La caridad no hace ningún mal al prójimo; la caridad es, por tanto, el cumplimiento de la Ley
Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos
Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero
Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina
La acción de los mandamientos no basta para curar por completo las potencias del alma si no se suceden en el espíritu las contemplaciones que se corresponden con ellas
[La caridad] resume en un principio universal lo que tienen de parcial los mandamientos que Dios se complace en reunir en ella según un tipo único, y que su Providencia distribuye a partir de ella de múltiples maneras
El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos