Olvidando lo que está detrás, me lanzo hacia lo que está delante
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros
[En la penitencia los hombres que se habían vuelto locos por el pecado] reconocen su propia locura (άφροσύνη)
El arrepentimiento testimonia una gran sagacidad; en efecto, cuando uno se arrepiente de lo que ha cometido, ya no lo hace ni lo dice más y, mortificando su alma a propósito de sus faltas, hace el bien
El comienzo de la salvación es conocerse a uno mismo
En cuanto al bien precioso de la tristeza, hay que proveerse de él en el momento propicio del arrepentimiento de los pecados... pues solo es útil para semejante servicio
[Arrepentirse del pecado es] no volver a cometerlo
[Al alma deformada por el pecado] la penitencia la endereza
[El hombre] debe decirse cada mañana: ‘¿Qué hemos hecho de lo que Dios quiere y que no hemos hecho de lo que Dios no quiere?’ y actuar así durante toda su vida
Hay un retorno si lo deseamos, y es posible volver a la belleza y al esplendor de antaño; basta con que colaboremos... El alma, una vez manchada y caída en la fealdad y la vergüenza a consecuencia de sus numerosos pecados, puede volver rápidamente a su belleza primera si nosotros mostramos una seria y sincera penitencia
[La penitencia] consiste en no cometer de ahora en adelante los pecados de los que nos hemos arrepentido o por los que nos remuerde la conciencia
Yo duermo recordando mi pecado y me despierto recordando mi pecado
Tras el bautismo, ni Dios ni Satán obligan a la voluntad
Dichoso tú, si te das perfecta cuenta de tus faltas. Pues el que se da cuenta se horroriza y se desembaraza de ellas
[Conviene] que nos examinemos también cada seis horas para conocer cómo las hemos pasado y en qué hemos pecado
La penitencia es una restauración del bautismo
Cristo es el salvador del mundo entero, y ha dado a los hombres el arrepentimiento para que se salven
La penitencia ha sido dada a los hombres después del bautismo. La penitencia, en efecto, es un segundo nacimiento, que viene de Dios. Lo que hemos recibido en prenda por el bautismo, lo recibimos como un don por la penitencia
[El arrepentimiento] es la vuelta de lo que es contrario a la naturaleza a lo que le es propio
El que, tras el bautismo, se ha manchado debido a acciones inconvenientes y a iniquidades..., necesita para arrepentirse penitencia para recuperar por sí mismo esa misma dignidad divina que ha perdido a causa de su vida de pecado
La virtud del bautismo no presiona nuestra voluntad, ni la subyuga; no impide ser malvados ni siquiera a aquellos que se hallan bajo su influencia; de este modo, un ojo sano no puede nada cuando el sujeto quiere permanecer en las tinieblas
En el seno de Dios, es decir, en el baño sagrado del bautismo, recibimos el don totalmente perfecto, la gracia divina. Y si a continuación, debido al mal uso de los asuntos temporales, a la preocupación por las cosas de la existencia y a las brumas de las pasiones, cubrimos esta gracia como no deberíamos, todavía ahora podemos, mediante el arrepentimiento y el cumplimiento de los mandamientos de la obra divina, recuperar de inmediato, adquirir de nuevo esta dichosa luz sobrenatural y ver la revelación más clara de ella
La tristeza según Dios produce un arrepentimiento saludable, que no lamentamos; en cambio, la tristeza del mundo produce la muerte
Si un hombre se acusa a sí mismo, está protegido por todos lados
Tenemos que conservar siempre presente el recuerdo de nuestros pecados, incluso después de habernos purificado de ellos... El recuerdo del pasado es la salvaguarda del futuro
A aquellos que buscan sinceramente el remedio, no puede dejar de llegarles la curación por medio del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades, por desánimo o negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar con insolencia el tratamiento de la penitencia, recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial
La purificación operada por el bautismo y realizada místicamente, se muestra eficaz por la práctica de los mandamientos... Estamos dominados por el pecado a causa de nuestra negligencia respecto a los mandamientos de aquel que nos ha purificado
[Sin la contrición del corazón] nadie puede curarse de sus pasiones
Si nos examinamos todos los días, aplicándonos a arrepentirnos de nuestras faltas y a corregirlas, empezamos a disminuir la frecuencia del pecado; por ejemplo, de nueve veces pasamos a ocho. De ese modo, progresando poco a poco con ayuda de Dios, impediremos que las pasiones se fortalezcan en nosotros
[La penitencia es] un segundo bautismo
[La penitencia es] una súplica continua, una súplica incesante... que pide [a Dios] la absolución del pasado
[Dios ha dado a los hombres el remedio del arrepentimiento] a fin de que aquellos que por pereza o negligencia han perdido la vida eterna vuelvan a ella de nuevo por medio de la penitencia con una gloria más resplandeciente y manifiesta
Lo que la crismación procura todos los días a los cristianos y en todos los tiempos son los dones, tan útiles al alma, de piedad, caridad, pureza y demás, aunque esto pase desapercibido a muchos fieles, aunque ignoren la eficacia de este sacramento, aunque, como dicen los Hechos de los apóstoles (19, 2), ni siquiera sospechen que existe un Espíritu Santo y no se hayan dado cuenta de que han recibido sus dones
Vuestra tristeza os ha llevado al arrepentimiento... La tristeza según Dios produce, en efecto, un arrepentimiento saludable
La penitencia es la curación del pecado
[Quienes están sometidos a las pasiones] han sido liberados por Cristo, pero se han entregado ellos mismos como esclavos a los vicios, descuidando cumplir todos los mandamientos, y así se han vuelto de nuevo dependientes
Condénate en todo siempre como pecador y transgresor
Por la contrición del corazón volvemos por fin a nuestro descanso
[La penitencia es] la reconciliación con el Señor mediante la práctica de las buenas obras contrarias a los pecados en los que se ha caído
[La penitencia es] la aflicción con la que preservamos las cosas del futuro
[Dios ha dado a los hombres el] remedio (φάρµακον) saludable de la penitencia
El pecado es la llaga y la penitencia es el remedio
Nuestro Señor Jesucristo..., tomando para la salvación de todos unas disposiciones conformes con lo que El sabía que era digno de Dios, fundamentó la ley de la libertad en diferentes prescripciones y fijó un solo objetivo conveniente para todos cuando dijo: ‘Arrepentíos’, a fin de que pudiéramos entender así que toda la diversidad de los mandamientos se acaba para reducirse a uno solo: el de la penitencia
Debemos estar siempre totalmente convencidos de que pecamos en todo, en palabra, en acto y en pensamiento
La penitencia es un juicio perpetuo que uno pronuncia contra sí mismo; es el estado de un alma que se preocupa por cuidarse a sí misma y se despreocupa de todo lo demás
Es importante que sepamos que tenemos necesidad de penitencia durante las veinticuatro horas del día y de la noche
¿Cómo iba a aceptar ser curado aquel que no se deja siquiera convencer de que yace enfermo y herido?
Lo que la llaga y el remedio son para el cuerpo, el pecado y la penitencia lo son para el alma
Nadie puede ser hallado inocente durante días, nadie puede no haber incumplido nunca los preceptos [del Señor]
Volvamos a Dios por la penitencia y Él lo pacificará todo
[La penitencia es] una herida del alma sentida fuertemente
Aquel que conoce sus pecados es más grande que aquel que resucita a los muertos con su oración. El que gime una hora por su alma es más grande que el que sirve al mundo entero con su contemplación. Aquel a quien se le ha concedido verse a sí mismo es más grande que aquel a quien se le ha concedido ver a los ángeles
Por el arrepentimiento el hombre adquiere de [nuevo] el esplendor que le corresponde. La penitencia es la puerta que hace salir de las tinieblas para entrar en la luz
Empleemos el remedio salvador, la penitencia, o más bien, recibamos de la mano misma de Dios esta penitencia que debe curarnos
[La penitencia es] necesaria para todos
El que posee las lágrimas verdaderas acompañadas de compunción... no es vencido en ningún combate... Las lágrimas son un escudo en el que rebotan todas las saetas encendidas del diablo (Ef 6, 16). A quien las tiene no le alcanzará ningún ataque del combate
[Dicen los demonios:] Sólo hay una cosa que vuelva impotente nuestra fuerza e inútiles todos nuestros esfuerzos...: si no dejas de censurarte a ti mismo ante el Señor, nos hallarás tan débiles como una telaraña
Igual que no es posible cruzar el gran mar sin un barco, así tampoco puede nadie llegar al amor sin el temor. El mar nauseabundo que nos separa del paraíso espiritual no podemos atravesarlo más que en la nave del arrepentimiento, dirigido por los remeros del temor. Pero si estos remeros del temor no gobiernan la nave del arrepentimiento, con la que cruzamos el mar de este mundo para ir a Dios, somos engullidos en las aguas nauseabundas. El arrepentimiento es la nave. El temor es su piloto. Y el amor es el puerto divino
El fruto y la tarea propia de la penitencia es precisamente lo que expulsa la ignorancia y procura a la vez el conocimiento. [Por] conocimiento entiendo yo primero el de nosotros mismos y de lo [que] nos concierne y, a continuación, el de lo que nos sobrepasa y el de [los] misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos [que] no hacen penitencia... Las verdades divinas... no se les revelan más [que] a aquellos que han hecho penitencia con ardor y a los que una penitencia sincera ha purificado convenientemente, y esto en proporción y medida de su penitencia y de su purificación. A ellos se les revelan las profundidades del Espíritu... Pero estas verdades permanecen incognoscibles y ocultas para todos los demás
Recibamos, hermanos, la penitencia, el remedio que nos salvará, como el remedio que destruirá nuestros pecados
Las lágrimas que se derraman continuamente en nombre de Dios protegen al hombre que las ha adquirido
Cuando nuestra alma salga de este mundo, no nos acusarán de que no hayamos hecho milagros, o de que no hayamos desentrañado las verdades sublimes de la teología, o de que no nos hayamos elevado hasta encumbradas contemplaciones, sino que ciertamente tendremos que dar cuenta a Dios de no haber librado sin cesar nuestros pecados
De la fe nace el temor de Dios. Pues bien, cuando este acompaña a las obras y se eleva por poco que sea hacia el cumplimiento, engendra el conocimiento espiritual... La fe suscita en nosotros el temor, y el temor nos fuerza a arrepentirnos y a poner manos a la obra. Así se le da al hombre el conocimiento espiritual, que es la sensación de los misterios, la cual engendra la fe de la verdadera contemplación. Sin embargo, el conocimiento espiritual no nace sencillamente de la fe pura, sino que la fe engendra el temor de Dios; y en el temor de Dios, cuando empezamos a actuar por él, de la energía de este temor nace el conocimiento espiritual, como dijo san Juan Crisóstomo: ‘Cuando alguien adquiere la voluntad de seguir el temor de Dios y la recta sabiduría, recibe rápidamente la revelación de los misterios’
Antes del duelo y las lágrimas, no hay en nosotros arrepentimiento
Todos vosotros sois pecadores, pero no desesperéis, pues yo no dejo de ofreceros este remedio para aliviar vuestros males
He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)
Yo presento para apoyar mis discursos, no solo a un hombre, ni a dos, ni a tres, sino a miles de hombres cubiertos de llagas y de úlceras, manchados con miles de crímenes, y que han sido curados por la penitencia, de modo que no ha quedado ni una cicatriz, ni rastro de sus antiguos males
Manasés pecó como ningún otro hombre... Aunque el mundo entero hubiera ayunado por él, no hubiera podido compensar dignamente su crimen. Pero la humildad tuvo el poder de curar en él lo que era incurable
Cuando estemos cubiertos por completo con las llagas del pecado, si hacemos penitencia..., Dios las hará desaparecer de forma que no se vean ni cicatriz, ni rastro, ni indicio alguno
Si Dios ve que los pecadores están dispuestos a hacer penitencia, si están por completo cargados de crímenes, cubiertos de úlceras, los trata y los cura sin que quede ninguna cicatriz, ningún rastro, ninguna marca de sus pecados
Convenzámonos de toda la eficacia del remedio de la penitencia
Las lágrimas devuelven la vida a quien estaba muerto en el alma
El arrepentimiento resucita al que está muerto espiritualmente
Reconozcamos francamente lo que somos y lo que son las heridas de nuestra alma, pues es la manera de darles remedio. El que no conoce el mal no se ocupa de su enfermedad
El diablo huye siempre ante la punta acerada de la penitencia
Oh, fiel, destierra la tristeza presente para revestir esa otra tristeza que el apóstol denomina tristeza según Dios, tristeza capaz de obrar nuestra salud duradera, en otras palabras, el arrepentimiento de los pecados que has cometido
El pecador... debe recurrir a la tristeza para desprender su alma y volverla a llevar a un estado mejor
La humildad tiene varios grados... David alaba esta humildad perfecta que no consiste solo en un abajamiento, sino en un quebrantamiento completo del corazón, cuando dice: ‘El sacrificio agradable a Dios es un espíritu abatido por la aflicción y el arrepentimiento; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias’ (Sal 50, 19)