Juan Clímaco — 254 quotes

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JuanClímaco

Patristicc. 579 – c. 649
Died Monte Sinaí, monasterio de Santa Catalina (actual gobernación del Sinaí del Sur, Egipto)
Tradition Monje del Sinaí
Map Monte Sinaí, where they died

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Monje y luego higúmeno del monasterio del Sinaí en los siglos VI-VII, autor de 'La escala del paraíso' (Klimax), tratado en treinta peldaños sobre las virtudes y los vicios. Es el manual clásico de la ascesis oriental, leído íntegramente en los monasterios durante la Cuaresma y fuente capital para la terapéutica de las pasiones.

Su origen se desconoce: la tradición lo hace sirio o palestino y la crítica moderna sugiere la región de Gaza; también se discuten sus fechas (c. 579-649 o c. 525-606).

All 254 quotes

La naturaleza ha impreso en nosotros los movimientos de la ira para que nos sirvamos de ella contra la serpiente infernal, nuestro enemigo, pero nosotros la usamos contra nuestros hermanos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Una imaginación es una alienación del espíritu

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, III, 37

Los vicios y las pasiones no se deben a la naturaleza misma [del hombre]; en efecto, Dios no es el creador de las pasiones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 50; 141

Dios no es ni el autor ni el creador del mal; se equivocan aquellos que afirman que las pasiones son connaturales al alma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 50; 141

Nosotros mismos somos quienes hemos transformado en pasiones las cualidades constitutivas de nuestra naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Yo he visto que mucha gente que vivía en el mundo escapaba de la tiranía de los deseos carnales debido sencillamente a los cuidados, preocupaciones, conversaciones y veladas que consagraban a los asuntos terrenales. Pero una vez que entraron en la vida monástica y quedaron libres de toda preocupación, se dejaron lamentablemente corromper por el ardor del cuerpo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 12

Sucede a veces que las pasiones se retiran de algunos fieles, e incluso de algunos infieles, salvo una sola [que es el orgullo]; y se les deja como el mayor de los males, que ocupa él solo el lugar de todos los demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 45. Cf. XXII, 5

Yo aconsejo a todos aquellos que están enfermos que busquen con el mayor cuidado el método que deben seguir para curarse. Ahora bien, el primer paso del tratamiento es conocer la causa de su enfermedad; cuando esta haya sido encontrada, los enfermos recibirán de la Providencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35

Mi primogénito es el servidor de la lujuria; tras él viene el endurecimiento del corazón, y en tercer lugar el sueño. De mí proceden un mar de pensamientos, olas de suciedad, un abismo de impurezas insospechadas e innumerables. Mis hijas son la pereza, la charlatanería, el atrevimiento, la burla, la payasada, el espíritu de contradicción, la tirantez, la obstinación, la insensibilidad, la esclavitud, la suficiencia, la temeridad, la jactancia, que tienen como consecuencia la impureza de la oración, el torbellino de los pensamientos, y a menudo desgracias repentinas e inesperadas, a las que va estrechamente ligada la desesperación, que es el más nefasto de mis retoños

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 38; 22

El que está afectado por ella [...] parece haber perdido la razón y estar fuera de sí, perpetuamente ebrio de deseo por las criaturas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 25; 83

El demonio de la lujuria oscurece a menudo de tal manera nuestra razón -la cual debe reinar sobre nuestras acciones- que nos persuade para que hagamos en presencia de los hombres mismos aquello que solo los locos y los necios hacen

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 25; 83

[La filargiria] produce odios, envidias, divorcios, enemistades, disturbios, resentimientos, injurias, acciones inhumanas y asesinatos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 24

Lo mismo que no hay mar sin olas y mareas, no hay avaro sin tristeza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 21

El hombre que ha llegado a detestar el mundo ha escapado de la tristeza. Pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de la tristeza. Pues ¿cómo no va uno a entristecerse si se ve privado de lo que ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

No hay ilusión más perfecta ni más cierta que la de aquel que cree que no está apegado a una cosa y, sin embargo, se entristece en su corazón cuando se halla privado de ella

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

[La acedia es] una relajación del alma, una dejadez del espíritu, la negligencia en la ascesis

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 2

[La acedia es] una languidez en la salmodia, una debilidad en la oración

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 3

Cuando no es hora de la salmodia, la acedia no aparece; y cuando el oficio se ha acabado, nuestros ojos vuelven a abrirse

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

Cuando llega el momento del oficio divino y de la oración, [este demonio] de nuevo comienza a volver pesado nuestro cuerpo. Y cuando rezamos nos sumerge en el sueño y, mediante los bostezos que nos provoca a destiempo, nos impide pronunciar hasta versículos completos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

Para el monje la acedia es una muerte que lo aprisiona por todos lados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 9

[A propósito del rencor:] Se trata de un dolor sensible y punzante que no deja de gustar a causa de la dulzura que se encuentra en la amargura misma de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2

La fiebre corporal es siempre del mismo tipo, pero su calor, lejos de tener siempre el mismo origen, puede proceder de múltiples causas. Del mismo modo, el ardor de la ira y sus movimientos, como también el de nuestras otras pasiones, puede tener causas y orígenes diversos. Por eso es imposible prescribir una regla única. Yo aconsejaría más bien a los que están enfermos de ella que cada uno busque con el mayor cuidado el método que tiene que seguir para curarse. El primer paso del tratamiento es conocer la causa de la enfermedad; en efecto, cuando la hayan encontrado, los enfermos recibirán de la previdencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35

[La ira es un] gusano que roe la mente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 6; Comentario a san Juan, XXVI, 3

El primero en recibir la impresión de este temor puede ser tanto el alma como el cuerpo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 9

Quien es siervo de Dios solamente lo teme a Él..., pero el que no lo teme aún, teme con frecuencia a su propia sombra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 11

El temor es una falsa previsión y una vana aprensión de peligros imaginarios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 3

El temor es una privación de toda seguridad hasta en las cosas más seguras

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 3

El alma esclava del orgullo es esclava de la pusilanimidad; llena de vana confianza en sí misma, se asusta del menor ruido y hasta de la sombra de las criaturas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 4

El demonio de la vanagloria siente una particular alegría cuando ve que se multiplican las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

[Igual que] la hormiga espera que llegue la cosecha y que el trigo esté maduro, así la vanagloria espera que hayamos hecho acopio de todas nuestras riquezas espirituales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

El sol brilla para todos igual, y la vanagloria encuentra cómo gozar de todas nuestras actividades. Por ejemplo, yo me enorgullezco de ayunar y luego, cuando suspendo el ayuno para no hacerme notar, me vanaglorio de mi prudencia. Cuando me pongo hermosos vestidos, me vence la vanagloria, y cuando llevo trajes de pobre, sigo cayendo en la vanidad. Cuando hablo, ella me vence, y cuando guardo silencio, continúa dominándome. Se parece a una de esas trampas de tres puntas: la tires como la tires, se mantiene siempre en pie sobre una de sus puntas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 5

Nuestra alma por naturaleza ama la gloria, pero debe ser la gloria del cielo, no la de la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Hay una gloria que viene de Dios, según la palabra de la Escritura: ‘Glorificar a los que me glorifican’, dice el Señor (1 Re 2, 30). Y hay una gloria que no procede sino de la maldad astuta del demonio

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 36

La vanagloria es una pasión engañosa, que nos representa de forma totalmente distinta a como somos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 2; 10

[La cenodoxia] con frecuencia trae consigo la humillación en lugar del honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 24

Entre estas dos pasiones no hay más diferencia que la que se da entre un niño y un hombre, entre el trigo y el pan. Pues la cenodoxia es el comienzo del orgullo y el orgullo es el fin y la consumación de la cenodoxia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 1. Cf. 35; 45

[El orgullo se manifiesta como] rechazo del auxilio divino y confianza presuntuosa en las propias fuerzas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 1; 2; 31

Sucede que todas las pasiones se retiran de algunos fieles, e incluso de algunos infieles, salvo una sola; y esta queda como el más grande de todos los males que llena por sí solo el lugar de todos los demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 45

El que uno crea que no es orgulloso es uno de los síntomas más claros de que lo es

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 14

[Fuera de Dios el hombre] no es más que tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 18

El orgullo es una extrema pobreza del alma, que imagina ser rica y toma sus tinieblas por la luz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 23

Es vergonzoso que nos gloriemos de un adorno que no nos pertenece; pero la suprema locura es alardear de los dones de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 16

Cuando el demonio establece su morada en el alma de aquellos que se han convertido en sus esclavos, se les aparece en sueños, o incluso cuando están despiertos, bajo la figura de un ángel de luz o de un mártir; y entonces les descubre algunos secretos y les da en apariencia algunas gracias extraordinarias para que esos pobres desgraciados, engañados de tal manera, pierdan completamente la razón

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 19

Igual que las tinieblas son incompatibles con la luz, el orgullo es inconciliable con las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 26

[El orgullo es] el apoyo de los demonios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 1

[El orgulloso] no necesita al demonio, pues se ha convertido para sí mismo en un demonio y un enemigo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 25

A veces lo que para uno es remedio, para otro es veneno; y a veces lo que se administra a una misma persona le sirve de remedio si se le da en el momento oportuno, pero a destiempo se vuelve veneno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

Vi a un médico torpe que, humillando a un enfermo profundamente abatido, no logró sino sumirle en la desesperación. Y vi cómo un hábil médico operaba un corazón orgulloso con el escalpelo de la humillación y lo vaciaba así de toda infección

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

[Es necesario tener en cuenta] las particularidades individuales, bien de la voluntad de quien comete el pecado, bien del lugar donde lo comete, o de los progresos espirituales de quien lo comete, y otras muchas circunstancias

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

La penitencia es una restauración del bautismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[La penitencia es] un segundo bautismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 8

[La penitencia es] la reconciliación con el Señor mediante la práctica de las buenas obras contrarias a los pecados en los que se ha caído

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

La penitencia es un juicio perpetuo que uno pronuncia contra sí mismo; es el estado de un alma que se preocupa por cuidarse a sí misma y se despreocupa de todo lo demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[La penitencia es] una herida del alma sentida fuertemente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[Dicen los demonios:] Sólo hay una cosa que vuelva impotente nuestra fuerza e inútiles todos nuestros esfuerzos...: si no dejas de censurarte a ti mismo ante el Señor, nos hallarás tan débiles como una telaraña

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 31

Cuando nuestra alma salga de este mundo, no nos acusarán de que no hayamos hecho milagros, o de que no hayamos desentrañado las verdades sublimes de la teología, o de que no nos hayamos elevado hasta encumbradas contemplaciones, sino que ciertamente tendremos que dar cuenta a Dios de no haber librado sin cesar nuestros pecados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 79

[El que reza debe tomar como modelo] el modo como los enfermos que van a ser amputados o cauterizados imploran al cirujano

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 8

[Dice la oración:] Venid a mí... y hallaréis la curación de vuestras heridas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

[La oración es] un remedio soberano para los pecados más grandes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

La inestabilidad y la inconstancia son unas de las propiedades de la mente humana. Pero Dios puede fortalecer y hacer constantes las cosas más inconstantes. Si no dejas jamás de luchar para detener la movilidad de tu espíritu, Aquel que pone límites a las olas del mar, vendrá a ponérselos a [las] agitaciones de tu alma, y les dirá durante la oración: 'Os permito que llegarais hasta aquí, pero no más lejos' (Job 38, 11). Al hombre le es imposible encadenar la mente, pero, allí donde está el Creador de la mente, todas las cosas le están sometidas a Él

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 17

Flagela a tus enemigos con el nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo y en la tierra. Cuando te hayas curado de esta enfermedad, glorifica a Aquel que te ha librado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

La fuerza del hesicasta se da en la abundancia de su oración

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 105

Quien reza de corazón se mantendrá inmóvil como una columna, y ningún demonio se burlará de él

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVIII, 3

[La oración es] la unión del alma con Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 1

[La oración es] reina de todas las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 7

La oración te hará conocer el don de tu alma. Los teólogos, en efecto, llaman a la oración el espe[jo del] monje

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 1; 37

Flagela a tus enemigos con el Nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo ni en la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7. Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152; 174

Haz que entren en ti, junto con el aire que respiras, las palabras del que dijo: ‘El que persevere hasta el final se salvará’ (Mt 10, 22)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 122; XXVII, 62

que el recuerdo de Dios sea lo mismo que tu aliento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 122; XXVII, 62

Cuando reces, procura no hablar mucho, no sea que tu mente se distraiga buscando las palabras. Una sola palabra del publicano apaciguó a Dios y un solo grito de fe salvó al ladrón. La locuacidad en la oración suele dispersar el espíritu y llenarlo de imágenes, mientras que la monología normalmente lo lleva al recogimiento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 10; XXVIII, 22

Un gran artífice de la oración sublime y perfecta dijo: 'Prefiero decir cinco palabras con mi mente' (1 Cor 14, 19)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 10; XXVIII, 22

[El método psico-físico permite] circunscribir lo incorpóreo en [la] morada corporal

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 7

[La esperanza es] el antídoto de la desesperación

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 32; XXVI, 72. Cf. Gregorio Magno, El pastor, XXIX

Es una desesperación que se deriva de una multitud de pecados, de una conciencia sobrecargada y de una pena insoportable, cuando el alma está cubierta por multitud de heridas, y se hunde bajo este peso en el abismo de la desesperación... [Esta desesperación] podrá curarse por medio de... una esperanza fiel

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 32; XXVI, 72. Cf. Gregorio Magno, El pastor, XXIX

Un monje lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 34 (cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 27; Apotegmas, N 196)

El debilitamiento de la esperanza es la desaparición del amor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 29; 33

Lo que da fuerza al amor, es la esperanza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 29; 33

La esperanza es un tesoro hecho de tesoros que todavía no aparecen

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 30. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, XX, 3

La esperanza es un tesoro que ya poseemos, antes que el otro tesoro

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 30. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, XX, 3

El amor a las delicias y los placeres se transforma en amor a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

Aquellos que han emprendido la subida al cielo necesitan hacerse violencia a ellos mismos y sufrir sin cesar.... hasta que el amor a las delicias y los placeres a los que se habían acostumbrado y la insensibilidad de su corazón se transforman en un verdadero amor a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

Yo he visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor las llevó a arrepentirse, dirigieron todo su amor al Señor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28

Aquel que ha derrumbado por el Espíritu de Dios las tres pasiones, ha destruido también las cinco; pero el que descuida vencer aquellas, no superará ninguna

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 2. Cf. Evagrio Póntico, De los distintos malos pensamientos, 1, en PG 79, 1200D

Las santas virtudes se asemejan a la escala de Jacob... Pues las virtudes, como cada una lleva a la siguiente, conducen hasta el cielo a quien las escoge

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 1

La perfección activa consiste en dos puntos: el primero es conocer la naturaleza de los vicios y el método para curarlos; el segundo es discernir el orden de las virtudes y adecuar... nuestra alma a su perfección

Juan Clímaco Juan Casiano, Conferencias, XIV, 10

El discernimiento es una lámpara en las tinieblas..., una luz para aquellos cuya vista es débil

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 122; 1; 95

Si queremos definir en general el discernimiento, podemos decir que es una luz interior que nos hace conocer con certeza la voluntad de Dios en todo tiempo, en todo lugar y en toda acción

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 122; 1; 95

El que la posee [la prudencia-discreción] es un exterminador de la enfermedad y un restaurador de la salud

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 122

[La prudencia constituye] un camino de vuelta para los extraviados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 122

Se engañan los que confían en ellos mismos y piensan que no necesitan de nadie que los guíe

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 18

[Muchos de aquellos que han emprendido el viaje,] al llegar a la mitad, se hallan en peligro o vuelven atrás, porque no están preparados para las tribulaciones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 37

Los enfermos recibirán de la providencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35; I, 19; IV, 68; IV, 77

Quienes son curados de las pasiones del alma mediante los cuidados de los médicos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35; I, 19; IV, 68; IV, 77

Pon tu llaga al desnudo ante el médico

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35; I, 19; IV, 68; IV, 77

Sin la ayuda de un médico, son raros quienes sanan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35; I, 19; IV, 68; IV, 77

[Quienes se han empeñado en sanar,] una vez recuperada la salud, se convierten en médicos... para todos, enseñando los síntomas de cada enfermedad, y su propia experiencia les hace capaz de impedir caer a los demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 11

El médico es aquel que ha adquirido la salud [espiritual] del alma y del cuerpo y no necesita [ya] ningún remedio para ellos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 4

El médico debe estar completamente despojado de las pasiones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 21; 15

Bienaventurados los médicos que no sufren náuseas, y los superiores que poseen la impasibilidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 21; 15

El que está perfectamente purificado ve el alma de su prójimo, no en ella misma, sino en cuanto a las disposiciones en que se encuentra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 79 (cf. 64)

[El padre espiritual debe] dar su alma por el alma del prójimo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 57

Nada muestra mejor el amor a los hombres y la bondad del Creador para con nosotros, que el hecho de haber dejado las noventa y nueve ovejas para buscar a la que se había perdido (cf. Lc 15, 4). Estate, pues, atento, venerado padre, y emplea todo tu celo, toda tu caridad, todo tu fervor, todos tus cuidados, todas sus súplicas ante Dios, a favor de quien está completamente extraviado y roto. Pues, donde las enfermedades y las heridas son graves, allí también, sin duda alguna, se conceden grandes recompensas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 79; 23-24

El médico sabrá que Dios le ha dado la sabiduría, cuando pueda curar enfermedades incurables para muchos otros

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 79; 23-24

[Al elegir maestro espiritual, es preciso examinar, no vayamos a dar] con un enfermo en lugar de con un médico, con un hombre sujeto a las pasiones en lugar de con un hombre impasible

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 16; I, 19; IV, 77

La habilidad del médico debe guardar proporción con la corrupción de nuestras llagas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 16; I, 19; IV, 77

Cuando un médico nos confiesa su impotencia, es necesario que vayamos a buscar otro

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 16; I, 19; IV, 77

Si resulta que encuentras un hospital y un médico desconocidos, compórtate como si te limitaras a pasar y sondea en secreto a todos quienes están allí. Y, cuando empieces a sentir que los cuidados proporcionados por aquellos hombres del arte y aquellos enfermeros son de alguna utilidad para tus enfermedades y, sobre todo, que te procuran el remedio que buscabas contra el engreimiento del espíritu, entonces adelántate, cómpralo con el oro de la humildad, y firma el contrato sobre el pergamino de la obediencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 103

Todos lo miran como a una imagen ejemplar, y consideran sus palabras y sus actos como una regla y una norma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 27

[El padre espiritual puede aliviar a los que sufren] sin que ellos se den cuenta y en secreto

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 3; 23; 54

[El padre espiritual] debe observar y adaptar los remedios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 36

En ocasiones, lo que para uno es medicina, para otro es veneno; y algunas veces lo que se administra a una persona le sirve de medicina si se le da en el momento oportuno, pero dado a destiempo se convierte en veneno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20; 21; Carta al Pastor, 48

He visto a un médico torpe que, humillando a un enfermo ya profundamente abatido, no lograba más que hundirlo en la desesperación. Y he visto a un médico hábil operar un corazón orgulloso con el cuchillo de la humillación y vaciarlo así de toda su infección

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20; 21; Carta al Pastor, 48

Debemos tener en cuenta los lugares, el género de conversión y de costumbres [de los enfermos]

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20; 21; Carta al Pastor, 48

[Los enfermos] son extremadamente diferentes. A menudo, el más debilitado resulta ser también el más humilde de corazón y, por consiguiente, debe recibir un tratamiento más suave por parte del médico espiritual. Lo contrario es evidente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20; 21; Carta al Pastor, 48

[En los casos en que la corrupción es grave,] se necesita un tratamiento enérgico

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 34

Entristece al enfermo durante un tiempo, no vaya a ser que su enfermedad se haga crónica o que él muera

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 30

Los enfermos que, después de hacer la experiencia de un médico y de aprovecharse de sus cuidados, lo abandonan por otro antes de haberse curado completamente, merecen el castigo más grave por parte de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 79. Cf. 103

El médico no puede curar al paciente si este no ha ido primero a consultarle y no le ha mostrado sus heridas con entera confianza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Carta al Pastor, 39

Aquel que oculta [sus malos pensamientos a su padre espiritual] se extravía al momento por desiertos sin camino

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 51

Al mostrar nuestras heridas..., [estas] no se agravan, sino que, por el contrario, se curan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 2

Descubre, saca a la luz tu llaga ante el médico y dile sin avergonzarte: ‘He aquí mi herida, padre, he aquí mi herida’

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 68

[La sugerencia] es un simple pensamiento, o bien la imagen de una cosa, que ha nacido en el corazón como una aparición fortuita y que se muestra de pronto a la mente

Juan Clímaco Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 35 (según Juan Clímaco, Escala, XV, 74)

[La vinculación es] una conversación con aquello que acaba de manifestarse..., acompañada o no de pasión

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 74

[El consentimiento] es la aquiescencia del alma a lo que se le propone, acompañada de delectación

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 74. Cf. Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 35; Marcos el Monje, La ley espiritual, 93; Máximo el Confesor, Centurias sobre la candad, I, 84

[La cautividad es] un impulso violento e involuntario del corazón; o también una atadura permanente al objeto en cuestión, que destruye el estado excelente de nuestra alma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 74. Cf. Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 35

La pasión, en sentido estricto, es un mal que afectaba secretamente al alma desde hacía mucho tiempo y que, a partir de ahora, le hace contraer una vinculación íntima con él y lo establece como en una disposición habitual, en virtud de la cual se dirige a él por propia iniciativa, espontáneamente y por afinidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 74. Cf. Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos nép- ticos, 35

[De la actitud de refutar los pensamientos] da testimonio... quien declara: ‘Opondré una palabra a los que me injurian’ (Sal 118, 42) para refutarlos; y también: ‘Nos has concedido refutar a nuestros vecinos’ (Sal 79,7)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 62

[La oración de Jesús permite] rechazar mediante una sola palabra los pensamientos en el mismo momento en que se presentan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 19. Cf. Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 2

Flagela a tus enemigos con el Nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo y en la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

El amigo de la hesijía es aquel cuyo pensamiento [está] siempre alerta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 3; 39. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

El que ha soportado una larga enfermedad no puede recobrar la salud en un instante; igualmente es imposible dominar de un golpe las pasiones, ni siquiera una sola pasión

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, Recapitulación, 57

Quien ha recibido al Consolador, implora su ayuda contra mí [la gastrimargía]; y Él, invocado así, no me permite actuar de forma apasionada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 38

[La gastrimargía es] la introductora de todas las demás pasiones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 35

No esperes rechazar al demonio de la lujuria mediante la discusión y la contradicción, pues, como tiene por arma a la naturaleza, hallará buenas razones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 22

Quienes aún no han logrado la verdadera oración del corazón encontrarán ayuda en el esfuerzo doloroso de la oración corporal; quiero decir: extender las manos, golpearse el pecho, levantar al cielo una mirada límpida, gemir profundamente, hacer metanías sin descanso

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 81

Corre en vano quien ha decidido luchar contra la carne y vencerla por sí mismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

Que ninguno de los que se han ejercitado con éxito en la castidad piense haberla adquirido por sus propias fuerzas. Pues es imposible vencer a la propia naturaleza. Cuando se vence a la naturaleza, se debe reconocer allí la presencia de Aquel que está por encima de la naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

La castidad es unión íntima con Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 35

Es casto quien destierra el eros sensual con el eros divino y apaga el fuego de la tierra con el fuego del cielo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Dichoso aquel que no siente por Dios una pasión menos violenta que la del enamorado por su amada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

[Es casto] aquel que posee permanentemente una perfecta insensibilidad a la vista de los seres sensibles y corporales, sea cual sea su diferente belleza o sexo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

La regla y la característica de una castidad perfecta y muy pura es mantenerse casi en las mismas disposiciones frente a los cuerpos animados o inanimados, las criaturas racionales o las que están desprovistas de razón

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

Dichoso en verdad aquel que ha logrado una insensibilidad perfecta ante cualquier cuerpo, cualquier tez y cualquier belleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3; 4; 7; 58

Digamos primero algunas palabras acerca de la enfermedad, y a continuación trataremos de los remedios que la curan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 1

Una fe inquebrantable corta de raíz cualquier preocupación

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 23

El que ha gustado de las cosas de arriba desprecia fácilmente las de abajo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 17; 26

Un pequeño fuego basta para quemar mucha madera; y con ayuda de una sola virtud escapamos a todas las pasiones que acabamos de decir. Esta virtud se llama desapego y es engendrada por la experiencia y el gusto de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 17; 26

La no posesión es el abandono de todo cuidado [por las cosas de este mundo], la liberación de todas las inquietudes de la vida

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 11

Quien ha vencido esta pasión [la filargiria] ha cortado la raíz de todas las inquietudes y las perturbaciones del espíritu

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 7 (cf. 24); 13; 11. Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 69; Apotegmas, PA ap. 4

[La no posesión es] una liberación de todas las preocupaciones de la vida

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 7 (cf. 24); 13; 11. Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 69; Apotegmas, PA ap. 4

La no posesión fortalece la humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 64 (cf. 65). Cf Isaías de Escete, Discursos ascéticos, 16; 55.-

Contra... la tristeza, desprecia... los objetos materiales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

El hombre que ha llegado así a detestar el mundo, se ha zafado de la tristeza, pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de ella. Pues ¿cómo no entristecerse si se está privado de lo que se ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

La verdadera compunción es un dolor del alma que no le permite ninguna distracción ni le concede ningún descanso, sino que en todo momento le hace presente su vida disoluta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

El penthos es el dolor que se ha vuelto natural para un alma en llamas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto

Juan Clímaco Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 67

Las lágrimas puras destruyen todas las impurezas visibles o escondidas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 35 (cf. VII, 37; XXVI, 151)

Esta fuente de lágrimas que brota después del bautismo es más grande que el propio bautismo... El bautismo, en efecto, nos purifica de las faltas que lo han precedido, mientras que las lágrimas borran todas las faltas que cometemos después. Como todos recibimos el bautismo en la infancia, luego lo manchamos, pero por medio de las lágrimas lo renovamos en su pureza primera

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 8

El abismo de la aflicción ve el consuelo... El auxilio divino es una renovación del alma abatida por la pena que, de una manera maravillosa, vuelve indoloras las lágrimas dolorosas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 60

De la aflicción (πένθος) que produce alegría

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII

Cuando considero la naturaleza de la compunción, me lleno de asombro: ¿cómo lo que llamamos aflicción y tristeza puede contener oculta en su seno tanta dicha y alegría?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 41; 54

El que se aventura en una continua aflicción según Dios, pasa cada día de su vida en una fiesta espiritual

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 41; 54

Cuando nuestra alma deje este mundo, no tendremos que responder por no haber obrado milagros, ni por no haber sido teólogos, ni por no haber llegado a la contemplación. Pero tendremos ineludiblemente que rendir cuentas a Dios por no haber practicado sin interrupción el penthos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 79. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85

Cada una de las otras pasiones puede ser destruida por una virtud determinada, pero la acedia... es una muerte que acosa [al hombre] por todos lados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 9

[Un hombre] lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 34

[La esperanza de los bienes futuros] aniquila por completo [la acedia]

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 16. Cf. Apotegmas, XXI, 7

Que ese tirano sea encadenado por el recuerdo de nuestros pecados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

El que se aflige por sí mismo, no conoce la acedia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

El que ama verdaderamente a su prójimo, ha desterrado la ira de su alma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 36; IX, 5-6

Un banquete en donde la caridad convida a sus amigos disipa la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 36; IX, 5-6

(La ira es) síntoma de un gran orgullo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

La conversión exige mucha humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

[La humildad conduce] a desterrar de nuestra alma todos los movimientos y todos los arrebatos de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9
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