensamientos (logismoi), del consentimiento de la voluntad y de la relación entre gracia y esfuerzo es una de las claves de la terapéutica espiritual oriental.

Datación y lugares discutidos: murió después de 430 y probablemente antes del concilio de Calcedonia (451). Según la Enciclopedia Católica habría sido superior de una laura en Ancira (Galacia) y después ermitaño en el desierto al este de Palestina; la tradición hagiográfica bizantina lo hace natural de Atenas y monje en Nitria, discípulo de san Juan Crisóstomo.

Sobre patología · 10 citas

(La ignorancia es) la causa de todos los vicios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13

(La ignorancia de Dios es) la madre y nodriza de todos los males

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

(La ignorancia y el olvido de Dios) entenebrecen al alma con una terrible e inestable curiosidad

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

El alma se degüella por el fuego de los placeres del cuerpo

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 7. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, XIII, 101-107

[El hombre] era capaz de ceder a la acechanza de Satán o de no ceder, y tenía la facultad para ello

Marcos el Monje Marcos el Monje, Sobre el bautismo, 22. Cf. Ireneo de Lyon, Contra las herejías, IV, 37

Este debe ser el punto de partida de una conducta provechosa según Dios: debes repasar siempre en tu memoria y conservar en una meditación incesante el recuerdo de la bondad de Dios, que ha trazado el curso de tu vida según su designio, orientando sus favores a la salud de tu alma. No permitas que tu memoria se oscurezca por el vicio, que es fuente de indiferencia, ni pierdas el recuerdo de la multitud y la importancia de sus gracias y pases como consecuencia el resto del tiempo sin provecho, en la ingratitud. Pues este recuerdo incesante estimula el corazón a la manera de un aguijón, lo empuja en todo tiempo a la confesión, a la humildad, a la acción de gracias con un alma destrozada, a un gran celo por el bien, para ofrecer a cambio un modo de vida, unas costumbres provechosas y todas las virtudes según Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

[Aquel que] no deja caer en el olvido tales favores... se orienta hacia toda la buena ascesis de la virtud y hacia todas las obras justas con un ardor siempre mantenido y siempre dispuesto a ejecutar la voluntad de Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

La Escritura dice: ‘El infierno y la perdición son patentes para el Señor’ (Prov 15, 11). Habla de la ignorancia del corazón y del olvido. La ignorancia es el infierno, y el olvido la perdición

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 61-62

Son tres gigantes extranjeros, poderosos y fuertes que tú tienes que considerar; sobre ellos se apoya toda la fuerza de nuestro temible enemigo espiritual... Aquellos que consideramos como los poderosos gigantes del Mal son la ignorancia, madre de todos los males; el olvido, su hermano, su socio y su auxiliar; y la negligencia, que teje en el alma un vestido y un velo tenebrosos de nubes negras. Esta última consolida y fortalece a las otras dos, les proporciona consistencia introduciendo el mal de modo endémico y arraigándolo en el alma especialmente despreocupada. El resto de las pasiones crece y se fortifica gracias a la negligencia, el olvido y la ignorancia. Ellas se apoyan mutuamente y no pueden mantenerse las unas sin las otras. El poder de las fuerzas enemigas se manifiesta en ellas, así como el vigor de los príncipes del mal; por medio de ellas todo el ejército de los espíritus malvados se insinúa, se consolida y puede realizar sus designios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 12. Cf. 13

Todos los que olvidan a Dios se vuelven voluptuosos

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 122