A aquellos que buscan sinceramente el remedio, no puede dejar de llegarles la curación por medio del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades, por desánimo o negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar con insolencia el tratamiento de la penitencia, recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial
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