Cuando ha alcanzado un montón de cosas en su avaricia, su misma saturación lo oprime. Mientras su única preocupación es buscar cómo conservar lo que ha adquirido, esta saciedad lo angustia. El primer dolor que siente son los quebraderos de cabeza causados por todas las cuestiones que le plantea su deseo inmoderado: ¿cómo obtener lo que apetece?... Luego, una vez colmados estos deseos, surge otro dolor: la inquietud por preservar todo eso que ha adquirido con tanto trabajo. Se halla, pues, agobiado por toda clase de dolores, que son aquí abajo el castigo por su codicia y la preocupación por conservar lo que posee
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