Quotes on avaricia — 81 quotes

On avaricia

Os lo digo, hermanos: el tiempo es breve; así, que los que compran vivan como si no poseyeran; los que usan de este mundo, como si no usaran verdaderamente de él. Pues la figura de este mundo pasa

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 29.31

A pesar de toda su precariedad, nos agarramos a la prosperidad de aquí abajo con tal frenesí, y nos dejamos embaucar por estas alegrías engañosas hasta tal punto, que ya no podemos imaginar nada más fuerte ni más grande que los bienes temporales

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XIV, 20-21

Debemos utilizar la riqueza como administradores, no como quienes se proponen gozar de ella

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías contra los ricos, VII, 3. Cf. Gregorio Nacianceno, Discursos, XXVI, 11

[Quien posee riquezas] se apropia de bienes que no le pertenecen en absoluto

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 1; 3. Cf. también Juan Crisóstomo, Homilías sobre I Corintios, XXIX, 8

Todo el que posee en abundancia piensa que todavía es demasiado pobre

Ambrosio de Milán Ambrosio de Milán, Nabot el pobre, 50

Es imposible que la caridad coexista en alguien con las riquezas

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 18

Este amor [al dinero], que vence a cualquier otro amor, expulsa del alma cualquier otro deseo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Discurso: A quien no se daña a sí mismo

[El avaro descuida] la figura y la imagen de Dios, que debería conservar inmaculada en él dando culto a Dios

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 7, 6

Amemos la caridad para con los pobres, a fin de que ella nos salve de la filargiria

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 16. Cf. Juan Clímaco, Escala, XVI, 3

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio adecuado...: la limosna contra la filargiria

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113

Cuando ha alcanzado un montón de cosas en su avaricia, su misma saturación lo oprime. Mientras su única preocupación es buscar cómo conservar lo que ha adquirido, esta saciedad lo angustia. El primer dolor que siente son los quebraderos de cabeza causados por todas las cuestiones que le plantea su deseo inmoderado: ¿cómo obtener lo que apetece?... Luego, una vez colmados estos deseos, surge otro dolor: la inquietud por preservar todo eso que ha adquirido con tanto trabajo. Se halla, pues, agobiado por toda clase de dolores, que son aquí abajo el castigo por su codicia y la preocupación por conservar lo que posee

Gregorio Magno Gregorio el Grande, Morales sobre Job, XV, 19

[La filargiria] produce odios, envidias, divorcios, enemistades, disturbios, resentimientos, injurias, acciones inhumanas y asesinatos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 24

[El avaro] espera más en su dinero que en Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 18

[Las cosas son de todos en cuanto a su uso, pero] no son de nadie en cuanto a su propiedad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 95-97

[La avaricia] incita a los hombres a preferir el amor al dinero al amor a Cristo, pone al Creador de la materia por debajo de la materia misma, los persuade a que adoren a esta última antes que a Dios

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 55-56

Si esta enfermedad echa raíces en nosotros, es peor que todas las demás

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, V

Que vuestra conducta esté exenta de filargiria, contentándoos con lo que tenéis ahora; pues Dios mismo dijo: ‘No te dejaré ni te abandonaré’

Pablo Apóstol Heb 13, 5

Nuestros bienes de aquí son fugaces y pasajeros; pasan de mano en mano como en un juego de dados y no hay nada que poseamos realmente

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XIV, 20-21

[El avaro y el codicioso] traspasan los límites normales

Basilio de Cesarea Cf. Basilio de Cesarea, Reglas breves, 48

[La pleonexía desencadena] la ira contra los iguales o el desdén de los inferiores, o la envidia de quien nos sobrepasa; ahora bien, la envidia va acompañada por la hipocresía, el desdén por la acritud, la ira por la misantropía

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5

En efecto, no se puede amar al mismo tiempo a la propia alma y al dinero

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXIII, 6

Si por descuido le hemos dado entrada una vez [a esta pasión] en el corazón, se vuelve más peligrosa que las otras enfermedades y más difícil de combatir

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 2

Lo mismo que no hay mar sin olas y mareas, no hay avaro sin tristeza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 21

La avaricia tiene tres causas: el placer, la vanagloria y la falta de fe. La falta de fe es más grave que las otras dos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 17

El que ha preservado desde el principio la imagen y la semejanza [de Dios], o la ha recordado y recobrado, ha recibido también la facultad de ver según la naturaleza. Ve todas las cosas tal como son por naturaleza... Ve el oro y, lejos de apegarse a su brillo, piensa que esta materia viene de la tierra y que no es más que polvo o piedra que nunca podrá transformarse en otra cosa. Contempla el dinero, la perla y todas las piedras preciosas y, lejos de que su fulgor capte sus sentidos, no ve en todo aquello sino unas piedras como las demás y todo le parece igual de barro. Ve unos vestidos lujosos y, lejos de admirar sus bordados, considera que son excrementos de gusanos y siente lástima de aquellos que obtienen placer de ellos y los buscan como algo precioso

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 217-233

Si quieres ser amigo de Cristo, despreciarás el oro y su codicia. Pues dirige hacia ella el pensamiento de quien ama y lo arranca al muy dulce amor de Jesús

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 55-56

¿Quién huirá de esos bienes fútiles? ¿Quién mirará los bienes presentes como bienes caducos? ¿Quién discernirá la realidad de la apariencia? ¿Quién sabrá distinguir la engañifa de la verdad?

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XIV, 20-21

En todas partes no ves más que tu oro, en todas partes lo imaginas. El oro obsesiona tus sueños de noche y te atormenta de día. Los locos no ven el mundo real, sino las alucinaciones de su cerebro confundido. Lo mismo tu alma, presa de su idea fija, lo ve todo de oro, todo de dinero

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías contra la riqueza, VI, 1; cf. VII, 1

[En aquellos a quienes estas pasiones atañen profundamente] ocurre todo como si cambiaran de naturaleza y perdieran todos los rasgos de su especie para convertirse en monstruos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Del amor a los pobres, 2

[Por la avaricia y la codicia, el hombre se vuelve] enemigo de sí mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXX, 4

Si no se han expuesto primero las formas variadas de una enfermedad, si no se han descrito su origen y sus causas, no se podrá aplicar a los enfermos el tratamiento adecuado ni permitir a los sanos conservar su buena salud. Los antiguos, que poseen una gran experiencia de este género de caídas, acostumbran exponer esto en sus tratados... Muy a menudo reconocíamos muchos elementos de estas pasiones en nosotros mientras los ancianos las exponían por completo, como si ellos mismos estuvieran turbados por ellas, y, sin tener que sonrojarnos de vergüenza, nos curábamos sin decir nada, aprendiendo los remedios y a la vez las causas de los vicios que nos minaban

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 13

Digamos primero algunas palabras acerca de la enfermedad, y a continuación trataremos de los remedios que la curan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 1

Quien se libera de todas las codicias del mundo se vuelve inaccesible a cualquier tristeza del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 22

[Hay que reconocer] que todo es una sombra y que de las cosas visibles todo pasa

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIX, 140-143

Si esta enfermedad es un mal tal que ha recibido el nombre de segunda idolatría, ¿de qué vicio no desbordará el alma que enferma de ella?

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 55

Los ricos y los avaros son ladrones de un cierto tipo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Lázaro, I. Cf. Homilías sobre 1 Corintios, X, 4; Basilio de Cesarea, Homilías contra los ricos, VII, 5; Homilías contra las riquezas, VI, 5

No solo hay que evitar poseer dinero, sino arrancar completamente del alma el deseo de ello. Pues no hay que evitar tanto los efectos de la filargiria, como suprimir de raíz la tendencia a la filargiria; no serviría de nada que no poseyéramos dinero, si tuviéramos el deseo de poseerlo

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 21; 22

Una fe inquebrantable corta de raíz cualquier preocupación

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 23

[Es ridículo] divertirse con una sombra y atesorar lo que huye

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIX, 140-143

La filargiria nos atrae el odio universal

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 4, 2

Pues incluso quien no posee dinero puede ser filárgico y no sacar ningún provecho de su privación, si no ha sido capaz de eliminar la codicia

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 21; 22

El que ha gustado de las cosas de arriba desprecia fácilmente las de abajo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 17; 26

[Existen] unas riquezas verdaderas que procuran un gozo inmortal

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, III, 662-668

[La filargiria] hace que nos detesten todos, los que han sido víctimas de la injusticia e incluso aquellos a los que no han pisoteado nuestras injusticias

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2. Cf. Homilías sobre la Epístola a los hebreos, I, 4

Si queremos llevar a cabo el combate espiritual según las reglas, tenemos que curar esta enfermedad con tanto cuidado como las anteriores

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 1-2

Un pequeño fuego basta para quemar mucha madera; y con ayuda de una sola virtud escapamos a todas las pasiones que acabamos de decir. Esta virtud se llama desapego y es engendrada por la experiencia y el gusto de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 17; 26

En las riquezas no hay más que motivos de aflicción, de divisiones, de querellas, de trampas, de odios y de temores

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXXIII, 3

Quien ha vencido esta pasión [la filargiria] ha cortado la raíz de todas las inquietudes y las perturbaciones del espíritu

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 7 (cf. 24); 13; 11. Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 69; Apotegmas, PA ap. 4

Si no cortamos la pasión desde el principio, una vez que entre en nosotros nos traerá una enfermedad de la que ya no podremos curarnos

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IX, 6; LII, 6; Homilía sobre la traición de Judas', Homilías sobre 1 Corintios, IX, 4; Discurso: A quien no se daña («esta grave enfermedad..., esta enfermedad que desafia a todo remedio y se apodera de todas las almas»); Comentario a san Juan, LXV, 3; Homilías sobre I Corintios, XXIII, 5; 6

Contra... la tristeza, desprecia... los objetos materiales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

No hay enfermedad más cruel que esa hambre incesante que los médicos llaman bulimia; por más que se come, nada puede calmarla. Transportad semejante enfermedad del cuerpo al alma, ¿hay algo más espantoso? Pues bien, la bulimia del alma es la avaricia; cuanto más se atiborra de alimentos, más desea. No deja de extender siempre sus deseos más allá de lo que posee

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 2 Timoteo, VII, 2

El hombre que ha llegado así a detestar el mundo, se ha zafado de la tristeza, pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de ella. Pues ¿cómo no entristecerse si se está privado de lo que se ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

Los avaros no son más que los esclavos de sus bienes

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXXIII, 3

[En los avaros y codiciosos] no hay nunca tranquilidad ni seguridad para su alma...; ni la noche ni el día les aportan sosiego..., sino que están atormentados por todas partes

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 142, 4; cf. también Comentario a san Mateo, LXXXIII, 3

Están siempre agitados y su alma no tiene un momento de reposo. La impaciencia por adquirir lo que aún no tienen hace que estimen en nada lo que ya poseen. Por un lado tiemblan por la aprensión de perder lo que ya han acumulado, y por otro se esfuerzan por hacer nuevas adquisiciones, es decir, nuevos motivos de temor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, I.XXXI,4

El rico, incluso cuando no sufre ninguna pérdida, tiene miedo de sufrirla

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los romanos, XXIV, 4

¿Dónde está el placer y el descanso del espíritu que se encuentra en las riquezas?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

Yo os confieso que no veo más que motivos de aflicción y de pena... y una tristeza que no da tregua

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

[El avaro] se encuentra todos los días abrumado por nuevas preocupaciones y se queja de que la vida para él es una carga

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Homilías sobre 1 Corintios, XXII, 5

Los avaros no están privados del gozo de lo que tienen solo porque no se atreven a utilizarlo como desean, sino también porque nunca poseen lo bastante y siempre tienen sed de más. ¿Hay algo más penoso?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

El apego que tienen a sus riquezas no es una prueba de la satisfacción que encuentran en ellas, sino de la enfermedad y del desequilibrio de su mente

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

El avaro vive en tinieblas y extiende una espesa noche sobre el mundo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

[Para el avaro,] la vista del alma se ha apagado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Homilías sobre 1 Corintios, XXII, 5

La avaricia es una plaga terrible: cierra los ojos y tapa los oídos de quien está poseído por ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

La avaricia es una especie de noche que oscurece todas las cosas, o más bien que las hace ver de un modo distinto a como son en ellas mismas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2; Comentario a san Mateo, XXXVIII, 3; Hornillas sobre 1 Corintios, XXII, 5

Para el avaro, los hombres no son hombres

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXIII, 3; Homilías sobre I Corintios, IX, 4

[Los avaros] son muy miserables porque dan el cielo a cambio de un poco de tierra y de barro. Se parecen a un rey que, después de cambiar su reino por un estercolero, se vanagloriara de ese trueque, como si ese estercolero valiera más que su corona

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXIII, 4

Los que viven sumidos en las tinieblas de la sinrazón ya no reconocen la verdadera naturaleza de las cosas, se revuelcan en la basura y el estercolero deja de parecerles un estercolero; poseídos por la avaricia, son insensibles al mal olor que ésta exhala

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXIII, 4; Comentario al salmo 9, 1

Gran número de hombres juzgan mal las cosas de aquí abajo y por eso caen en el desaliento. Ocurre que los locos se espantan de lo que no tiene nada de espantoso, temen cosas que a menudo no existen y huyen de las sombras. Los hombres que temen perder el dinero se parecen a ellos. En efecto, este temor no es imputable a la naturaleza, sino a la voluntad. Si hubiera aquí un verdadero motivo de aflicción, todos aquellos que sufren pérdidas deberían ser desgraciados; pero, si la misma desventura no produce en nosotros la misma aflicción, eso quiere decir que el principio de la aflicción no está en la naturaleza, sino en la bajeza de nuestros pensamientos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 9, 1

El querer superar al otro en la posesión de los bienes materiales no tiene otro principio que la disminución de la caridad; la avaricia no tiene otra fuente que el orgullo, el odio a los hombres y el desprecio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los efesios, XVIII, 3

[Conviene meditar el ejemplo de] los que habían caído en el mal y se han curado de él

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 5

[Conviene] prescribir una regla detallada, siguiendo el uso de los médicos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 5

¡Qué locura! ¡Qué enfermedad! Pero diremos que no se trata solo de acusar a los enfermos, sino de curarlos de su pasión. Y cómo curarlos sino mostrándoles que su pasión es innoble y entraña males incalculables

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 5

[El enfermo necesita] no solo pensar en quienes se han curado del mal, sino también en los sufrimientos de quienes han perseverado en él

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXIII, 5

[Es preciso] comprender la falta de valor de las cosas, saber que la riqueza es un esclavo fugitivo e ingrato, que sume a sus posesores en multitud de males

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXIII, 5; XI, 5

Encomendémonos en todo [a nuestro Maestro] y no nos dejemos torturar por las preocupaciones de esta vida

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, VIII, 19

Si damos prioridad a los bienes espirituales, no nos apurarán los bienes materiales, pues Dios nos los concederá

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, VIII, 19

Tendamos con todo nuestro espíritu al deseo de los bienes espirituales y consideremos todo lo demás secundario respecto al gozo de los bienes futuros, a fin de recibir en abundancia los bienes presentes, los de la promesa

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, VIII, 24

[Existen] otra belleza, otras riquezas, otros gozos superiores

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre 1 Corintios, XXIII, 5; XI, 5

Lo haréis, si sustituís este amor [al dinero] por otro amor, el deseo de las cosas del cielo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IX, 6

Es muy útil para disipar la tristeza afligirse profundamente por ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 14