Descubro en mí esta ley: cuando quiero hacer el bien, el mal está unido a mí. Pues, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero veo en mis miembros otra ley, que lucha contra la ley del entendimiento, y que me hace cautivo de la ley del pecado, que está [en] mis miembros
Todo lo que pidamos, lo recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada
El Verbo ha sido llamado Salvador, Él, que ha inventado para los hombres estos remedios espirituales para darles un sentido moral justo y conducirlos a la salvación... Él manda de qué hay que abstenerse y trae a los enfermos todos los antídotos saludables. Cuando el médico no da ningún remedio para la salud, los enfermos se quejan; cómo no íbamos a sentir el mayor agradecimiento hacia el divino pedagogo, ya que Él no guarda silencio, y no deja de señalar las carencias que llevan a la ruina, sino que, por el contrario, las denuncia... y enseña los preceptos que convienen a la vida recta
La fidelidad a los mandamientos de Cristo forma parte integrante de la oración
Aquel que quiere tener de [Dios] la gracia celestial del Espíritu, crecer y volverse perfecto en el Espíritu Santo, debe hacerse violencia para practicar todos [los] mandamientos de Dios
¿Quieres llegar a ser un día teólogo y digno de la divinidad? Guarda los mandamientos y progresa mediante la observancia de los preceptos, pues la praxis es el medio de acercarse a la contemplación
Hemos recibido de Dios la tendencia natural a hacer lo que Él manda... Al usar... de modo conveniente estas fuerzas, vivirnos santamente en la virtud... Tal es, por tanto, la definición de la virtud qué Dios exige de nosotros: el uso concienzudo de estas facultades según la orden del Señor
¿Quién conoce el poder de los mandamientos de Dios, y quién comprende las facultades del alma y cómo aquellos curan a éstas?
La fe sola no basta para salvarse
Quien no posee humildad no ha cumplido ningún mandamiento. Pues sin humildad ninguna de las virtudes es agradable ante Aquel que las recibe: Cristo
[La fe en Jesús es] la práctica de sus mandamientos
Si uno no deja de pensar en Dios y no descuida practicar sus santos mandamientos, no caerá con una flaqueza voluntaria ni involuntaria
[Las virtudes] permiten recobrarse y volver al estado de naturaleza por la práctica de los santos mandamientos de Cristo
El médico de las almas, mediante sus decretos, adapta el remedio a lo que, en el alma, es raíz de las pasiones
El Verbo de Dios se revela en aquellos que ponen por ob[ra la] praxis, que toma forma en los mandamientos. Y por los mandamientos conduce en su persona de Verbo al Padre a aquellos que actúan
La fe tiene también necesidad de las obras
La fe se vuelve perfecta mediante todo lo que instituyó Cristo..., venerando y practicando sus mandamientos
La vigilancia es el camino de todas las virtudes y de todos los mandamientos de Dios
Todos los mandamientos del evangelio divino parecen dar leyes y sanear las tres facultades del alma, es decir, la desiderativa, la irascible y la racional, en aquellos que se rigen por sus órdenes. O, más bien, no solo parecen sanearlas, sino que sanean realmente las tres facultades
Que nadie vaya a fiarse exclusivamente de la fe en Cristo
[Por los divinos mandamientos de Cristo] conserva el bautizado la gracia del Espíritu Santo, solo si quiere observarlos
El alma adquiere la salud sólo por el cumplimiento de los mandamientos de Dios
Cristo, siendo perfecto Dios, ha dado a los bautizados la gracia perfecta del Espíritu Santo, a la que no tenemos nada que añadir. Pero ella se nos revela y se nos manifiesta en la medida en que cumplimos los mandamientos
Todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Jesucristo
Pues el amor de Dios consiste en guardar sus mandamientos
Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero
[El que teme al Señor es dichoso] porque se aplica con celo a la observancia de los mandamientos
La acción de los mandamientos no basta para curar por completo las potencias del alma si no se suceden en el espíritu las contemplaciones que se corresponden con ellas
A esta fe hay que juntarle la reglamentación de toda la vida y el cambio de la forma de vivir
El cumplimiento de los mandamientos es la humildad, en quien Dios descansa (cf. Is 66, 2); quien cumple la humildad cumple todos los mandamientos
El santo bautismo es perfecto, pero no lo hace perfecto el que no pone en práctica los mandamientos
Conociendo nuestra debilidad y previendo que, incluso después del bautismo, seguiríamos pecando, Dios, en su bondad, nos ha dado unos mandamientos santos que nos purifican. Así, si queremos, podemos ser de nuevo purificados por la práctica de estos mandamientos
Por la práctica de los mandamientos, el espíritu se despoja de las pasiones
El que no ha guardado los mandamientos y no ha seguido la huella de los bienaventurados apóstoles, no es digno de ser llamado santo
Los que se apoyan solo en la fe, no tienen fe (son άπιστοι)
Por la gracia, Dios ha dado a todos el poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn 1, 12) observando los mandamientos divinos
La salud y la perfección del alma no se realizan sino con el amor y la observación de sus mandamientos
El comienzo de todo lo que se hace en Dios... es esforzarnos de todas las maneras y con todas nuestras fuerzas por vivir según las leyes de todos los mandamientos deificantes del Salvador
Tened cuidado de que nadie os cautive mediante la filosofía y mediante un engaño vano, apoyándose en la tradición de los hombres y en los principios del mundo
En esto sabemos que lo conocemos: si guardamos sus mandamientos. El que dice: ‘Lo conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y en él no está la verdad
Él [el Señor] dice que se manifiesta a quienes... guardan sus mandamientos
Quienes viven en el temor no podrán ni omitir, ni observar negligentemente uno solo de los mandamientos que les han dado
¿Quién conoce la eficacia de los mandamientos de Dios y quién comprende las potencias del alma, y cómo aquellos curan a éstas y las conducen a la contemplación verdadera?
La gracia se les ha dado místicamente a quienes han sido bautizados en Cristo; y se muestra eficaz en la medida en que practican los mandamientos
[Cristo] nos proporciona el remedio [a la transgresión de los preceptos divinos]
La fuerza de los demonios disminuye cuando la práctica de los mandamientos debilita en nosotros las pasiones; es destruida cuando, finalmente, por efecto de la impasibilidad, estas pasiones han desaparecido del alma, pues ya no encuentran en ella unas complicidades que servían de base a sus ataques. Y este es sin duda el sentido del versículo: ‘Perderán su fuerza, y perecerán ante tu faz’ (Sal 9,4)
Sabes que el mal ha entrado en nosotros por la transgresión de los mandamientos. Está claro, pues, que la salud vuelve por la observación de esos mismos mandamientos. Si no ponemos manos a la obra, si no marchamos desde el principio por este camino que conduce a la pureza, no podemos desear ni esperar la purificación del alma. Y no me digas que Dios puede, incluso sin que practiquemos los mandamientos, darnos por gracia la purificación del alma
[Los que no experimentan los efectos del bautismo están] inválidos por no cumplir los mandamientos
[Los mandamientos] son la gracia de Dios
El Señor, que ha hecho nuestros corazones y lo conoce todo, cuando ha bajado en carne a la tierra haciéndonos renacer y salvándonos, a nosotros, que habíamos caído, nos ha exigido lo que Él había puesto en nuestras almas desde el principio, en el momento de la creación. En efecto, creó al hombre desde el principio de modo que fuera adecuado a la enseñanza que Él debía traer luego a la tierra; por eso ahora, cuando ha venido a la tierra, ha dado unos mandamientos tales que se corresponden con nuestra naturaleza creada por Él desde el principio
El término y el fruto es volver a la gracia perfecta del Espíritu, que nos ha sido dada por el bautismo y que está en nosotros... Pero la gracia está tapada por las pasiones y se desvela por obra de los mandamientos divinos. Mediante el cumplimiento de todos estos mandamientos cuanto nos es posible, nos corresponde esforzarnos por todos los medios para sacar a la luz en nosotros la manifestación del Espíritu y verla con mucha claridad
Pues en Él hay corporalmente toda la plenitud de la divinidad
El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor
Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina
Si no ponemos en práctica los mandamientos de Dios, la gracia que se nos ha dado no se manifiesta
Dios nos ha dado unos preceptos que nos purifican... de las malas disposiciones de nuestro hombre interior
[La caridad] resume en un principio universal lo que tienen de parcial los mandamientos que Dios se complace en reunir en ella según un tipo único, y que su Providencia distribuye a partir de ella de múltiples maneras
[El advenimiento de Cristo] no tenía más que un objetivo: purificar el alma, sacar de ella el mal de la primera transgresión, devolverla a su estado original. Él nos ha dado los mandamientos... para curarnos de nuestras pasiones. Es evidente que los mandamientos están aquí para combatir las pasiones y curar el alma que ha transgredido
[Los bautizados] adquieren la santidad mediante la práctica de los mandamientos
La educación que purifica el alma [tiene como] principio el temor de Dios (cf. Prov 1, 7), que hace nacer la oración continua a Dios con la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos. Una vez establecida la reconciliación por medio de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, el temor se vuelve amor, y el dolor de la oración, transformado en gozo, hace que aparezca la flor de la iluminación
Ya que habéis recibido al Señor Jesucristo, caminad en [Él,] enraizados y fundamentados en Él, y fortalecidos por la fe, según las instrucciones que se os han dado
Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos
Nosotros, que hemos tenido el honor de recibir el baño del nuevo nacimiento, practiquemos el bien, no para dar algo a cambio, sino para conservar puro el don que se nos ha hecho
El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
El alma recibe la salud por la observancia de la ley. Aquel que mediante el cumplimiento de los mandamientos y por las obras más duras de la verdadera vida ha vencido a las pasiones, que sepa que recibe la salud del alma por la observancia de la ley
[Dios se revela a quienes guardan sus mandamientos] según la capacidad de cada uno
[El temor] hace nacer la oración continua a Dios en la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos
[El hombre nuevo es el] que se renueva según la imagen de Aquel que lo ha creado
El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él
Se prescribe a los que han recibido el poder de practicar los mandamientos, como creyentes, que luchen para no volver atrás para no regresar jamás [al pecado]
Hubo amigos de Dios que, tras el santo bautismo, no solo renunciaron a los actos de pasión, sino que quisieron vencer a las pasiones mismas y volverse impasibles..., con la intención de purificarse de ‘toda mancha de la carne y del espíritu’, como dice el apóstol (2 Cor 7, 1), y sabiendo que el alma se purifica mediante la observancia de los mandamientos, y que el espíritu, purificado también por decirlo así, recupera la vista y regresa a su estado natural
[El conocimiento] no sirve para nada [si] no se dirige hacia la energía de los mandamientos
El Señor nos ha dado los mandamientos como remedios para purificarnos de las pasiones y las faltas
Hallamos diversas razones para la debilidad del cuerpo: o bien los remedios no actúan porque están demasiado viejos, o bien el médico es inexperto y da un remedio en lugar de otro, o el enfermo es desobediente y no observa sus prescripciones. Pero en el caso del alma no ocurre así. En efecto, no podemos decir que el médico no tenga experiencia y que no haya dado los remedios convenientes, puesto que el médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y que da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir los mandamientos... Este médico no es, pues, inexperto. Por otra parte, tampoco podemos decir que los remedios sean ineficaces porque estén viejos. Los mandamientos de Cristo no envejecen nunca, sino que incluso se renuevan en la medida en que sirven. Por tanto, no hay más obstáculo para la salud del alma que su propio desorden
El verdadero conocimiento, la unión y la asimilación a Dios no suceden sino por la observancia de los mandamientos
Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí
Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos
El santo bautismo es perfecto respecto a nosotros, pero nosotros no lo somos respecto a él. Por tanto, tú, hombre bautizado en Cristo, limítate a poner en práctica el poder que has recibido y prepárate para la manifestación íntima de aquel que vive en ti
Lo que los remedios son al cuerpo enfermo, los mandamientos lo son al alma apasionada
[El Señor bendice] a quienes, por la práctica anterior de los mandamientos, han merecido ver y han contemplado en ellos mismos la luz iluminadora y resplandeciente del Espíritu
Siguiendo la promesa de Dios, el cumplimiento de los mandamientos es lo único que procura la venida, la inhabitación y la aparición de Dios
La caridad no hace ningún mal al prójimo; la caridad es, por tanto, el cumplimiento de la Ley
En esto sabemos que le conocemos: si guardamos sus mandamientos. Quien dice: ‘Yo lo conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él
En la medida en que, con la fe, practicamos los mandamientos, la acción del Espíritu en nosotros produce sus frutos particulares
La obra escondida de los mandamientos cura la potencia del alma
Por los mandamientos se nos abre la puerta del conocimiento
Tengamos fe en Aquel que ha comulgado con nuestra naturaleza y la ha gratificado con la gloria de su naturaleza, y busquemos cómo adquirirla y cómo verla. ¿Cómo? Por la observancia de los divinos mandamientos
El Señor se mantiene oculto en sus propios mandamientos y lo encontramos en la medida en que lo buscamos
Los mandamientos espirituales, los mandamientos, que el alma guarda por la consideración del temor de Dios, la renuevan, la santifican y la curan secretamente todos sus miembros. Está claro que cada uno de los mandamientos cura suavemente en el alma toda pasión. El que es curado y el que cura sienten esta energía como la sintió la mujer que perdía su sangre
[Quien] ha sido elevado a la cima de la contemplación por la práctica de los mandamientos, ese ve a Dios en persona
Pensamos que los mandamientos de Dios otorgan el conocimiento; no solo el conocimiento, también la deificación
No digas: ‘He practicado los mandamientos y no he encontrado al Señor’
Para enderezar el alma ha dado Cristo la ley de los mandamientos
[A Dios] no podemos llegar a contemplarlo si no es por la observancia exacta de sus mandamientos, es decir, si su práctica no está mancillada con ninguna clase de alteración debida a la negligencia y el desprecio, sino que se observa y se pone en práctica con un cuidado ferviente. Por consiguiente, ‘todos aquellos que se atengan a esta regla no se hallarán nunca lejos del reino de los cielos’ (Mc 12, 34); en proporción a su fervor y a su práctica..., tarde o temprano, más o menos, recibirán el salario de la visión de Dios y se harán partícipes de la naturaleza divina; tendrán la categoría de dioses por adopción e hijos de Dios en Jesucristo
Cuando tengas en tu alma el estado divino, poseerás realmente a Dios en el interior de ti mismo; y el verdadero estado divino es el amor a Dios, y no sobreviene más que por la práctica de los divinos mandamientos, puesto que él es su principio, su contenido central, y ocupa el primer lugar en ellos; pues el amor es Dios (cf. 1 Jn 4, 8.16) y solo en el amor ha prometido Dios venir, permanecer y manifestarse
Cristo exige menos la realización de los mandamientos que el enderezamiento del alma
Allí donde se guardan con exactitud los mandamientos, allí también tendrá lugar la manifestación del Salvador
Sabemos que el cumplimiento de los mandamientos de Dios proporciona conocimiento, y un conocimiento verdadero, pues solo por él adquiere el alma la salud
Los mandamientos de Dios se cumplen en las aflicciones y los tormentos
No le corresponde a ninguno de los no iniciados escrutar los misterios escondidos del Reino de los cielos sin la práctica previa de los mandamientos ni el progreso en la virtud hasta la perfección
Por la observancia de los mandamientos se le da al espíritu la gracia de la contemplación mística y de la revelación del conocimiento del Espíritu
A aquellos que dan prueba de amor hacia Él con la observancia de los mandamientos... [Cristo] se manifiesta, como él mismo dijo; por su manifestación les da el Espíritu Santo en persona y, a continuación, por el Espíritu Santo, Él mismo y el Padre moran inseparablemente con ellos
Si deseas contemplar los misterios, pon en práctica en ti mismo los mandamientos
La verdadera contemplación de la Santa Trinidad se le da, pues, al corazón por la revelación de Cristo. Él es quien lo ha enseñado y mostrado a los hombres, primero cuando ha renovado en su propia hipóstasis la naturaleza humana, luego cuando nos ha trazado en Él mismo un camino para que, por medio de sus mandamientos vivificadores, podamos llegar a la verdad