Este debe ser el punto de partida de una conducta provechosa según Dios: debes repasar siempre en tu memoria y conservar en una meditación incesante el recuerdo de la bondad de Dios, que ha trazado el curso de tu vida según su designio, orientando sus favores a la salud de tu alma. No permitas que tu memoria se oscurezca por el vicio, que es fuente de indiferencia, ni pierdas el recuerdo de la multitud y la importancia de sus gracias y pases como consecuencia el resto del tiempo sin provecho, en la ingratitud. Pues este recuerdo incesante estimula el corazón a la manera de un aguijón, lo empuja en todo tiempo a la confesión, a la humildad, a la acción de gracias con un alma destrozada, a un gran celo por el bien, para ofrecer a cambio un modo de vida, unas costumbres provechosas y todas las virtudes según Dios
Traducido del griego