Citas sobre perdón — 14 citas

Sobre perdón

Por las lágrimas se adquieren las virtudes, igual que por las lágrimas se obtiene el perdón de los pecados

Moisés el Etíope Apotegmas, III, 22

No hay pecado que la limosna no pueda purificar y no pueda destruir. Ella está por encima de cualquier pecado y es el remedio soberano contra todas las heridas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXV, 3; Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3 (cf. VI, 2)

[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

El médico de las almas, que conoce los secretos de los corazones, queriendo arrancar incluso las ocasiones de la ira, no nos obliga solo, cuando hemos sido ofendidos, a perdonar a nuestros hermanos, a reconciliarnos con ellos y a no conservar ningún recuerdo de la injuria recibida; sino que del mismo modo nos manda que, si sabemos que ellos tienen una queja, justificada o no, contra nosotros, abandonemos nuestra ofrenda, es decir, nuestras oraciones, y les demos primero satisfacción; y, una vez aplacado así nuestro hermano, ofrezcamos a Dios el sacrificio sin tacha de nuestras oraciones

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 14. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VIII, 90-94

¿Sientes rencor contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

La atención es el signo de la penitencia realizada..., es el desprendimiento de las pasiones..., es la certeza indudable del perdón de los propios pecados

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado sobre la vigilancia y la custodia del corazón

[La limosna] es el remedio de nuestras faltas, la que lava las manchas de nuestra alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXV, 3; Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3 (cf. VI, 2)

Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17

Contra el resentimiento, reza por aquel que te ha ofendido y serás liberado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

¿Has pecado? Haz duelo y harás que desaparezca el pecado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, II, 3; Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3; V, 4 (cf. VII, 1)

‘Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, rezad por los que os calumnian’ (Mt 5, 44). ¿Por qué da el Señor estos preceptos? Para arrancarte del odio, de la amargura, de la ira, del rencor; para hacerte digno de este bien supremo que es el amor perfecto, un bien que no podemos poseer mientras no amemos por igual a todos los hombres, a ejemplo de Dios, que ama por igual a todos los hombres y ‘quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’ (1 Tim 2, 4)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

La tristeza que tiene al pecado por asunto purifica de este pecado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, II, 3; Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3; V, 4 (cf. VII, 1)

Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 15-16

Si uno se entristece después de pecar, el pecado desaparece y se repara la falta

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, II, 3; Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3; V, 4 (cf. VII, 1)