Si resulta que encuentras un hospital y un médico desconocidos, compórtate como si te limitaras a pasar y sondea en secreto a todos quienes están allí. Y, cuando empieces a sentir que los cuidados proporcionados por aquellos hombres del arte y aquellos enfermeros son de alguna utilidad para tus enfermedades y, sobre todo, que te procuran el remedio que buscabas contra el engreimiento del espíritu, entonces adelántate, cómpralo con el oro de la humildad, y firma el contrato sobre el pergamino de la obediencia
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