No tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malvados que están en los lugares celestiales
Para no ser negligentes, nos conviene meditar estas palabras del apóstol: ‘Muero cada día’ (1 Cor 15, 31). En efecto, si vivimos como si tuviéramos que morir cada día, no pecaríamos. Lo que hay que entender por esto es que cada día, al despertarnos, pensemos que no subsistiremos hasta la tarde y, asimismo, cuando estemos a punto de acostarnos, pensemos que no nos despertaremos
Odia la enfermedad, no al enfermo
[En algunos casos] es totalmente necesario encontrar a un hombre sabio, que tenga experiencia de estas cosas, para recibir de él la luz y la fuerza
La acedia se presenta cada vez que se empieza algo
[El que sufre acedia] se ve llevado a desear otros sitios en los que pueda hallar más fácilmente aquello que necesita
[Si el hombre] se acuerda de sus pecados, Dios lo ayuda en todo y él no padece de acedia
[La acedia vuelve al hombre espiritual] blando y sin valor para las tareas que tiene que realizar allí donde vive, le impide permanecer en su morada y esforzarse en ella
El espíritu de la acedia minusvalora esta vida temporal
El espíritu de acedia engendra todos los males
[La acedia es] una relajación del alma, una dejadez del espíritu, la negligencia en la ascesis
[La acedia] pone en marcha casi todas las pasiones
La acedia es la negligencia del alma. Es negligente el alma que está enferma de amor al placer
A quienes conducen su vida a base de las obras del cuerpo... les llega otra acedia, que todos pueden ver
El demonio de la acedia suele atacar especialmente a quienes ya están avanzados en la oración o la practican con asiduidad
A veces, como dice san Basilio el Grande, se necesita entrar en contacto y en diálogo con un hombre experimentado y edificante, pues una visita en un tiempo apropiado y con una buena intención, una conversación moderada con semejante hombre, sin frivolidad ni charlatanería, pueden no solo expulsar del alma la acedia oculta en ella, sino también procurarle algún reposo y volver a darle fuerzas y celo para el combate siguiente. Sin embargo, los Padres, tras pensar en ello, a la luz de su propia experiencia, dicen que en el momento de la tentación es mejor permanecer en la propia celda, sin perder la hesiquía
Dios mismo ha dicho: Yo no te dejaré ni te abandonaré
El demonio de la acedia, al que también se le llama ‘demonio de mediodía’, ataca al monje hacia la hora cuarta y asedia su alma hasta la hora octava
Le preguntaron a un anciano ‘¿Por qué no te desanimas nunca?’. Y él contestó: ‘Porque cada día cuento con que voy a morir’
[Bajo la influencia de esta pasión, la mente] se vuelve ociosa e incapaz de cualquier actividad espiritual
[La acedia es] una languidez en la salmodia, una debilidad en la oración
[La acedia es] la más grave de las ocho [pasiones]
La acedia proviene de la distracción de la inteligencia
[La acedia es] la muerte del alma y del espíritu
Podemos, pues, afirmar con seguridad: el Señor es mi ayuda, nada temeré
A este demonio [de la acedia] no lo sigue inmediatamente ningún otro
Sobre todo alrededor de la hora sexta es cuando [este adversario] perturba [a los solitarios], excitando su alma enferma a horas fijas mediante los ardores que enciende en ella, como una fiebre que retorna periódicamente. Algunos ancianos declaran que ahí está el ‘demonio de mediodía’ del que habla el salmo 90
Cuando no es hora de la salmodia, la acedia no aparece; y cuando el oficio se ha acabado, nuestros ojos vuelven a abrirse
Todas las otras pasiones afectan en el alma bien a la parte irascible, bien a la concupiscible, bien incluso a la parte racional... En cuanto a la acedia, afecta a todas las facultades del alma
[De la acedia] provienen el espíritu de extravío, que es la fuente de mil tentaciones
Si Dios dejara [a este demonio] emplear toda su fuerza contra nosotros, sin duda no se salvaría ningún asceta
Al pensamiento de la acedia no lo sigue ningún otro pensamiento, primero porque dura, luego porque contiene en él todos los pensamientos
[En la acedia] el espíritu se turba sin razón
Cuando llega el momento del oficio divino y de la oración, [este demonio] de nuevo comienza a volver pesado nuestro cuerpo. Y cuando rezamos nos sumerge en el sueño y, mediante los bostezos que nos provoca a destiempo, nos impide pronunciar hasta versículos completos
La acedia, que ataca todas las potencias del alma, afecta a la vez a casi todas las pasiones, y por eso es más temible que ninguna. Es preciosa, pues, la palabra del Maestro que le opone el remedio: ‘Salvaréis vuestras almas por vuestra paciencia’ (Lc 21, 19)
[La acedia hace al alma] saborear el infierno
Uno no debe abandonar la celda a la hora de las tentaciones, por muy plausibles que sean los pretextos que se haya forjado para ello, sino que debe resistir sentado en su interior, ser paciente y recibir con valentía a todos los asaltantes, principalmente al demonio de la acedia
El alma que ha sido herida por este trastorno está realmente adormecida respecto a toda contemplación de las virtudes y a toda visión de los sentidos espirituales
Para el monje la acedia es una muerte que lo aprisiona por todos lados
La salud y la curación del hombre cuya alma está entenebrecida, le llega de la hesiquía. Allí encuentra su consuelo. Nadie recibe jamás la luz del consuelo en el trato con los hombres, ni se cura nunca por las relaciones que mantiene con ellos. La acedia lo abandona un momento, solo para asaltarlo a continuación con más violencia. Dichoso aquel que soporta semejantes tentaciones quedándose en su celda
Cuando te asalte el demonio de la acedia, no abandones la casa ni esquives la lucha
Quien quiera acometer la lucha de la perfección con todas las de la ley, debe... combatir en todos los frentes el pernicioso espíritu de la acedia
Cada una de las otras pasiones puede ser destruida por una virtud determinada, pero la acedia... es una muerte que acosa [al hombre] por todos lados
Dichoso aquel que soporta tales tentaciones quedándose en su celda. Pues, como dicen los Padres, serán grandes la morada y la fuerza que alcanzará tras ello
Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón
Tiene que apresurarse a extirpar esta enfermedad de lo recóndito de su alma
[Un hombre] lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada
Si crees que Dios te guarda en su providencia, ¿por qué te inquietas y te preocupas de las cosas que pasan y de las necesidades de la carne?... Pon en el Señor tu cuidado, y Él te alimentará. Ya no te asustará ninguna amenaza
En el momento de las tentaciones no se debe dejar la celda..., sino recibir valientemente a los asaltantes, a todos ellos, pero sobre todo al demonio de la acedia que, puesto que es el más opresivo de todos, la pone a prueba en el más alto grado
Si el hombre la reconoce [a la acedia] como lo que es, obtiene el descanso
[La esperanza de los bienes futuros] aniquila por completo [la acedia]
Acércate, espera en Mí, y descansarás de todo trabajo y de todo temor
La acedia es reprimida por la paciencia (ύποµονή)
(El hombre debe combatir el espíritu de la acedia de modo que) no se deje expulsar como un fugitivo del recinto de su ermita bajo ningún pretexto, por muy piadoso que sea
Que ese tirano sea encadenado por el recuerdo de nuestros pecados
Cuando tropecemos con el demonio de la acedia..., pronunciemos con David, sembrando en nosotros buenas esperanzas, este encantamiento: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en Dios, pues yo lo alabaré, a El, salvación de mi rostro y Dios mío’ (Sal 41, 6)
La experiencia demuestra que no se escapa a la tentación de la acedia huyendo, sino que hay que superarla haciéndole frente
El que se aflige por sí mismo, no conoce la acedia
Derramar lágrimas es un gran remedio contra las visiones de la noche engendradas por la acedia. El rey David aplicaba este remedio sabiamente a sus pasiones, diciendo: ‘Estoy agotado de gemir, de llorar sobre mi cama cada noche e inundar mi lecho con mis lágrimas’(Sal 6, 7)
Acosada por... las trampas del enemigo, la desdichada alma, empujada por el espíritu de la acedia... es conducida bien a ceder al sueño, bien a abandonar los límites de su celda y a buscar remedio a su tentación en la visita de un hermano. Pero el remedio que utiliza ahora la volverá más enferma poco después, ya que el adversario atacará con más violencia a quien sabe que le volverá la espalda nada más entablado el combate, y a quien ve que espera la salvación no de la victoria o de la lucha, sino de la huida
[Contra la acedia,] nada es tan eficaz para expulsarla [como el temor de Dios]
Nuestro muy santo y experimentado maestro solía decirnos: ‘El monje tiene que estar siempre preparado, como si fuera a morir al día siguiente... En efecto -decía él-, esto suprime los pensamientos de la acedia y vuelve al monje más celoso’
Si se conceden la libertad de salir con demasiada frecuencia, suscitarán contra ellos una plaga más terrible precisamente allí donde piensan encontrar un remedio. Como algunos enfermos que imaginan apagar los ardores de la fiebre tomando agua fresca. Pero es evidente que lo que hacen, más que acabar con este fuego interior, es excitarlo; al alivio momentáneo lo seguirá un dolor más vivo
[El demonio de la acedia] le representa [al hombre] qué larga es la vida
[La] fe inflexible no admite ningún arrebato de temor